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"Una de mis hijas nació enferma. ¿Por qué el consulado de Kiev no nos ayuda a volver a España?"

El Defensor del Pueblo va a pedir que se emita un visado especial a las mellizas de Rocío, nacidas por gestación subrogada en Ucrania, con el fin de que la pequeña, que está enferma, pueda recibir el tratamiento sanitario que necesita en nuestro país.

  • Rocío con sus mellizas, Mónica y Daniela. Foto cedida por la familia
    Rocío con sus mellizas, Mónica y Daniela. Foto cedida por la familia

Tiempo de lectura 8 min.

09 de abril de 2019. 00:21h

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Belén Tobalina.  9/4/2019

Las hijas mellizas de Rocío, Mónica y Daniela, «nacieron cinco horas y media después de que entrara en vigor la instrucción» del Gobierno que impide que los niños nacidos por gestación subrogada reciban la filiación, la nacionalidad de los progenitores. Ése es el único motivo por el que están atrapadas en Kiev a la espera de que el Gobierno ucraniano tramite sus pasaportes, un proceso que puede durar tres meses. Como ellas, hay 30 familias en Ucrania y en Georgia en su misma situación. Pero en su caso se añade que una de las mellizas, Mónica, está enferma.

Rocío y su marido, de 47 y 46 años, son padres de una niña de ocho años. Aunque siempre habían querido tener más hijos, tras nacer Alejandra tuvieron que operar a la madre y quitarle el útero. La adopción no era una vía en su caso, ya que Rocío tuvo cáncer, «lo que nos hace que nos dejen al final de la lista». Tiempo después entre 2015 y 2017 Rocío perdió a su padre, a su hermana y a su madre y el mero pensamiento de que su hija pudiese quedarse sola le daba y le da pavor. Fue entonces cuando empezaron a pensar en la gestación subrogada. «Firmamos el contrato a finales de abril de 2018 y en julio la gestante se quedó en estado».

El pasado 22 de febrero, Rocío viajó a Kiev. El día anterior les habían avisado desde la agencia que una de las mellizas venía con bajo peso y que tenían que adelantar el parto. Tenían 35 semanas. «Me enteré de que íbamos a ser padres y de que una de nuestras hijas venía enferma a la vez que entraba en vigor la instrucción del Gobierno en la que niega la filiación de mis hijas».

Cuando aterrizó, las niñas ya habían nacido. Y, aunque la preocupación inicial era por Daniela, que pesaba 2,1 kg, fue Mónica, con 2,5 kg, la que vino enferma. Tras permanecer el observación varios días, le dieron el alta. El 6 de marzo fue la pediatra de la agencia a casa. Tras auscultar a Mónica, «me dijo que tenía como un ruido y que la llevásemos al hospital a que le hicieran una ecografía». Una vez en el hospital privado, gracias a la traductora Rocío se entera de que las aurículas de su bebé no tienen pared, sino un agujero de 6 mm y que era necesario realizarle controles periódicos porque tiene estenosis de la arteria pulmonar –la arteria es más estrecha a la salida del corazón–, lo que le desencadena una hipertensión pulmonar y que oxigena peor. Nos dicen que ''regresemos al mes, pero que si la vemos cianótica, volvamos''». Fue entonces cuando pidieron al cónsul que aplicara el artículo 39 del Código Civil que dice que «todos los bebés concebidos se les tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables». En este caso, que son españolas.

El 15 de marzo, tras pedir al consulado los papeles, «nos dicen que queda suspendido el proceso por no tener una sentencia judicial. Se le vuelve a alegar el artículo 29 y no nos contestan. Nos trasladan a la Dirección General de los Registros y del Notarías (DGRN) pero en hacer el papeleo pueden tardarnos hasta tres meses». Durante una de las revisiones, la pediatra de la agencia detecta que a Mónica la he crecido la cabeza un centímetro en una semana por lo que nos llevan a un centro privado donde, tras hacerle una ecografia, nos dicen que tiene hidrocefalia. Al no tener síntomas de daño neurológico, nos dicen que si deja de fijar la mirada, le dan temblores o no come que vayamos al hospital porque habría que operarla. Fue entonces cuando Roció volvió a escribir al DGRN y al consulado. «No solo no me contestan a lo del expediente, sino que cuando les pregunto qué hago si mi niña empeora no me contestan, no entiendo esta falta de humanidad».

Y ese día llega. El viernes 29 habían quedado a comer con la gestante cuando la pequeña se puso bizca. Llamo a una ginecóloga en España y me dice que la lleve a Urgencias. La gestante me dijo que para ir al Hospital público tenía que llamar a la ambulancia y una vez en ella llamo al servicio de 24 horas del Consulado, les digo que voy a urgencias y me responden que me llaman en diez minutos. En el hospital vi cómo los médicos la rodeaban, la hicieron ecografías, analíticas... Y yo sin entender nada. Cuando me doy cuenta ha pasado ya una hora y el consulado no me ha llamado. Vuelvo a llamar y les pregunto que qué hago si tienen que operarla y me dicen que aquí operan igual que en otros países y si no que me saque un seguro privado. Les vuelvo a insistir en la situación, en que mi hija está apátrida y es entonces cuando desde el Consulado me dicen ''vosotros os lo habéis buscado”». Rocío no tiene una grabación de esa afirmación, pero su marido nos remite los correos en los que el trato no es el más correcto hacia unos padres que están en esa situación.

