Entramos en la darknet, la barra libre de drogas, matones, armas y diamantes

Samu quiere vengase de su compañero de trabajo y para ello acude a los bajos fondos de internet: aquí cuenta con todo un abanico de servicios ilegales que puede contratar para conseguir su objetivo. Lo que no sabe son los peligros que entraña

Samuel está harto de Jesús. Llegó a la empresa hace apenas siete meses con la ilusión de quien ha encontrado, por fin, un buen trabajo. De esos que te pagan bien, te deja tiempo para estar con su familia y te hace sentir realizado. Se podría decir que este joven de 34 años lo tiene todo para ser feliz, pero no. Todo empezó cuando su colega de mesa empezó a esconderle algunos informes. Al principio, se lo tomó más o menos bien. De hecho, le rió la gracia en más de una ocasión para evitar un conflicto innecesario. ¿Qué iba a ganar enfrentándose a él? Sin embargo, a ello le siguieron desplantes, críticas e insultos delante de los jefes. Y lo peor de todo es que nadie hacía nada. Lo achacaban a los típicos problemillas que surgen al trabajar codo con codo con alguien. De su mesa para fuera, formaban el equipo perfecto. De su mesa para dentro, todo era un infierno. Samu, incluso, pensó en dimitir y marcharse a la siguiente jugarreta. No aguantaba más, hasta que se le ocurrió una idea más propia de House of cards que de Compañeros: darle un susto.

Primero, pensó en hackearle su teléfono móvil. Después, decidió contratar a unos matones. Pero, claro, ni sabe de informática ni conoce la forma de contactar con ellos. Por lo que optó por echar un vistazo a la red y ver qué solución encontraba. Mucha gente le había hablado de la deep web como un lugar donde se puede conseguir todo sin que nadie se entere. ¿Por qué, entonces, no iba a poder hacerlo él también? Tenía dinero suficiente y, sobre todo, la convicción de llevarlo a cabo. ¿Qué podía salir mal? Este supuesto es uno de los muchos que parecen publicados en los miles de foros dedicados a los tejemanejes de la internet oscura. Como él, hay muchos que quieren drogas, armas, diamantes, dinero… pero pocos conocen realmente los peligros de adquirirlas. O sencillamente de intentarlo.

Samu no es único ni especial, a diario entran en este recoveco virtual miles de personas motivadas por esa falacia de conseguir lo que en la vida normal resulta imposible. Aquí comienza un reportaje sobre el único lugar del mundo donde, si tu camello te falla con una entrega, puedes abrirle una queja online para recuperar tu dinero.

Durante las siguientes líneas, acompañamos a este chico en su particular venganza. Aún desconoce si prefiere un envenenamiento con cianuro o un atropello fortuito al salir de la oficina. Lo que sí tiene por seguro es que las cosas no pueden quedarse como están. Así que procede a descargarse el navegador Tor para acceder a toda una amalgama de servicios ilegales. Según un estudio publicado en Nature, cuando hacemos una búsqueda en Google, solo vemos una de cada 3.000 páginas que existen. El resto está aquí. “Para empezar, por un lado está la deep web y por otra, la darknet”, asegura Dani Creus, analista de seguridad de Kaspersky. “La primera alberga el 90% de los contenidos que hay en toda la red. Hay que tener en cuenta que estos no aparecen publicados en los buscadores tradicionales, pero no por ello son ilícitos. Se me ocurren, por ejemplo, datos sanitarios, emails almacenados o cuentas corrientes. En cambio, la segunda ocupa tan sólo el 0,1% de la primera y está intencionalmente oculta, con direcciones IP enmascaradas y accesibles sólo con un navegador especial. En ella reina el anonimato”.

Una vez dentro, lo primero que Samu va a encontrar es un directorio de productos de lo más variopinto. Es lo que se conoce como la Hidden Wiki, una especie de Wikipedia que actúa como puerta de entrada a algunos de los mercados ilegales más conocidos. “Aquí vemos distintas categorías, de tal modo que el usuario tiene que pinchar sobre la que desee para conocer más a fondo sus características”, continúa Creus. De esta forma, aparecen servicios de banca, de hosting, de falsificaciones, de piratería, de apuesta ilegítimas, de robos… Nuestro protagonista tan sólo tiene que elegir el que más se acerque a su plan inicial. Pero, ¿qué garantías tiene? “Evidentemente, existen elementos que nos van a indicar si estamos ante un timo o no: desde vender armas nucleares hasta ofrecer la cura del COVID-19. En función de la naturaleza de la oferta que encuentres, ya puedes intuir si se trata de una estafa o no”. Lo que no quiere decir que no haya sitios serios. Para detectarlos, tan sólo hay que dejarse guiar por las opiniones de otros usuarios.

