Psicología

El precio de ser miembro del jurado en un proceso judicial

LA RAZÓN habla con una participante en un juicio en EE UU que muestra la cara más dura y menos conocida de este servicio a la sociedad

Chloe Beck
Chloe BeckCedida

Ser ciudadano estadounidense implica un deber ineludible, acudir a la llamada del tribunal de justicia cuando te convoca como jurado. ¨No presentarse puede resultar en sanciones civiles o penales¨, reza la web del estado de Nueva York, ¨además, a quien no se presente se le asignará una nueva fecha para su futuro servicio¨. Así que cuando Chloe Beck recibió la citación para el juicio del caso Krim en el que una niñera asesinó a dos niños en la bañera de una casa de Manhattan, no dudó en ponerse al servicio de la ciudad. Lo que no esperaba es que las consecuencias fueran tan duras, ¨me diagnosticaron trastorno de estrés postraumático en el 2019 tras sufrir ansiedad severa y ataques de pánico después de servir de jurado¨, explica Beck a La Razón.

Durante el juicio tuvo que enfrentarse a las crueles imágenes de la investigación y los escalofriantes testimonios de los testigos, asegura que todavía ve ¨esas imágenes, el pequeño cepillo de dientes naranja colgado en la pared y cubierto de sangre¨. ¨Los ataques de pánico se manifestaban con taquicardias y dificultad para respirar, eran como un infarto, lo que me impedía realizar cualquier actividad hasta que se me pasara¨. Ha tratado de hacer frente a estos traumas con medicación, sesiones de yoga y terapia e incluso entró a formar parte como voluntaria de una organización sin ánimo de lucro que se creó en honor a los dos niños asesinados, pero nada parece haber funcionado. Los episodios de pánico han disminuido ¨gracias a los ansiolíticos, pero ahora ocurren cada vez que tengo que cortar muchos alimentos en la cocina. Incluso limpiar cuchillos me abruma¨, confiesa Beck a este medio, ¨además, cuando preparo la bañera o la limpio, a veces lloro porque me vienen a la mente las fotos que vi y a veces tengo que sentarme en el suelo y recomponerme¨. Las secuelas son de tal magnitud que la joven confiesa sentirse ¨dividida al querer tener hijos, porque sé que haría todo lo posible por protegerlos, pero al final, la persona en la que más confías puede arrebatártelos¨.

Ahora, el objetivo de esta antigua miembro de un jurado es que su experiencia ayude a poner sobre la mesa un problema que sufren muchas personas. Según los estudios, alrededor del 50% de los jurados que participaron en casos complicados presentaron después síntomas relacionados con lo que habían visto en forma de insomnio o ansiedad. Es lo que los expertos califican de ¨estrés traumático secundario¨, pero a pesar de que existen bases científicas y datos que demuestran estos efectos, nadie apoya a los miembros del jurado que, además, están obligados bajo juramento a no compartir con nadie detalles sobre el caso que se está juzgando.

¨Mi esperanza es que los jurados tengan acceso a servicios de salud mental o incluso a un animal de apoyo para que los visite durante los descansos. Solo recibimos agradecimiento por nuestro servicio y nos vamos con tanta información que procesar, tantas imágenes que intentar borrar que luego incorporamos a nuestras vidas cotidianas¨, se lamenta Beck, ¨no todo el mundo tiene los medios para abonar un terapeuta¨.

Los elegidos para un jurado pueden ausentarse de sus puestos de trabajo sin represalias y reciben una modesta cantidad de dinero para hacer frente al transporte y otros gastos que pueda ocasionarles su servicio a la comunidad. En Nueva York, por ejemplo, los seleccionados cobran hasta un máximo de $72 (poco más de 61 euros) por día. En lo que hasta ahora casi no se ha invertido ninguna ayuda económica o moral es en el acompañamiento posterior para enfrentar posibles traumas, aunque es cierto que muchos magistrados cada vez muestran más empatía. En

el famoso juico celebrado en 2015 contra Dzhokhar Tsarnaev por el atentado de la Maratón de Boston, el juez alargó 90 días el servicio del jurado para que tuvieran tiempo de sanar lo que habían visto y escuchado en la sala judicial y les ofreció apoyo psicológico. En Wisconsin la presidenta de la Corte Suprema, Jill J. Karofsky, después de ver como el grupo de ciudadanos seleccionados para el jurado necesitaba papeleras cerca de ellos por las náuseas que les provocaban las imágenes que estaban viendo, empezó a buscar soluciones. Un día llegó acompañada de un perro de terapia que apoyaba al jurado durante los descansos, otros días organizó sesiones gratuitas con una amiga terapeuta.

Además, en algunos estados y ciudades la situación empieza a cambiar. En Filadelfia, el pasado abril se implementó un programa que ofrece apoyo psicológico posterior al juico para su equipo de `jurors´ (en español, jurados). ¨La naturaleza de un juicio, incluyendo pruebas sensibles, testimonios emotivos y la imposibilidad del hablar del caso con otras personas, puede contribuir a una sensación de angustia¨, aseguró en su día el Comisionado del Jurado en esa ciudad, Patrick Martin, que había estado trabajando en el nuevo programa de apoyo a los miembros del jurado. En marzo, Dakota del Norte también comenzó a ofrecer por ley un servicio similar, igual que en Alaska, Massachussets y ciertos condados de California y Texas.