Inteligencia Artificial
Ni burbuja ni colapso: Goldman Sachs afirma que el boom de la IA no ha hecho más que empezar
Lejos de ser una burbuja, la inteligencia artificial se perfila como una revolución económica que podría inyectar billones en la economía estadounidense gracias a la mejora de la productividad que conllevará, según la prestigiosa firma financiera
La batalla por el dominio de la inteligencia artificial se libra ya sin cuartel en el escenario global. Mientras Google movió ficha hace escasos días con la presentación de su modelo Gemini 2.5 Computer Use, dotado de una asombrosa capacidad para imitar el comportamiento humano al navegar por internet, al otro lado del Pacífico el gigante chino Alibaba no se queda atrás.
Su respuesta ha sido el lanzamiento de un formidable modelo de un billón de parámetros, una apuesta directa para competir con los sistemas de OpenAI y el propio Gemini en lo que ya es una guerra sin cuartel por la supremacía tecnológica.
Se trata tan solo de dos ejemplos en un universo con muchos protagonistas que operan en una misma dirección: hacer de la inteligencia algo imprescindible en el futuro. Una perspectiva que hace que las previsiones de firmas como Goldman Sachs se alejen de los postulados que hablan de una burbuja asociada a la inteligencia artificial, tal como señalan expertos como Gary Marcus.
La prudencia del inversor ante una tecnología en plena evolución
Y es que el botín que está en juego justifica casi cada paso que se da en los cuarteles generales de las diferentes compañías. Un reciente análisis del banco de inversión Goldman Sachs dibuja un horizonte de cifras estratosféricas, anticipando que la IA generativa podría llegar a inyectar hasta 20 billones de dólares adicionales en la economía estadounidense.
Se trataría de un impulso económico extraordinario, que vendría además acompañado de un aumento en la productividad laboral del 15% a lo largo de la próxima década gracias a la optimización de procesos.
De hecho, lejos de ser una burbuja especulativa a punto de estallar, el informe de la firma estadounidense defiende que la efervescencia que rodea a esta tecnología se encuentra en una fase muy temprana. Según la información que recoge el medio Gizmochina, las valoraciones de las empresas del sector, aunque elevadas, se sustentan en un potencial de transformación real y tangible, lo que podría suponer el amanecer de una nueva era económica.
En este sentido, los datos que maneja Goldman Sachs refuerzan esta visión. Actualmente, la inversión en inteligencia artificial en Estados Unidos representa menos del 1% de su Producto Interior Bruto. Esta cifra es modesta si se compara con los picos de otras grandes revoluciones tecnológicas, que llegaron a suponer entre un 2% y un 5% del PIB del país, por lo que con proyecciones que apuntan a un capital de 300.000 millones de dólares para 2025, el margen de crecimiento es todavía inmenso.
No obstante, el análisis también introduce una importante nota de cautela para los más entusiastas, lanzando una advertencia clara: en esta carrera, los pioneros podrían no ser los grandes beneficiados a largo plazo. El principal riesgo reside en la rapidísima depreciación del hardware, una carrera tecnológica en la que los equipos punteros de hoy pueden ser la chatarra de mañana, lo que obliga a una constante y costosísima renovación de infraestructuras para no quedarse atrás.
Por todo ello, la pugna entre los colosos tecnológicos se recrudece por momentos. El enorme potencial económico justifica las inversiones multimillonarias y los movimientos estratégicos de gigantes como Google y Alibaba o los protagonizados en los últimos tiempos por OpenAI y NVIDIA, entre otros. Un escenario con grandes potencias situadas en él y en el que las recompensas bien parecen merecer los esfuerzos e inversiones actuales.