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Similares, aunque con más azúcares

  • Foto: Cristina Bejarano
    Foto: Cristina Bejarano

Tiempo de lectura 2 min.

23 de abril de 2019. 18:51h

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Andrea Calderón / Nutricionista de Sedca.  23/4/2019

A la hora de escoger frutas, verduras y hortalizas, solemos fijarnos en su aspecto. Que su apariencia sea peor no necesariamente significa que su calidad nutricional haya mermado. Dentro de las frutas hay dos tipos: las climatéricas y las no climatéricas. Las primeras son aquellas que pueden seguir madurando una vez recolectadas (pasan de un tono verde a un tono más amarillo o rojizo): plátanos, manzanas, peras... Si nos pasamos de tiempo, pueden adquirir un color menos llamativo, como, por ejemplo, la cáscara del plátano ennegrecida. Su calidad nutricional en este caso no ha disminuido, aunque es cierto que tendrá una mayor proporción de azúcares naturalmente presentes, traducidos en un sabor más dulce. Parecido sucede con las cerezas, albaricoques, melocotones... que mantienen sus nutrientes, pero aumentan su contenido en azúcares. En general, son similares nutricionalmente, pero más dulces y jugosas. Además, posiblemente serán más baratas. Otra característica estética que hace que no escojamos esa fruta o esa verdura, es que esté golpeada o magullada, o que tenga alguna especie de «costra» en la superficie, o no brille como otras. En este caso, debemos saber que no tiene que haber reducido sus propiedades nutricionales en absoluto. Pero es cierto que piezas golpeadas o dañadas son más susceptibles de oxidación por su mayor contacto con el exterior, por lo que deben consumirse antes, pero no rechazarlas. Si las verduras o frutas frescas se encuentran con un tono amarronado (por ejemplo, se ve muy claro en la hoja verde de canónigos, lechuga...) probablemente se deba a la exposición a la luz, a encontrarse a temperatura ambiente y en contacto con el aire, que hace que se oxiden ligeramente. En esta situación, se pueden perder componentes sensibles a la radiación ultravioleta o al oxígeno como: la vitamina B1, B2, B3 o la vitamina C y antioxidantes, aunque no serán drásticos. En cambio, los macronutrientes (proteínas, grasas e hidratos de carbono) se mantienen. En resumen, lo importante es consumir fruta y verdura diariamente. Y las que sean más feas no deben desecharse, de hecho, si las consumimos contribuimos a evitar grandes desperdicios alimentarios y mayor impacto ambiental del planeta.

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