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Sologamia: he encontrado el amor de mi vida, soy yo

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Pedro del Corral. 

Tiempo de lectura 4 min.

13 de febrero de 2018. 18:37h

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Pedro del Corral.  13/2/2018

Clara lleva más de 5 años felizmente casada consigo misma. Por aquel entonces tenía 48 años, tres hijos adolescentes y dos matrimonios fracasados. Su vida había pegado un giro de 180 grados cuando cerró su negocio y su segundo marido le abandonó. Entonces, se vio sola para sacar adelante a su familia, encontrar trabajo y ser feliz. Aunque esto último fue sin duda lo más complicado. Así que, de una noche para otra, reunió a sus amigos más cercanos, alquiló un pazo, encargó un banquete y, mientras sonaba 'No puedo vivir sin ti' de Los Ronaldos, se dio el sí quiero a sí misma.

Aquella madrugada de abril, después de haber preparado la cena, limpiado los platos y repasado los deberes de sus chicos, Clara dio con May a través de Internet. Ella, junto a otras nueve mujeres del País Vasco (novia a la fuga incluida), se había proclamado amor eterno en una de las salas de Bilborock, el 17 de diciembre de 2011. Todas vestidas para la ocasión, todas con la intención de convertirse en las protagonistas de sus vidas. “Me emocioné al ver todas aquellas fotos en internet. Se querían de verdad. Ellas son su verdadera prioridad”. Así que tomó cartas en el asunto. May y Clara aún no se conocen, pero tienen un vínculo que las une aun más fuerte: la importancia que se profesan a ellas mismas.

Son soloistas, es decir, personas que han tomado la decisión de casarse consigo mismas. “Es importante dejar claro que lo hacemos porque nos queremos, porque sabemos lo que nos hace reír, porque decidimos nuestro futuro y porque no me imagino el futuro lejos de mí”, explica May sobre un fenómeno que nació en 1993, cuando la americana Linda Barker hizo lo propio en una ceremonia con 75 invitados. “Se trata de hacer cosas por una misma y no esperar a que otra persona lo haga por ti”, dijo Barker entonces. Diez años después, la sologamia se puso de moda en todo el mundo cuando, en un episodio de “Sexo en Nueva York”, Carrie Bradshaw tomó esta decisión, cansada de asistir a los enlaces de sus amigas.

“No somos medias naranjas, sino naranjas completas”, dice May, que el día de su matrimonio unilateral, paseó por las calles de Bilbao contando lo que habían hecho. Las reacciones fueron muy variadas: “Algunos lo entendieron perfectamente, otros nos decían que estábamos locas y que era un acto de egoísmo extremo, incluso los que decían que lo hacíamos porque nadie nos quería”. Fruto de esa reafirmación, fundó “Sí me quiero”, una agencia de “wedding planner” que se encarga de organizar este tipo de acontecimientos. A la suya, le siguieron las celebraciones en Sopela, Teruel, Cádiz y Ondarroa. Aunque, eso sí, ninguna de ellas tiene efecto jurídico. “No estamos locas. Es cierto que no son uniones legales, pero hacerlo es una forma de reivindicarnos y eso es algo que puede extenderse a todo”.

Actualmente, esta tendencia ha vuelto a saltar a la primera plana gracias a la estadounidense Yasmin Eleby, la británica Sophie Tanner y la italiana Laura Mesi, que el pasado octubre agitó las redes sociales con su tarta de cinco pisos, sus 70 invitados y su luna de miel a Egipto. “Estar encantado de haberse conocido está bien y procurar tener una autoestima alta es bueno para la estabilidad emocional”, explica Vicente Prieto, director de clínica del Centro de Psicología Álava Reyes. “Hay que entender que quererse mucho a uno mismo y establecer una buena relación de pareja no es incompatible, siempre y cuando exista un intercambio afectivo y una buena comunicación”. Es el caso de Enrique: se casó consigo mismo en 2016 y, hoy, comparte su vida con Ana. “Estamos juntos, pero yo soy una parte importante de mi vida”.

En los últimos años, la tendencia se ha extendido tanto que ya existen empresas internacionales en Japón, Taiwán, Estados Unidos o Italia, que explotan este nuevo negocio del amor. En Canadá, por ejemplo, Marry Yourself Vancouver reúne a una comunidad cada vez más grande; y, en Japón, hay agencias de viajes que ofrecen paquetes con todo tipo de accesorios por casi 3.000 euros. “No es un tema de género, sino de modas”, concluye Prieto. “Sabemos que el bienestar emocional no depende lo que te aporte otra persona. Cada uno de nosotros es el principal responsable de su propia felicidad”.

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