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¿Sabría usted identificar a un asesino en serie?

La cadena Crimen+Investigación analiza las 25 mentes criminales más temibles de la historia reciente en una serie documental que estrena el próximo sábado

En la imagen, Israel Keyes, uno de los asesinos más meticulosos a los que se enfrentó el FBI, que planeó varios asesinatos y los ocultó durante años
En la imagen, Israel Keyes, uno de los asesinos más meticulosos a los que se enfrentó el FBI, que planeó varios asesinatos y los ocultó durante añoslarazon

Edmund Kemper mató a diez mujeres y fue declarado culpable por asesinar a ocho. Cumple cadena perpetua. Jeffrey Dahmer, «El caníbal de Milwaukee» quitó la vida a 17 adultos y menores varones. Practicaba la necrofilia y el canibalismo. En 1978, bajo el suelo de la casa de John Wayne, «el payaso asesino», encontraron 29 cadáveres. Estos tres sujetos forman parte de las 25 mentes criminales que se analizan en «Asesinos en serie», que se estrena este sábado en el canal «Crimen + Investigación», un especial de 57 horas de duración que se emitirá durante noviembre. Entre todos dejaron un reguero de 300 víctimas.

A través de testimonios de expertos del FBI, vídeos familiares y las entrevistas que los asesinos ofrecieron en los medios de comunicación se trazan las líneas maestras de conducta de estas personas y la fascinación que ejercen en la cultura popular tras ser aparecer en películas y series como «Mindhunter». Pero los elementos de reflexión más importantes los aportan la psicóloga y experta en asistencia psicológica en emergencias y situaciones críticas, Ana Villarrubia, y Vicente Garrido, psicólogo de investigación criminal que realizó el perfil del asesino de Castellón, Joaquín Ferrándiz.

Un placer culpable

«Estos individuos son unos ‘‘placeres culpables’’ porque a los seres humanos nos fascina el mal y personas que hacen estas tropelías. Es un morbo que tiene una buena razón: primero, porque nos recuerda que tenemos larvado un lado oscuro. Y, lo más importante, el género del ‘‘true crime’’, que se centra mucho en ellos, nos ayuda a ver los puntos débiles de nuestras sociedades. Por ejemplo, ¿por qué muchos de ellos atacan a prostitutas? La causa es que son un colectivo muy vulnerable que no le importa a nadie, lo mismo ha pasado con las mujeres y los menores desprotegidos», explica Garrido. Villarrubia discrepa de ese «lado oscuro» que nos puede venir de serie y afirma que «sin ningún ánimo de justificarles, los asesinos también se hacen: muchos de ellos han sido víctimas de maltratos en su infancia y suele pasar que en los primeros años de su vida ha fallado la socialización. Sin embargo, esto le ocurre a muchas personas y no matan. Así, se puede llegar a la conclusión de que el cerebro de un psicópata funciona de una forma distinta. Hay una falta de conexión entre la amígdala y la corteza prefrontal, por lo que tienen poco desarrollada el área del cerebro que controla los impulsos y emociones. Desconocemos las causas, pero tienen una mente iracunda, carente de empatía y de arrepentimiento».

La psicóloga rechaza que sean todos inteligentes, «no lo es el que hace lo que le da la gana. Suelen ser inseguros, torpes en las relaciones con los otros y en las actividades cotidianas, con un complejo de inferioridad y narcisistas».

Algunos, ya en la cárcel, no dudan en conceder entrevistas. Si antes buscaban ser invisibles... ¿ahora persiguen la notoriedad? No es tan sencillo. Según Garrido «la vida en la cárcel es muy monótona y tienen el deseo de hablar e incluso de comprenderse a sí mismos. Además de que pueden ver cómo mejora su vida en prisión». Villarrubia añade: «En ocasiones lo hacen movidos por su narcisismo. Lo que buscan es seguir controlando la información sobre lo que hicieron, mantener su relato».

Más varones que mujeres

Según las estadísticas, solo un 16 por ciento de los asesinos en serie son mujeres. Villarrubia interpreta que «las féminas tienen otro ‘‘modus operandi’’. Son más pasionales. Matan por celos y por la avaricia. Además, son menos agresivas e invasivas con la víctima. Y no hay que olvidar que el proceso educativo es distinto, se las enseña a no enseñarse y ser menos sangrientas».