Cultura

El hombre que quiso ser Dios

Juan Echanove interpreta al dictador Trujillo en la adaptación teatral de «La fiesta del Chivo» que dirige Carlos Saura

Considerada como una de las más violentas y terribles de toda Latinoamérica durante el pasado siglo, la dictadura de Rafael Trujillo en República Dominicana sirvió de marco argumental a Mario Vargas Llosa en su conocida novela «La fiesta del Chivo», publicada en el año 2000. Si el clima político y social del país caribeño en aquel sangriento periodo comprendido entre 1930 y 1961 podía ser ya, en manos de un escritor de tamaña envergadura, suficientemente interesante como telón de fondo para muchos lectores, la obra se enriquecía además, desde el punto de vista literario, con las posibilidades que ofrecía un personaje tan oscuro e implacable como fue aquel envanecido general que colocaba su nombre en lemas y letreros junto al de Dios y al que sus admiradores, contribuyendo a nutrir la Historia de absurdos y paradojas, llegaron incluso a proponer como candidato al Premio Nobel de la Paz.

Convertida en obra teatral por Natalio Grueso, esta novela que combina ficción y realidad, y que presenta varias tramas ambientadas en planos temporales distintos, llega el próximo viernes al Teatro Infanta Isabel, en Madrid, con Juan Echanove en el papel de Trujillo y Lucía Quintana dando vida a Urania Cabral, una exitosa abogada que tuvo que abandonar su país siendo una niña y que ahora regresa a él para ver, antes de que fallezca, a su padre, el senador Agustín «Cerebrito» Cabral, un antiguo colaborador del régimen que después cayó en desgracia. Carlos Saura, que también dirigió la temporada pasada la adaptación que hizo Grueso de «El coronel no tiene quien le escriba», se coloca al frente de una función en la que, según él mismo, «lo que prima es un texto muy elegante y unos actores maravillosos; tanto Lucía (Quintana) como Juan (Echanove), que son los que más peso tienen, hacen un trabajo increíble que ha entusiasmado al propio Vargas Llosa cuando ha visto la obra».

Una trágica relación

Efectivamente, ambos personajes, el real de Trujillo y el ficticio de Cabral, tienen un peso fundamental y muy repartido en la obra. Tanto que, a juicio de Echanove, el tema fundamental de «La fiesta del Chivo» no es tanto la inmoralidad en el ejercicio del poder como «la trágica relación de un padre y una hija; es la historia de una mujer maltratada y deshecha que vuelve a su país para mostrar lo que un padre, un dictador y todo un régimen hicieron de ella». «Si la obra fuese sobre la historia de Trujillo no sería tan interesante –asegura el actor–; interesa porque Vargas Llosa sitúa en el centro de toda la trama a la víctima. Todos los acontecimientos políticos y sociales los vemos a través de sus ojos, a través de una persona humillada por ese entramado social».

Gabriel Garbisu, que también ejerce de ayudante de dirección, interpreta al padre de esa víctima que es Urania Cabral, dentro de un elenco que se completa con Manuel Morón, Eduardo Velasco y David Pinilla. La evidente e inevitable reducción de personajes está en sintonía con una puesta en escena que Saura define como «muy sencilla». «Hemos utilizado muy pocos elementos: el sillón de Trujillo, un espejo, unas proyecciones... y poco más. Y también he recurrido a mis dibujitos», añade entre risas el director.

El militar psicópata

Mucho se ha especulado a lo largo del tiempo sobre cuál era el verdadero perfil psicológico de Trujillo. Para Juan Echanove no hay duda de que el general «es un psicópata que se sitúa, por encima de cualquier ciudadano medio, al lado de aquellos que han provocado grandes catástrofes para la humanidad». «Sentía que su país era su propiedad y exterminó a los haitianos porque entraban en esa propiedad –explica el actor–. No es un hombre que muestre ninguna compasión; muy al contrario, experimenta placer sabiendo que en obedecer o contradecir una orden va implícita la vida o la muerte».