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Un paso más cerca de regenerar daños en la espina dorsal

Científicos de la Universidad de California han implantado una reproducción en 3D de parte de la espina dorsal con células madre en las zonas dañadas de los roedores y han logrado que mejoren su función motora

  • Un implante de dos milímetros impreso en 3D
    Un implante de dos milímetros impreso en 3D
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

14 de enero de 2019. 15:35h

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Olaya González.  Madrid. 14/1/2019

La cura de las lesiones medulares puede estar un poco más cerca. Científicos de la Escuela de Medicina de San Diego, dependiente de la Universidad de California, han concluido con éxito un estudio clínico en roedores con el que han conseguido probar la eficacia de una técnica revolucionaria. ¿Su herramienta? Una impresora 3D, un avance tecnológico que está llamado a formar parte de la historia de la Medicina. Valiéndose de una, han logrado crear una espina dorsal artificial, la han “cargado” de células madre y después la han implantado con éxito en ratones. El gran triunfo radica en que el implante ha logrado estimular el crecimiento de terminaciones nerviosas en zonas dañadas, restaurando las conexiones y las funcionalidades perdidas. Los autores del estudio, que publica hoy la revista “Nature Medicine”, aseguran que la técnica está lista para ponerse a prueba en humanos.

Los responsables han observado que ha vuelto a crecer tejido alrededor de la espina dorsal artificial que implantaron en las ratas que participaron en el ensayo. Y no solo eso, sino que han llevado a cabo otro logro muy importante: la supervivencia de las células madre que se introdujeron en dicha estructura. Estas células madre neurales o axones lograron “salir” del implante y se instalaron en la espina dorsal de estos animales. Estos axones son extensiones de las células nerviosas que logran que éstas conecten con otras células. “Esto es fundamental para intentar restaurar la función física”, apunta a “Nature Medicine” uno de los co autores del texto, Mark Tuszynski, profesor de Neurociencia y director del Translational Neuroscience Institute de la Escuela de Medicina de San Diego.

El implante contiene docenas de diminutos canales de unos 200 micrómetros de ancho (más o menos el doble de un cabello humano) que se encargan de guiar a las células madre neurales a lo largo de toda la superficie de la espina dorsal que se encuentra dañada. Los implantes pensados para los roedores son de unos dos milímetros, y pueden ser impresos en apenas 1,6 segundos. Esto supone un acorte bestial en los tiempos ya que, hasta ahora, el proceso de construcción de estructuras mucho menos complejas que estas espinas dorsales artificiales se extendía durante varias horas. Los científicos calculan que las réplicas en humanos serán de unos cuatro centímetros (aunque el tamaño exacto dependerá de la lesión), y podrán ser impresas en unos diez minutos.

Unos meses después de haberse producido la operación, el tejido que se había producido en torno a l implante había recubierto por completo los alrededores de la zona lesionada y se había conectado a través de varias terminaciones con la espina dorsal. Esto produjo que los roedores recuperasen de forma significativa la función motora en las patas traseras. Además, el sistema circulatorio de las ratas logró penetrar dentro del implante para formar uniones funcionales con los vasos sanguíneos, lo que contribuyó a la supervivencia de estas células madre.

“Este es otro paso clave hacia los ensayos clínicos que ayudarán a reparar los daños en la espina dorsal en humanos. El implante proporciona una estructura física y estable que proporciona consistencia al injerto y ayuda a la supervivencia de las células madre neurales. Se asemeja a un escudo que las protege de ambiente tóxico e inflamatorio de las heridas en la espina dorsal y ayuda a guiar a los axones”, añade Kobi Koffler, co autor del estudio y asistente en el laboratorio de Tuszynski.

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