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Ser payaso en tiempos del “Joker”

Los “clown” asesinos y psicópatas estigmatizan la profesión. Algunos temen el alejamiento de los niños y otros apuntan a que ahora, como en su origen, ya no están concebidos para ellos

  • Alex Coelho (izda.) y José Piris (dcha.) dirigen la escuela de teatro gestual Noveau Colombier
    Alex Coelho (izda.) y José Piris (dcha.) dirigen la escuela de teatro gestual Noveau Colombier

Tiempo de lectura 5 min.

13 de octubre de 2019. 01:11h

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Elena Genillo 13/10/2019

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Si a cualquier niño de primaria, incluso de secundaria, le preguntan cuál es el primer payaso que se le viene a la cabeza, seguramente haga referencia a Pennywise y no precisamente porque se hayan leído «It», la novela de Stephen King de la que es protagonista, sino por el éxito de taquilla de la nueva película en la que aparece y las polémicas que le han sucedido por la escena de la orgía que el director no quiso incluir en el filme e, incluso, por los carteles promocionales. En ellos aparece en primer plano el rostro de Pennywise, interpretado en esta ocasión por Bill Skargard, con expresión maquiavélica y gotas de sangre en la boca. Pesadillas ha provocado a más de uno, pero en un pueblo de Australia se elevó a cuestión de Estado porque llegaron a pedir su retirada de las marquesinas.

Más allá de las anécdotas, el actual «boom» de payasos asesinos en cartelera, desde Pennywise al Jocker, puede tener más consecuencias que unos simples terrores nocturnos: la deformación de la profesión. Lo ha advertido recientemente un colectivo de payasos de la ciudad rusa de San Petersburgo y, aunque pueda parecer exagerado, lo cierto es que existe el riesgo de que los niños terminen asociando el payaso a lo terrorífico. En la televisión ya no exísten Gabi, Fofó ni Miliki; los circos se encuentran en decadencia; y los «clown» tradicionales han quedados relegados a las fiestas de cumpleaños. «Pero es que la mayoría de los que se dedican a ello suelen ser animadores socioculturales», apunta José Piris, director de la compañía Mimox. Vinculado desde hace más de 35 años al mundo circense, alega que «existe el riesgo a que desaparezca el binomio ‘‘niño-clown’’ si éste permanece asociado en el imaginario colectivo a las pelucas, el maquillaje exagerado, los pantalones bombachos y la nariz roja».

«En Europa apenas se ve esta modalidad, el payaso se ha simplificado», advierte por su parte Alex Coelho, director de la compañía los Estupendos Estúpidos. Junto a Piris ha fundado la Escuela Internacional de Teatro Gestual Noveau Colombier, donde forman a los alumnos bajo el influjo de Marcel Marceau, el mimo francés más famoso del mundo. Ambos sostienen que la figura del payaso es «mucho más compleja de la percepción europea que tenemos de él» y recuerdan que en sus inicios «no estaba concebido para divertir a los niños, el acercamiento se produjoya en la segunda mitad del siglo XX».

El origen de la carcajada

Quizá la clave de la supervivencia de la profesión esté en volver a sus orígenes. Alex Coelho, de hecho, ha dejado de hacer espectáculos para el público infantil porque «ahora los que necesitan divertirse y reírse de sí mismos son los adultos». Él actúa al estilo de Jacques Lecoc: sin apenas maquillaje y con la única máscara de una nariz roja. Representa un personaje frágil, patético y tonto, pero muy cotidiano, con el que los espectadores al final se acaban identificando. Es, en definitiva, un Augusto contemporáneo, el evolucionado de los Hermanos Fratellini. El estigma de los payasos asesinos para Coelho es, pues, un problema que solo afecta en países como Rusia, donde el circo tradicional y la imagen positiva del payaso todavía sigue estando muy arraigados. Aquí, dice, están conquistando nuevos públicos y escenarios donde los menores tienen cada vez menos cabida.

Su contrapunto en sus espectáculos es el de la cara blanca de José Piris. Según él, la clave para que los niños sigan identificando al payaso con la risa y no con Pennywise o el Jocker es enseñarles a reconocerlos en todas sus facetas: «Sería bueno que dejasen de relacionarnos con esos personajes extraños, de maquillaje y vestuario rimbombante, porque los arquetipos tradicionales de la Comedia del Arte también se pueden ver ahora en los dibujos animados». La serie «Bob Esponja», comenta Piris, «lo ejemplifica muy bien»: «Calamardo es el clown, serio, blanquecino y amargado que toca el clarinete; Bob Esponja, el Augusto, crédulo e inocente, al que todo le sale mal y, por supuesto, el contra-Augusto es Patricio Estrella, cuya imbecilidad es utilizada como un arma de destrucción masiva».

De loco borracho a payaso

Pero a ninguno de los dos compañeros les preocupa demasiado que los críos acaben asociando los «clown» con seres terroríficos como Pennywise. «Al fin y al cabo, los payasos mala fama hemos tenido siempre», ironizan. De hecho, cuenta la leyenda que el origen del Augusto es el de un borracho, de ahí la nariz roja. Se dice que un acróbata americano llamado Tom Belling estaba actuando en un circo en Alemania en 1869. Encerrado en su camerino como castigo por no salir a tiempo a escena, entretenía a sus amigos con ropas inapropiadas para imitar al mánager del show. Un dia Belling, en una huida desesperada para zafarse de su jefe, acabó en la arena de la pista, donde tropezó con la repisa que separa la pista del publico, cayendo al suelo. Entre su desconcierto y prisa por escapar volvió a tropezar al querer salir de escena. El publico, entusiasmado, gritó «¡Auguste!» –que en alemán significa loco– y tal fue el éxito que su jefe le pidió que continuará representando este papel.

En los «Simpson», Belling aparece de cierta forma representado en el personaje de Krusty, un clown borracho, mujeriego y pendenciero, que pese a todo seguía siendo querido por los niños.

El artista Marcelino vuelve a escena

Un documental que todavía no tiene fecha de estreno ha recuperado la figura del payaso Marcelino, un español que triunfó a nivel internacional. Fue un cómico admirado por Charles Chaplin y Buster Keaton, quien afirmó que era el mejor del mundo.

Ser payaso en tiempos del “Joker”

Jocker y Pennywise arrasan

La última adaptación cinematográfica del «Jocker» es la dirigida por Tod Phillips y protagonizada por Joaquin Phoenix. En el relato independiente producido por la editorial DC Cómics se cuenta la historia de Arthur Fleck, un hombre ignorado por la sociedad cuya pasión es hacer reír a la gente. Sin embargo, una serie de trágicos sucesos harán que su visión del mundo se distorsione convirtiéndolo en un brillante criminal.

Ser payaso en tiempos del “Joker”

El famoso payaso asesino de Stephen King de su novela «It» ha vuelto a las pantallas y cosecha un tremendo éxito aunque también polémicas. En esta entrega el malvado payaso Pennywise regresa 27 años después de los hechos ocurridos en la primera película al misterioso pueblo de Derri para atormentar a los ya adultos miembros del Club de los Perdedores, que ahora están más alejados unos de otros.

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