En paralelo, la traductora le dice a Rocío que los médicos están discutiendo si tratarla o no porque no es ucraniana ni española, finalmente la tratan. No era el mejor de los lugares, había cucarachas en la habitación, pero lo importante es que los sanitarios se desvivieron. «Me dijeron que tenía bronquitis, anemia, hidrocefalia y problema del corazón». El mismo día que ingresó, el 29 de marzo, mi abogada le comunica la situación al Ministerio de Asuntos Exteriores. Al día siguiente reciben un email del consulado en el que les dicen que «si lo desea, contactaremos con las autoridades ucranianas para consultar el estado de tramitación del pasaporte de Mónica y pediremos agilizar su expedición, en la medida de lo posible», como figura en el correo facilitado a este periódico. «¿Por qué no nos hacen un permiso especial? Solo nos dicen que pedirán al Gobierno ucraniano acelerar el trámite del pasaporte de Mónica cuando está en su mano hacernos un permiso especial», se pregunta Rocío.

En paralelo, esta familia y otra que está en una situación parecida se ponen en contacto con Marcos Jornet, presidente de la asociación Son Nuestros Hijos. «Él ha hablado con el consul de nuestro caso y de otro bebé», nos dice Rocío. Hablamos con la otra familia que nos pide no hacer referencia a sus identidad: «Mi hijo estuvo ingresado 14 días en dos hospitales diferentes al nacer. En el primero me decían que era por bilirrubina muy alta y que lo trasladaban a otro especial y que tenía una enfermedad hemolítica, enfermedad ictérica y lesión hipóxico-metabolica del sistema nervioso central. Luego nos dieron el alta y la están haciendo analíticas cada siete días para el control de hemoglobina y eritrocitos. El consulado, como en el caso de Rocío, tiene todos los informes médicos (en este caso hay errores en las fechas) y aún así suspendió la inscripción sin más explicación deseando su mejora. No nos han ayudado en nada».

«Esa instrucción es ilegal. Desde Son Nuestros Hijos defendemos que se vuelva a inscribir a los niños. Estamos priorizando el caso de estas dos familias que están en una situación médica complicada, hemos hecho de intermediarios para ponerles en contacto con médicos españoles», explica Jornet a este periódico.

Pasan los días y Rocío tras llevar a su hija a un médico que les recomienda el Consulado acude con ella a otro centro especializado en cardiopatías y cirugías pediátricas. Las noticias son positivas. «Mónica está mejorando. Se le está cerrando el agujero de las aurículas. Ahora es de 4 mm. La hidrocefalia está controlado, ha mejorado su problema cardiovascular, así como los niveles de saturación de oxígeno en sangre. Está estable», dice sonriente, aunque «tengo miedo a que vuelva a recaer». También lo está el hijo de la otra familia, aunque falta que le hagan una prueba médica y les den los resultados.

«Hasta que no estén estables es mejor que estén en el hospital, pero Mónica ya está estable. En ese estado aunque no sea una situación de extrema gravedad no deberían estar ahí. Ambas niños (la de Rocío y el bebé de la otra familia) deberían estar siendo tratados por médicos españoles. El cónsul debería responsabilizarse de esta situación de la que está teniendo conocimiento puntual y transparente. Es una vergüenza cómo está tratando el consulado a los menores y a estos padres españoles», destaca Jornet.

Horas después de entrevistar a Rocío, nos manda un documento del Defensor del Pueblo: va a intermediar para pedir un visado especial para las mellizas.

«Sugiero impartir las instrucciones para que se emita un visado a las menores»

«Nos acaba de escribir el Defensor del Pueblo. Van a sugerir que nos den un visado... ¡por fin alguien nos apoya!», nos escribe notoriamente emocionada Rocío Jorge. Nos manda por WhatsApp el documento. Con fecha de hoy, la misiva enviada a esta madre por el Defensor del Pueblo en funciones, Francisco Fernández Marugán, afirma que «en atención al contenido de los mismos, se ha considerado procedente formular la siguiente sugerencia: impartir las instrucciones que procedan para que se emita un visado a las menores con el fin de que puedan acceder a territorio español y recibir el tratamiento sanitario que necesita una de ellas». En el mismo, le responde que han recibido sus escritos que han quedado incorporados al expediente y que tan pronto se reiba la respuesta del organismo en cuestión, se le dará traslado de contenido. Rocío y su marido pueden respirar más tranquilos, aunque hasta que no estén en Madrid, y su hija Mónica sea atendida por médicos españoles, seguirán sin poder dormir tranquilos.

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