La dignidad no paga las facturas

La nueva serie de Kirsten Dunst, en Movistar+, se adentra en una empresa piramidal para llevar a cabo una pertinente crítica al capitalismo

Buena parte de lo que va mal actualmente en Estados Unidos –y, por tanto, también en muchas otras áreas del mundo– tiene su origen en esa creencia casi religiosa conocida como Sueño Americano: la idea de que cualquiera puede ser rico y alcanzar el éxito si muestra suficiente disposición para lograrlo. Y sobre precisamente esa falacia, y sobre ese castillo de arena que es el capitalismo moderno, se construye «Llegar a ser Dios en Florida». La protagoniza Kirsten Dunst en la piel de Krystal Stubbs, esposa y madre de clase media-baja que un día, tras verse golpeada por una inesperada tragedia, descubre que está endeudada hasta las cejas con FAM, una organización de marketing multinivel que a efectos prácticos funciona como un esquema piramidal: su modelo de negocio se basa en la venta de productos inútiles a sus numerosos agentes comerciales, quienes a su vez intentan vender esos productos a otras personas algo más necesitadas; estas últimas, claro, harán lo propio con otros incautos en situación aún más precaria, y así sucesivamente. Es una estratagema instalada en un vacío legal y diseñada para que los ricos saquen provecho de los pobres vendiéndoles miles de promesas vacías de ascenso social. Krystal, que se gana la vida como instructora en un parque acuático de la ciudad titular, no siente simpatía alguna por FAM, pero no tarda en comprender que su única salida es implicarse más a fondo en la empresa hasta convertirse en una de las pocas personas situadas en la cima de la pirámide. Y eso le plantea un dilema: si la única forma de recuperar su dinero pasa por estafar a otros 50 infelices, ¿debería hacerlo de todos modos? Es fácil imaginar la decisión que toma al respecto. Y a partir de entonces, mientras ejecuta su plan con el tipo de entusiasmo del que solo una antigua reina de belleza que un día imaginó para sí un futuro brillante podría hacer acopio, se verá implicada en asuntos como la extorsión, el fraude y el asesinato y desmembramiento de dos caimanes protegidos, entre otros delitos. Mientras la acompaña en ese extraño viaje, «Llegar a ser Dios en Florida» va dando agresivos bandazos entre escenas fundamentalmente cómicas y escenas profundamente trágicas, y por momentos ese movimiento hace que el relato pierda el equilibrio. Asimismo, su metraje parece contener ideas que resultarían más que suficientes en una película de dos horas pero se quedan cortas en una temporada de siete y media –repartidas en 11 episodios–, y eso explica que la peripecia narrativa caiga en la redundancia y la repetición.

Sexismo y racismo

En todo caso, la serie resulta especialmente reveladora en cuanto reflexiona sobre cómo el sexismo y el racismo consustanciales al sueño americano solo sirven para alimentarlo. Las ideas de Krystal son a menudo descartadas porque los hombres que la rodean no pueden imaginarse viendo el mundo desde la perspectiva de una mujer pero, para ella, demostrar que esas ideas son buenas significa fortalecer aún más un sistema corrupto; para sacar la máxima rentabilidad de su situación, al mismo tiempo debe convertirse en la peor versión de sí misma. Y no hace falta explicar por qué esa paradoja funciona como reflejo de lo que está pasando ahí afuera, y como recordatorio de lo risible que el capitalismo salvaje resultaría de no ser tan peligroso.

  • Por qué hay que verla por qué no: Nos recuerda algunas verdades sobre el precio de eso que conocemos como éxito.
  • El mayor acierto: El trabajo interpretativo de Kirsten Dunst. La actriz también ha sido productora ejecutiva.
  • Si le gusta también puede ver...Nos recuerda a la filmografía de los hermanos Coen: «Fargo».
  • El dato: Pasó años en fase de preproducción antes de hacerse realidad.Estaba previsto que la dirigiera Yorgos Lanthimos.