Cultura

«La señora y la criada»: Puro enredo y disparate

Sergio ParraSergio Parra

Autor: Calderón de la Barca. Director: Miguel del Arco. Intérpretes: Víctor Sainz, Alejandro Pau, Aisa Pérez, José Luis Martínez, José Cobertera, Pau Quer... Teatro de la Comedia, Madrid. Hasta el 2 de febrero.

Sin abandonar a Calderón de la Barca, La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico ha dejado aparcadas las dudas metafísicas del autor en «La vida es sueño» –la función que han estado representado hasta hace muy poco– para aventurarse, a las órdenes de Miguel del Arco, por los derroteros de la comedia pura y dura en un título tan desconocido como es «La mujer y la criada», en el que puede rastrearse sin dificultad, no obstante, la genialidad poética y dramatúrgica del escritor madrileño. Conocedor de esas virtudes, Julio Escalada firma una versión en la que ha mantenido, por estar ya muy bien construido, el esquema fundamental del enredo, así como los pasajes líricos más bellos; y ha añadido, eso sí, algunos elementos y nociones mucho más contemporáneos en las subtramas –como es la homosexualidad de algún personaje, el salto de estamento de algún otro o el divorcio de una pareja– que no afectan, en definitiva, al sentido fundamental ni al desarrollo formal de esta historia de amor palatino ambientada en Italia. Lo importante, sobre todo, era encaminar bien el texto para que Del Arco pudiera exprimir al máximo su comicidad, como así ha hecho, permitiendo que sus actores jueguen y se prueben en un tipo de teatro en el que ha de primar el puro entretenimiento para el público y en el que toda travesura a la hora de concebir y resolver muchas de las escenas es casi siempre admitida y agradecida. La parodia a la que el director somete a todos los personajes sin excepción, la frescura de las interpretaciones, las disparatadas canciones de aroma transalpino –hay guiños a Rafaella Carrà y al Mambo italiano– y el acertado diseño del vestuario, que hace recordar, sin imitar, el cine de Mastroianni y Sofia Loren, contribuyen a que cualquier espectador pase un buen rato viendo una función bien armada y bien contada sin más pretensiones.

Lo mejor

El descaro y la aparente sencillez con que está planteada y contada la historia

Lo peor

El exceso de parodia sacrifica inevitablemente la belleza poética de algunas escenas