«Síndrome del vestuario»: Cada vez más hombres se operan para alargarse el pene

Unos 300.000 españoles necesitan prótesis de pene, ya que los fármacos no les son efectivos o están contraindicados.

Un alargamiento de pene puede solicitarse por causas médicas o estéticas. Se mire por donde se mire, las peticiones aumentan. En lo que se refiere al primer caso, el Instituto de Medicina Sexual (IMS) apuntó ayer que se han incrementado las demandas para un tratamiento «doble»: aquellas personas que sufren disfunción eréctil solicitan a su vez intervención para el alargamiento, pues la disminución en las erecciones supone una menor oxigenación del tejido y un encogimiento. Sin embargo, en lo que se refiere al segundo caso, está haciendo acto de presencia lo que se conoce como «síndrome del vestuario»: la sensación que tienen muchos hombres, al ver a otros varones desnudos, de que el tamaño de su órgano es más pequeño de lo que realmente es. «El tamaño es un tema que preocupa a muchos hombres, incluso de cierta edad, y que se ha incrementado debido a la proliferación de imágenes de penes sobredimensionados en internet y a las películas pornográficas. Distorsionan lo que se considera normal», afirmaba el doctor Mariano Rosselló, director del IMS.

Lo «normal»

Surgen dos preguntas. La primera: ¿qué entraría dentro de los estándares de la «normalidad»? Habitualmente, los expertos señalan que, por debajo de 8 centímetros de largo o de 2 centímetros de grosor, sí que debe realizarse una operación de alargamiento –bien a través de un aparato de tracción mecánico, bien con una operación quirúrgica seccionando el ligamento suspensorio– o engrosamiento –aumentando el diámetro a través de injertos de grasa–. La segunda: ¿todo el mundo que lo solicita realmente lo necesita? Decididamente no. «De cada diez hombres que lo piden, en ocho casos no es necesario», afirma el doctor Antonio Licitra, director del Centro Médico Med-Estetic. Una estimación que casi coincide con la del IMS: nueve de cada diez hombres que solicitan esta intervención no la necesitan.

El «síndrome del vestuario» está al alza. «Ha aumentado el número de hombres angustiados por el tamaño de su pene», señala el sexólogo Esteban Cañamares. Como señalaba el IMS, internet no ha sido ajeno a este fenómeno. Pero el sexólogo señala que buena parte de la culpa la tiene el aluvión de publicidad sobre aparatos y remedios que prometen un aumento del tamaño del miembro viril, cuando en realidad «se trata de vendedores de feria».

«La preocupación ha ido subiendo ha medida que ha crecido esta publicidad. Han logrado convencer al hombre de que lo ''suyo'' no es normal», asegura Cañamares. Y es que «en la mayoría de casos no merece la pena. La cirugía sólo sería necesaria en casos extremos. Por ejemplo, si el pene en erección es comparable con uno infantil. Pero son casos extraordinarios». De hecho, esta obsesión puede acabar siendo contraproducente para el hombre. «Si está acomplejado, seguro que acabará sufriendo problemas de erección», dice.

Y las mujeres, ¿sufren también este «síndrome» por el tamaño de sus pechos? «En la mujer es algo más antiguo. Siempre ha existido esa competencia y comparación entre ellas». Como apunta Licitra, son cada vez más los jóvenes de entre 25 y 30 años que acuden a consulta solicitando un tratamiento alegando que «su pareja no disfruta totalmente». Sin embargo, «son cuestiones de inseguridad masculina: quieren resolver con un tratamiento estético algo que debería resolverse por tratamiento psicológico», afirma el doctor. Un comportamiento que, cada vez más, afecta mas a personas de mediana edad, víctimas también del «síndrome del vestuario».

¿El cliente siempre manda?

En estos casos, ¿el cliente siempre tiene razón o son los médicos los que deben «bajarle» a la tierra? «El cirujano debe rechazar al paciente que tiene expectativas irreales y que busca algo imposible. Se trata de un paciente destinado al fracaso: nunca estará satisfecho. Por eso, hay que hablar crudamente con él», asegura Miguel Chamosa, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre) y que ofrece información al respecto en doctorchamosa.com. Y es que Chamosa es sincero con lo que los tratamientos pueden ofrecer: es preferible hablar de milímetros antes que de centímetros. Así, en una operación de alargamiento, obtener dos centímetros de más sería prácticamente una quimera. Y en una de engrosamiento, «hablar de 10 milímetros ya supondría todo un éxito».

Los gimnasios y las inevitables comparaciones han motivado que no falten solicitudes en este sentido. Sin embargo, Chamosa considera que no se debe sobredimensionar su impacto. «Tenemos más consultas por los párpados caídos o por liposucciones en el abdómen que por alargamiento de pene», dice.