Sin parar, sin sentir. ¿Tiempo para reflexionar?

Inmaculada Sánchez Ramos es Directora de Aprendizaje Digital y Gestión del Campus Virtual en la Comunidad de Madrid

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Tiempo de lectura 2 min.

29 de enero de 2019. 19:04h

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En la Sociedad Digital una característica básica es la ruptura del tiempo y del espacio. Ya suena, si nos descuidamos, a totalmente superado, lo de “en cualquier lugar, en cualquier momento y en cualquier dispositivo”. Pero... reflexionemos un poquito alrededor de ello. Hoy nos vamos a centrar en la dimensión del tiempo. Se ha modificado sustancialmente nuestro modo de percibirlo. De una parte, se ha instalado la ruptura, masivamente, de la necesidad de la concurrencia temporal y de otra parte precisamos la inmediatez, siendo “el AHORA” un signo de nuestra época.

Me explico, si quieres comunicarte hoy con alguien, de manera natural, le mandas un WhatsApp y, por así decirlo, tu responsabilidad ya ha acabado, ya le has hecho llegar tu mensaje a tu interlocutor. Antes precisabas contactar simultáneamente, ahora puede ser consecutivamente y confías, y compruebas, que tu interlocutor recibe el mensaje. En ese sentido, el tiempo se ha hecho más flexible. Sin embargo, aunque parezca contradictorio con lo anterior, esperamos que la respuesta sea cuasi-inmediata. Esta inmediatez se forja debido a muchos factores, entre otros, a que vivimos en un mundo muy automatizado. Paso una tarjeta y se abre la esclusa del metro, pago en un parking y la barrera se abre sola a la salida, pues de la lectura de la matrícula vio que habías pagado, pongo la mano debajo de los grifos y sale agua, entro en una habitación de un edificio público y la luz se enciende y podríamos poner muchos ejemplos más, en definitiva, se instala el pensamiento que a mis acciones la respuesta llega de manera inmediata, y ello nos está conduciendo a que el imaginario colectivo de vivir en la inmediatez.

Son muchas las consecuencias de la ansiedad por el consumo de lo inmediato y, entre ellas, se encuentra la frugalidad de la novedad. Lo novedoso pierde su frescura en tiempo récord, pierde vigencia de modo muy inmediato, casi de súbito. Sólo hace falta ver que una noticia a las diez de la mañana ya es caduca a las dos de la tarde y, a mi entender, esta frugalidad de la novedad nos está mermando, de manera muy considerable, la capacidad de reflexión ya que todo precisa de su tiempo, mucho o poco, pero el suyo, y no se lo estamos dando.

Reflexiónenlo... si es que les da tiempo.

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