Silvia Leal: «Ya se trabaja en volcar la memoria en un chip»

Asegura que una de las ocupaciones del futuro será la de psicólogo de robots, que hay que «tunear» las profesiones y que el Big Data puede convertir a un talento en deportista de élite

Cuenta las cosas con una pasión contagiosa. Después de tres años y medio ha logrado impulsar «La Cuarta Revolución», una serie de siete capítulos en formato «docushow» que TVE 2 emite los sábados a las 11:25 sobre la Inteligencia Artificial, la innovación, las impresoras 3D... Una serie que aporta conocimientos para hacer frente al desempleo, donde anima a todos a «tunear» sus profesiones y adaptarlas al futuro. Dice que le gustaría que hubiera más mujeres en ello.

–¿Cuáles son los trabajos del futuro?

–Tenemos la manía de cambiar el nombre de las cosas. Pero habrá médicos que operarán con robots, cocineros que imprimirán en 3D y profesores que darán clase con Inteligencia Artificial (IA). Además, entramos en la era de las humanidades. Se necesitan ingenieros, pero también vocaciones en humanidades.

–¿La filosofía será la profesión del futuro?

–Se los rifan y tienen sueldazos. Se está generando mucho negocio alrededor de la robótica social y la inteligencia artificial, una tecnología que imita la manera de pensar de los humanos. Si sociólogos, psicólogos, filósofos, entienden la tecnología pueden tener carreras preciosas y muy bien pagadas, pero tienen que tunearse.

–¿Por qué hay tan pocas mujeres dedicadas a esto?

–Porque tienen pocos referentes. Me hubiera gustado encontrar más para el programa. Es raro ver series donde salgan científicas y siempre lo vinculamos a los frikis. Es un problema de estereotipos.

–¿Cuál es el límite de las impresoras 3D? Porque se puede replicar órganos, armas...

–Podemos imprimir réplicas de órganos humanos para practicar, órganos de verdad o una pistola, que es ilegal. Los órganos humanos se pueden imprimir, aunque no trasplantar.

–¿Ha conocido al padre del robot maligno?

–He conocido a Norman, el primer «robot» psicópata, es una Inteligencia Artificial, y su padre está en el MIT, pero es español. Si en un momento dado pones a un robot social con IA, aprende a ser malvado. Son robots sociales que estará en residencias. ¿Y si se vuelve malo? Dependerá del que lo enseñe, porque aprenden interactuando. La gente no entiende lo que son, y llegaron a enviarle hasta maleficios y pedían liberarlo.

–Todo esto, ¿puede ser un beneficio o también un perjuicio?

–Mi hija de 7 años me echó una bronca porque tengo unas tazas con mi cara y me dijo que cómo podía haberlo hecho sabiendo que todos los que beben café me pueden «hackear» por reconocimiento facial. Comprobó que no se podía. Estamos en un cambio generacional, y tienes dos opciones o te sumas, o el miedo. No hay nada peor que el desconocimiento para generar miedo.

–¿Qué imprimiría con una impresora 3D?

–Me iría otra vez a Carolina del Norte, con Anthony Atala. Le pregunté si llegaríamos a imprimir órganos humanos complejos para trasplantar –riñones, hígados, etc.– me dijo que los tenía en el laboratorio, lo que pasa que aún no es legal. Me iría a ayudarle a imprimir.

–¿Qué hay que estudiar para estar en ese futuro?

–Tendremos universidades de cosas que existen y otras que no lo creeríamos. Por ejemplo, psicólogo de robots.

«Normalmente me informo leyendo todo lo que se publica sobre esto. He estado por todo el mundo viendo lo que se está fabricando, médicos, con investigadores del Ejército americano, me han formado ellos en cuatro meses», asegura.

–Pero un robot no conseguirá tener la inteligencia emocional de las personas...

–Los robots detectan las emociones, pero no tendrán en mucho tiempo las suyas propias. Cuanto más humanos seamos, más difíciles de sustituir. Y la atención humana será un servicio de lujo por el que llegaremos a pagar.

–¿Habrá bibliotecas donde se vuelque la memoria de los que ya no están?

–En el segundo capítulo lo contamos. Ya trabajan –en el DARPA–en descargar los recuerdos de los soldados americanos en un chip para implantárselo cuando tengan un shock traumático. «Solo» han conseguido multiplicar la memoria, dales un poquito de tiempo para ver si pueden descargar los recuerdos. Creo que sí... Los cuentos de «Yo, robot», de Asimov, están sucediendo ahora.

–¿Todo el mundo podría ser deportista de elite?

– Le pregunté a Toni Nadal y él me dijo que no, porque hace falta también tener talento. Pero si ya lo posees con la tecnología eres capaz de afinar y resolver todo lo que hace que no seas el mejor. No todos podemos ser deportistas de élite, pero muchos que no llegaron a serlo podrían. Te puede ayudar a ser deportista de élite el Big Data.