Tecnología

Es la tecnología, estúpido

Si Bill Clinton tuviera que volver a la arena política, seguramente sustituiría aquel «¡Es la economía, estúpido!» por el título de este artículo. Sin tecnología, hoy más que nunca, no hay desarrollo

La Real Academia Española define la tecnología como el «conjunto de teorías y de técnicas que permite el aprovechamiento práctico del conocimiento científico». Un concepto que históricamente ha corrido parejo e inseparable al desarrollo económico y social, sobre todo durante la Revolución Industrial de finales del siglo XVIII y principios del XX. Sin embargo, nunca como hasta ahora la tecnología ha ocupado un lugar tan central en nuestra vida, ni ha marcado de una manera tan drástica –veremos si para bien o para mal– nuestra proyección hacia el futuro. Los inmensos interrogantes que abren fenómenos como el uso masivo de la Inteligencia Artificial (IA) se dispararon en 2013. Un estudio de la Universidad de Oxford afirmó que en los próximos quince o veinte años, cerca del 47 por ciento de los empleos que ahora existen corre un serio riesgo de desaparecer. Y cundió el pánico. Es verdad que la sustitución del hombre por la máquina no es nada nuevo, pero el ritmo que ha cogido la robotización en los últimos cinco años es algo nunca visto y hace presagiar cambios sustanciales en nuestra civilización. Al menos, tal y como la hemos conocido, y vivido, hasta ahora.

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Nada que no sea susceptible de ser incrustado en una aplicación de móvil parece existir estos días. Lo que antes eran pequeñas empresas que trataban de salir adelante ahora son «startups». No compramos igual, ni nos entretenemos igual, ni nos enamoramos de la misma manera. La tecnología es lo último que tocamos antes de dormir y lo primero que vemos nada más levantarnos.

Es una realidad que nos ha pasado por encima a todos, tanto a nosotros los civiles como a nuestros Gobiernos, que apenas han empezado a legislar este disruptivo panorama. Mientras la UE con su maquinaria pesada hace tímidos intentos de poner orden, muchas de las grandes multinacionales tecnológicas sacan tajada. En cambio, para los emprendedores europeos medios la política comunitaria al respecto sigue siendo un misterio. Lo único claro a estas alturas es que esto no hay quien lo pare: el futuro será tecnológico o no será.