500 euros por un DNI falso

Mientras el joven navega, aparecen plataformas dedicadas a documentos de identidad falsos. Sobre todo, de Estados Unidos. Aunque también los hay de Francia. La oferta está clara: uno por 500 euros; dos, por 900. Así que, pensándolo, tal vez le puedan venir bien en caso de que le pillen y tenga que salir del país. El siguiente paso sería clicar sobre el botón Comprar, dirigirse al carrito y efectuar el pago con criptomonedas. Aquí, el anonimato vale más que el dinero. En caso de que quiera uno, ¿cómo le llegaría a casa? “Esa es la gran pregunta. Si lo adquieres, tendrás que poner tu dirección de casa y ahí estarás cometiendo un error garrafal: todo el esfuerzo que has puesto para que tu identidad no se revele, lo puedes perder con este simple hecho. Por eso, lo que se suele hacer es contratar un servicio de intermediarios que recibirán tu paquete y que, después, te reenviarán por su cuenta”.

En la siguiente pestaña, ya ofrecen diez billetes de 20 euros por 80. Lo que podría ayudar a Samu a empezar una nueva vida fuera de España. Así de sencillo. “Esto es un negocio. Sus dueños van a intentar que todo el proceso sea fluido y rápido. Esta todo súper automatizado: entras, navegas, te gusta algo y lo pagas”, señala el analista de Kaspersky. De hecho, el marketing juega un papel fundamental en este recóndito lugar. Para las armas, por ejemplo, basta con unas imágenes claras, unas cuantas referencias y un buen precio. Por esta vía, puedes obtener una Colt Mustang por 570 euros y una Glock, por 400. ¿Sería este joven capaz de pedir una y usarla contra Jesús? Si fuera así, podrían darse dos opciones: “La primera es que no te llega nada y, por tanto, pierdes el dinero. Y la segunda es que recibas la pistola, pero acompañada de dos policías. No obstante, el anuncio existe, por lo que habrá alguien a quien le haya funcionado. En cualquier caso, hay que ir con pies de plomo y no realizar nada que no harías en tu vida normal”.

Entonces, ¿se podría decir que es todo falso lo que aparece aquí? No. Tan sólo hay que ver las periódicas operaciones policiales contra la droga que distribuyen por la darknet. De nuevo, hay que acudir a los supermercados con mejores valoraciones. Así que entramos Eu Drugs. En él, encontramos LSD, ketamina, cocaína, MDMA o éxtasis a precio de calle, a los que también hay que sumar un abanico de medicamentos. “Todos funcionan más o menos igual, con las mismas variedades y con precios similares. Te aseguran de alguna manera que la transacción es fiable”, añade Creus. Esto no forma parte de la estrategia de Samu. Él sólo quiere amedrentar un poco a su compañero, aunque el miedo a que le puedan descubrir tras hacer la transacción online no para de rondarle la cabeza. No obstante, aún está a tiempo de echarse atrás. Las mera entrada a Tor no es un delito, pues simplemente está utilizando una vía de comunicación distinta para acceder a un recurso. Lo que sí podría serlo en la intención con la que lo hace.

La deep web, en cinco claves

  • La deep web acoge todos los datos que no están indexados por motores de búsqueda como Google o Yahoo. Aunque se trata de contenido muy difícil de rastrear y no se puede contabilizar de manera fiable, se estima que el 96% de internet se encuentra en ella. El 4% restante, lo que sí vemos, corresponde a la surface web.
  • Muchos sitios legales a los accedemos cada día no están indexados y pertenecen a ella. Ejemplos de ello son cuentas bancarias, revistas académicas o información sanitaria. Los motivos por los que estos contenidos no están indexados pueden ser muy variados: lo más normal es que sea por seguridad o por privacidad.
  • El navegador Tor no nació para proteger a los criminales. Se trata de un kit de acceso diseñado por el Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos que se creó para garantizar el anonimato de personas perseguidas por regímenes dictatoriales. Sin embargo, no se puede obviar que hay quienes lo aprovechan para realizar actividades ilegales.
  • Podemos encontrar páginas que ofrecen drogas y armas, así como servicios de hacking y ajustes de cuentas, lo que atrae desde individuos curiosos hasta potenciales clientes. Lo que la mayoría de la gente no sabe es que, detrás de ellas, hay compradores y vendedores que resultan ser agentes de policía encubiertos.
  • Gran parte de los vídeos sobre la internet profunda que se difunden a través de YouTube son falsos. Es decir, aquellos que involucran muertes o violaciones son creados por el FBI para captar a aquellas personas que puedan tener la tentación de recrear una situación parecida. ¿El objetivo? Adelantarse a ellos y evitar cualquier intentona.