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Una píldora que autoinyecta insulina al diabético

Esta nanoterapia incluye una aguja que se orienta sola para ser efectiva y regular los niveles de azúcar en sangre

  • Un equipo de investigadores del MIT, del Hospital Brigham and Women´s y de Novo Nordisk ha desarrollado una píldora efectiva para suministrar insulina al paciente
    Un equipo de investigadores del MIT, del Hospital Brigham and Women´s y de Novo Nordisk ha desarrollado una píldora efectiva para suministrar insulina al paciente

Tiempo de lectura 4 min.

08 de febrero de 2019. 02:22h

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Belén Tobalina.  8/2/2019

Pese a los múltiples intentos de crear medicamentos orales de insulina para que los diabéticos puedan controlar los niveles de azúcar en sangre sin inyectársela, esta vía se ha considerado menos efectiva... hasta ahora. Un equipo de investigadores del MIT, del Hospital Brigham and Women´s y de Novo Nordisk ha desarrollado una píldora efectiva para suministrar insulina al paciente, según publicó ayer la revista «Science». El dispositivo, que es del tamaño de un guisante, administra una microinyección desde el interior del estómago. Hasta conseguirlo, los científicos tuvieron que superar varias barreras, entre ellas «navegar» por capas de moco espesas, tener en cuenta la temperatura, así como la orientación para que la «microaguja» se inyecte en el revestimiento del estómago. Su dispositivo ingerible –SOMA– está inspirado en la tortuga leopardo, una especie que puede voltearse cuando está de espalda debido a que tiene un caparazón con una cúpula alta y empinada que se lo permite.

El SOMA aloja una aguja hecha de insulina y su inyección se controla mediante un resorte que se mantiene en su lugar mediante un disco de azúcar, que permite que la humedad presente en el estómago sirva como desencadenante de la microinyección. Su tamaño y la composición del material son similares a otras píldoras ingeribles aprobadas por la FDA.

Hace varios años, estos investigadores desarrollaron ya una píldora que podría usarse para inyectar medicamentos en el revestimiento del estómago o del intestino delgado. Para la nueva cápsula mejorada, cambiaron el diseño para tener una sola aguja, lo que les permite evitar inyectar medicamentos en el interior del estómago, donde los ácidos los descompondrían antes de tener ningún efecto.

Casi el 100% de la punta de la aguja está hecha de insulina comprimida. Además, el eje de la aguja, que no entra en la pared del estómago, está hecho de otro material biodegradable. Dentro de la cápsula, cuando se traga la cápsula, el agua presente en el estómago disuelve el disco de azúcar, liberando así el resorte e inyectando la aguja en la pared del estómago. Dado que ésta no tiene receptores de dolor, los investigadores creen que los pacientes no podrían sentir la inyección.

Para asegurarse de la debida ubicación, los científicos diseñaron un sistema que permite, sin importar cómo caiga la cápsula en el estómago, que pueda orientarse. «La aguja está en contacto con el tejido cuando se inyecta. Eso es lo importante», afirman los investigadores en el estudio. «Además, si una persona se moviera o el estómago creciera, el dispositivo no se movería», añaden.

Una vez que la punta de la aguja se inyecta en la pared del estómago, la insulina se disuelve a una velocidad que los investigadores pueden controlar a medida que se prepara la cápsula. En este estudio, toda la insulina se liberó totalmente en una hora en el torrente sanguíneo.

En las pruebas realizadas en cerdos, los investigadores demostraron que podían administrar con éxito hasta 300 microgramos de insulina. Más recientemente, han podido aumentar la dosis a 5 miligramos, lo que es comparable a la cantidad que un paciente con diabetes tipo 2 necesitaría inyectarse. Después de que la cápsula libere su contenido, puede pasar inofensivamente a través del sistema digestivo, ya que no detectaron ningún efecto adverso.

El equipo del MIT continúa trabajando con Novo Nordisk para desarrollar aún más la tecnología y optimizar el proceso de fabricación de estas cápsulas que podrían ser útiles para cualquier fármaco proteico que normalmente deba inyectarse, como los inmunosupresores utilizados para tratar la artritis reumatoide o la enfermedad inflamatoria intestinal. Su motivación: hacer que sea más fácil para los pacientes tomar medicamentos, en particular los inyectables.

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