Una niña al borde de la muerte porque «El Ñoño» no saludó

«El Ñoño» recibió un balazo en una pierna y decidió colaborar con la Policía.
«El Ñoño» recibió un balazo en una pierna y decidió colaborar con la Policía.

La lucha por la hegemonía y el prestigio entre dos clanesde Almería dedicados al tráfico de drogas y armas desde 2007 casi mata a una menor de nueve años.

Hace una semana que un tiro perdido dobló por la mitad a una niña de 9 años. A María Isabel una bala que llevaba el nombre de otro le perforó el abdomen estando en su casa. Gritos, sangre y llantos histéricos hasta que, a la carrera, su padre la metió en un coche y la llevó al hospital de Almería. Tras horas de intervención en el quirófano ya hoy no se teme por su vida y pronto volverá a su casa de la barriada de El Puche. Si tuviera más edad, al regresar notaría en el ambiente la calma chicha que precede a la venganza porque, aunque en El Puche pocos conocen los dramas de honor, desde nuestro Siglo de Oro sí se sabe de la expresión «quien a sangre (casi) mata, a sangre muere».

La grave herida de María Isabel ha hecho que los ojos de la opinión pública se posen sobre una barriada degradada donde las armas y la droga se esconden de los ojos curiosos, pero existen, y donde todos saben, pero callan. Ni los fisgones ni sus preguntas son bien recibidos. Si hay cámaras, sonrisa amable y silencio. A pesar de ello, el chorro de luz informativo ilumina estos días a dos clanes: los «Sherrif», que se apellidan Ortiz, y «Los Antones», Heredia. ¿Quiénes son?, ¿por qué están enfrentados?, ¿qué provocó que acabaran a tiros el lunes 22 a plena luz del día?

El primer incidente serio data de finales de julio de 2007. Según las diligencias policiales a las que ha tenido acceso LA RAZÓN la mecha prendió en un bar de Aguadulce (Almería). Cuatro miembros de Los «Sherrif» estaban tomando unas cervezas bien frías cuando en el mismo local entró Paco David. Saludó en voz alta. Todos respondieron menos uno. «El que se conoce por “El Noño” no le devolvió el saludo porque estaba enfadado con él», dice la investigación policial. Paco David se lo tomó como un deshonor que merecía castigo. Su honra había sido vilipendiada y tamaña afrenta debía ser vengada. «Paco David le contó lo ocurrido al clan de los “Antones” y solicitó su intermediación», sigue el relato policial. Los «Antones» llamaron entonces a los «Sheriff». El mensaje era claro. Había que celebrar un encuentro para limar asperezas, algo muy al estilo de la película «El Padrino». Se eligió territorio neutral, la casa de un tal Bernardo que no pertenece a ninguno de los dos clanes.

El 1 de agosto de 2007, a las dos de la tarde, debía comenzar la reunión. Cuando «Los Sherrif» llegaron, «los Antones» ya esperaban dentro. «El Ñoño» entró en la casa y nada más ver a Paco David le insultó: «¡Maricón». «¡Aquí, el único maricón que hay eres tú!», le respondió gritando Paco David. La infamia debió considerarse muy grave, porque, según las diligencias policiales, «en ese momento uno de «Los Antones» sacó un arma de fuego y disparó contra uno de los «Sheriff». El resto de los «Antones» empuñaron sus armas y las balas comenzaron a silbar a diestro y siniestro. Uno de los miembros del clan de los «Sheriff» recibió dos tiros, uno de ellos en la cabeza, y murió abatido, «tras lo cual todos salieron huyendo de la casa». Dos más del clan de los «Sheriff» resultaron heridos y tuvieron que pasar por quirófano.

«De las declaraciones de los “Sherrif”, se desprende que la reunión fue una encerrona preparada por Paco David», apuntan los investigadores. Sin embargo los expertos en delincuencia apuntan a que, lo que realmente subyace en este odio visceral, «es la lucha por la hegemonía y el prestigio de los clanes en Almería, donde se dedican al tráfico de drogas y de armas tal y como se desprende de los abundantes antecedentes de unos y otros».

«El Ñoño» recibió un balazo en una pierna y decidió colaborar con la Policía. Describió lo que había ocurrido e identificó a los pistoleros. El próximo otoño se celebrará el juicio por el asesinato de un miembro de los «Sheriff». En el banquillo, los «Antones». Dicen las malas lenguas que se alegrarían si «El Ñoño», el principal testigo de la acusación, no llega vivo a la vista. En ese contexto pueden entenderse los disparos del pasado lunes, aunque el tiroteo no es ninguna sorpresa, porque los «Antones» ya había publicado en redes sociales videos con amenazas encubiertas contra «El Ñoño».

La investigación de la Policía ha puesto entre rejas a dos de los supuestos intervinientes. El primero en caer fue Francisco, uno de «Los Antones», al que se le imputan lesiones y tenencia ilícita de armas. Al ser detenido se le intervino el coche deportivo en el que acudieron al barrio del «El Puche» armados, una pistola, dos cargadores y mucha munición. El vehículo tenía agujeros en la chapa. «Pero si ellos dispararon mucho más», se justifico el arrestado. Sin embargo, «Los Sheriff» aseguran que ellos no dispararon y que si hay agujeros es porque los «Antones» los hicieron adrede para implicarlos.

También ha sido detenido uno de los Ortiz. La operación sigue abierta y caerán más, de uno y otro clan. La Policía sólo tiene que encontrarlos.