Religión

Luz verde a las bendiciones a parejas gais y de divorciados

Francisco autoriza que los curas realicen este gesto, siempre que no se confunda con el rito del sacramento del matrimonio

El Papa Francisco
El Papa FranciscoEuropa Press

Luz verde del Papa Francisco solo un día después de cumplir 87 años para que los sacerdotes puedan bendecir a «parejas en situaciones irregulares y de parejas del mismo sexo». Esto es, a uniones gais, divorciados vueltos a casar por lo civil, y dos solteros que viven bajo el mismo techo que no se han dado todavía el sí quiero en el altar. En el histórico giro vaticano no hay letra pequeña, pero sí cautelas: no debe fijarse ritual alguno que pueda confundir este gesto con el sacramento del matrimonio que continúa considerándose únicamente la unión entre un hombre y una mujer abierto a la procreación.

Bajo estas premisas, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe -que parece no hacer gala a lo que otrora fue la Santa Inquisición- publicó ayer la Declaración ‘Fiducia supplicans’ que viene a ser una guía práctica para aclarar cómo deben realizar estas bendiciones los curas. «No se pretende legitimar nada, sino sólo abrir la propia vida a Dios, pedir su ayuda para vivir mejor e invocar también al Espíritu Santo para que se vivan con mayor fidelidad los valores del Evangelio», se explicita en un texto firmado el prefecto para la Doctrina de la Fe, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández y su secretario, el arzobispo Armando Matteo. Ya el pasado mes de octubre, el ‘ministro’ para estas cuestiones dio a entender que no había ningún obstáculo para bendecir a parejas homosexuales como respuesta a las dudas formuladas por un grupo de cardenales. Ahora, con esta declaración -hacía más de dos décadas que no se publicaba un documento magisterial de este rango- lo oficializa para zanjar la cuestión.

Pero, ¿cómo debe bendecir un cura a estas parejas? Doctrina de la Fe recomienda una «oración breve» en la que el cura «podría pedir para ellos la paz, la salud, un espíritu de paciencia, diálogo y ayuda mutuos, pero también la luz y la fuerza de Dios para poder cumplir plenamente su voluntad». Una y otra vez en la declaración se aclara que «estas bendiciones no ritualizadas» no pueden convertirse en «un acto litúrgico o semi-litúrgico, semejante a un sacramento». «Esto constituiría un grave empobrecimiento», se remarca, en tanto que «sometería un gesto de gran valor en la piedad popular a un control excesivo, que privaría a los ministros de libertad y espontaneidad en el acompañamiento de la vida de las personas».

Para ello, se insta a que «esta bendición nunca se realizará al mismo tiempo que los ritos civiles de unión, ni tampoco en conexión con ellos». «Ni siquiera con las vestimentas, gestos o palabras propias de un matrimonio», se explicita. No se le escapa a Doctrina de la Fe ningún detalle, ni tan siquiera la referencia a los espacios dónde se puede realizar. Así, se permitiría en cualquier templo, pero también durante «la visita a un santuario, el encuentro con un sacerdote, la oración recitada en un grupo o durante una peregrinación».