La resaca de un final perfecto

«The End of the F***ing World», la segunda temporada en ningún momento llega a justificar la propia existencia de la serie

«Fue un final conveniente. Una historia de amor condenada. Una tragedia perfecta», explica uno de los personajes de la segunda temporada de «The End of the F***ing World» acerca de los sucesos narrados en la primera. Aquellos ocho episodios casi perfectos, recordemos, acompañaron a los improbables amantes James y Alyssa –él, un psicópata en potencia incapaz de sentir nada; ella, un manojo de nervios proclive a sentir demasiado– en una ola de crímenes fortuita y oscuramente cómica a lo largo de la campiña inglesa, y se resolvieron de forma ambigua con una escena en la que veíamos a James huyendo de los disparos de la policía, incapaces de vaticinar si viviría o moriría.

En aquel momento todo había quedado dicho sobre la pareja. Y a pesar de eso, decimos, ya están disponibles en Netflix ocho episodios más, que comparten varios elementos con sus predecesores –la banda sonora vintage, la mezcla de humor y melancolía– pero presentan un ritmo más pausado y un tono más lúgubre, y que en ningún motivo justifican su propia existencia.

Por supuesto, James está vivo. Es él, de hecho, quien describe la primera temporada como «una tragedia perfecta» justo antes de añadir: «Pero entonces no me morí». Incluso él es consciente de que no es así como la historia debería haberse resuelto. Por lo demás, lo sucedido entonces le ha hecho darse cuenta de que no es un psicópata sino, más bien, un caos emocional andante. Alyssa, por su parte, respondió a su separación de James bloqueando su corazón por completo.

Nuevos personajes

Mientras nos reencuentran con la pareja, los nuevos episodios introducen a un tercer personaje que entra en acción en busca de venganza. De hecho, en su mayor parte transcurren a la manera de un juego entre el gato y el ratón en el que el gato viaja en el asiento trasero de un coche y los ratones pelean entre sí en la parte delantera, desconocedores de la pistola que el ratón lleva guardada en la mochila. Y, entretanto, mucho de lo que sucede transmite cierta sensación de déjà vu; el relato genera cierta tensión e incluye algunas revelaciones románticas y otro asesinato accidental. La acción, es cierto, es menos visceral que en el pasado, y más reflexiva sobre las secuelas del trauma y la inercia que provoca vivir una vida normal. Si la primera temporada habló de la locura del primer amor, la segunda se centra en lo difícil que resulta empezar de nuevo después de una ruptura.

Mientras lo hace, no llega a darnos suficientes motivos para preocuparnos por el destino de los personajes. En la primera temporada tanto James como Alyssa ya mostraban problemas para relacionarse con los demás, pero cuando estaban juntos lograban compartir algo parecido al regocijo o, al menos, una razón para emocionarse y emocionarnos. En la segunda, por el contrario, la dinámica que establecen niega esa conexión y, por tanto, para cuando llega su conclusión no los conocemos ni un ápice más de lo que los conocíamos antes de su reencuentro. Lo único para lo que sirven los nuevos episodios es sustituir la perturbadora conclusión de la primera temporada por otra más digerible y más convencional que devalúa la historia original. Fue un final conveniente, una historia de amor condenada y una tragedia perfecta... hasta que dejó de serlo.

Por qué hay que verla por qué no: Es imposible resistir la tentación de averiguar qué les pasó tras la primera temporada.

El mayor acierto: Las interpretaciones de Jessica Barden, Alex Lawther y la de Naomi Ackie.

Si le gusta también puede ver... «Bonnie & Clyde», «Asesinos Natos» y «Escuela de jóvenes asesinos».

El dato: No hay planes para una tercera temporada... Aunque eso no significa que no acabe habiéndola.