Cuando compartir es un premio

Tras la campaña de la Lotería de Navidad 2019 se esconde un trabajo en equipo cuya satisfacción reside en la gratitud del espectador

La Navidad en todo su espectro resume la esencia de los reencuentros, de los brindis porque sí y de los bailes sin coreografía, pero al ritmo de los latidos de tus personas favoritas. O no. Nuevos miembros, nuevos propósitos y, casi siempre, el sentimiento más profundo elevado a su máximo exponente: la melancolía. Echar de menos se convierte en una carrera de fondo que rompe en lágrimas de sal cuando suena la última campanada. Otra tradición –por llamarlo de alguna forma– es la de compartir lotería. Una práctica tan longeva como emocionante. Durante el resto del año, apellidos compartidos, compañeros de trabajo e incluso estudiantes, planean lo que se configura bajo una simple interjección: «Ojalá». Ojalá se acaben esos problemas dependientes del dinero y, ¿por qué no? Ojalá se cumplan los deseos que se idealizan desde la almohada. Sin abandonar la costumbre, la campaña de la Lotería de Navidad de este año vuelve a conmover a los espectadores con cuatro piezas independientes pero extremedamente conectadas. «Queríamos contar el vínculo que puede llegar a establecerse cuando compartes un décimo desde diferentes tonos», explican Carlos Jorge, director general creativo de la agencia Contrapunto BBDO y Gonzalo Urriza, director creativo de la campaña. Desde siempre, la esencia de estos anuncios busca –y encuentra– erizar el vello del cuerpo de miles de personas consiguiendo la reflexión inevitable de los puntos que acostumbran a abordar. «El Sorteo de Navidad forma parte del ADN de la sociedad de este país», expone Fede Fernández, Jefe del Departamento de Publicidad de SELAE, refiriéndose a la campaña de este 2019: #unidosporundécimo.

Tanto para Carlos Jorge como para Urriza, este sorteo es «un gesto, una forma de decir que somos familia. Que, si a uno le va bien, a todos nos debería ir bien». «Significa algo más que, simplemente, jugar juntos por un premio», añaden. En definitiva, #unidosporundécimo consigue, a través de sus historias, trasmitir todo aquello que implica el verbo «compartir». Mediante cuatro piezas realizadas por «un equipo gigante que trabaja sin descanso para que todo salga lo mejor posible», según Marta Costa, protagonista de una de ellas, esta campaña establece un hilo conductor en el que la esencia reside en, precisamente, eso: compartir, porque, prosigue, «nos hace más humanos». En el caso de Sofía, personaje interpretado por Costa, su historia no se aleja de la realidad más cotidiana: personas nuevas y el miedo a integrarse en un ambiente compartido por miembros de una misma familia. En esta línea, un gesto, un nombre y un abrazo se funden para resumir lo que tan bien define a la Navidad y, en este caso, a la Lotería.

Decenas de profesionales

Como cada proceso que conlleva una implicación algo fuera de lo común, como en este tipo de campañas, se necesita un mensaje que atrape, unos actores que sean capaces de transmitirlo y un equipo que responda. En palabras de los directores creativos: «Es un proceso muy similar a rodar una película de cine, pero evidentemente mucho más concentrado y con el reto de lograr transmitir sentimientos en apenas 60 segundos». Y es que, esta tradición anual que «pertenece más a la gente que a la propia marca», continúan, esconde un proceso pocas veces reflejado en el tiempo de visionado: «La producción se hizo en dos meses. La primera decisión es elegir a la productora de publicidad que lo lleve acabo. En este caso fue Pueblo Films». Ilustradores, fotógrafos, programadores, locutores, productores y decenas de profesionales se esconden tras una campaña con cuyo objetivo se retroalimentan: «Por supuesto que vamos a comprar un décimo para todo el equipo. Está el número del trabajo que compra todo el mundo, pero el trabajo genera amistades que merecen ser compartidas con otro décimo».

Nieve en las calles de Madrid

«Algo de expectación sí que genera esta campaña», comentan a LA RAZÓN los directores creativos, refiriéndose a uno de los rodajes que tuvo lugar en el barrio madrileño. «Necesitábamos crear una nevada, todos los vecinos bajaron y muchos adivinaron de qué se trataba. No dijimos nada por mantener la sorpresa».