La fruta siempre con piel, incluidas la del kiwi, el plátano y la piña

Cuando se pelan pierden parte de nutrientes, pero también los pescitidas que acumulan.

Cuando se pelan pierden parte de nutrientes, pero también los pescitidas que acumulan.

Coja usted una manzana. Quítele el polvo y sáquele brillo. Ahora, colóquela en la encimera. Saque su móvil y capture ese rayo de luz que se refleja sobre ella. No tarde mucho en subirla a Instagram. Y no se olvide de usar el hashtag #food. Con un poquito de suerte, la suya ganará algún que otro «like» entre las 314 millones que ya aparecen publicadas con esa etiqueta. Todas perfectas, relucientes. Sin ninguna tara. Precisamente ahí, en su piel, es donde está la clave. Para unos, la naranja hay que pelarla. Para otros, el melocotón solo hay que lavarlo. Y, para el resto, el caqui se come con cuchara. Desde pequeños, las mamás han enseñado a sus hijos tantas opciones como frutas existen. Pero, ¿cuál de todas es la más sana? «Con piel», subraya la dietista del Centro Aleris Paula Avenelleda. Y es que los centros de investigación alimentaria han traído nuevas creaciones que han revolucionado el mundo, como el plátano mongee, que puede comerse con la piel. Sin embargo, ingerir la cáscara no es algo nuevo, ni tampoco un avance científico. Se pueden comer con la propia fruta o reaprovecharla para otros usos culinarios. Y sí, incluidas las de la piña, la papaya, el kiwi o el mango.

«Son más beneficiosas por el aporte extra de fibra, que ayuda a prevenir el estreñimiento, la diverticulitis o las hemorroides. Gracias a ello, se logrará aumentar la saciedad tras su ingesta», añade Avellaneda. Para ella, también son importantes todos los «extras» que conlleva: desde vitaminas hasta minerales, pasando por antioxidantes. «Pelarlas supondría quitárselos de un tirón». En algunos casos, comerlas con piel es algo natural: como en el de la manzana o la pera. En otros, algo más conflictivo: como en el de la nectarina o el melocotón. Es cierto que no todas las pieles se consumen por igual en España, pero también que se les puede dar otra utilidad. Pasa con el limón o la naranja, cuyas cortezas podrían usarse para infusiones; o con las del plátano o la mandarina para edulcorar ensaladas.

Hay que tener en cuenta que la fruta aporta dos tipos de fibra: la solubre y la insolubre. «La primera aumenta el bolo fecal; la segunda no se digiere», explica la nutricionista clínico Laura Pire. «Si no acertamos con la dosis adecuada, produce gases y puede impedir la absorción completa de los nutrientes». La señal inequívoca es la hinchazón abdominal, horas después de haberla consumido. «Esto no significa que nos siente mal la fruta, solo que hemos ingerido más piel de la que podemos digerir sin problemas». Eso sí, siempre con su correcto lavado. «Es importante aclararlas con agua para eliminar gérmenes y herbicidas», mantiene la dietista Laura Jorge. Por lo demás, «todas son igual de saludables y no hay ninguna ''prohibida'' como nos han contado en muchas dietas milagro».

¿Es malo comerla por la noche?

Pesadez, insomnio, problemas gástricos... ¿Le suena? ¿Es de los que no sabe si es bueno comer fruta por la noche? Paula Avellaneda responde que sí. «No existen razones por las que se deba evitar su consumo a partir de determinada hora, ni de que sea perjudicial comerla de postre. Se trata de mitos extendidos sin ningún tipo de evidencia científica que los respalde. Cualquier momento del día es bueno para comer fruta local y de temporada». Según su experiencia, la fruta como postre puede ser una buena opción, ya que ayudará a llegar sin hambre a la siguiente ingesta del día. «Y, posiblemente, evitará que terminemos comiendo algún que otro dulce». O atracando la nevera.

¿Es igual de sano un zumo natural que una fruta entera?

Muchas veces se intenta justificar que beber un zumo de naranja, para cuya elaboración se han necesitado tres piezas, es más saludable que comerse una pieza entera. Sin embargo, algunos especialistas llevan tiempo insistiendo en que no es equivalente. Así lo explica Paula Avellaneda, dietista-nutricionista del Centro de Nutrición Aleris, quien afirma que «no es lo mismo. En el zumo estamos eliminando una parte importante de la fibra de la fruta, a la vez que se pierden algunas vitaminas y minerales. Y aún tomando un licuado de ésta con su pulpa, al no tener que masticar la pieza de fruta entera, nos saciará mucho menos. Incluso, al exprimirla para hacer un zumo estamos liberando los azúcares que están presentes en la misma».