Los padres de una de las víctimas del Yak 42: “A los féretros les pusieron el nombre como si estuvieran jugando a las cartas”

Una de las mayores tragedias que ha vivido el Ejército español en tiempos de paz se recordó ayer en “¿Dónde estabas entonces?” programa en el que Ana Pastor habló con alguna de las familias

Imagen del Yak 42
Imagen del Yak 42

Explicaba Ana Pastor hace unas semanas a quien esto escribe, durante la presentación de la nueva temporada de “¿Dónde estabas entonces?” que, de todas las historias que se cuentan cada martes, fue la del Yak 42 de las que más le impactaron. La nueva entrega del programa presentado por Pastor se centra en la primera década de los 2000, de tal manera que el programa emitido ayer en laSexta habló sobre 2003. Y, entre otros numerosos y diversos temas, habló sobre la tragedia que vivió el Ejército español en Turquía. También confesaba Pastor que, de entre todas las personas célebres con las que ha hablado para llevar a cabo la nueva temporada, se quedaba con dos nombres de dos personas anónimas: Amparo y Paco, los padres de Francisco José Cardona, una de las víctimas del Yak-42.

Fue el 26 de mayo de 2003 cuando 62 militares españoles murieron en el accidente del Yak 42, la mayor catástrofe del Ejército que se recuerda en tiempos de paz. Amparo y Paco recuerdan con Pastor lo que supuso tanto la pérdida como las diversas mentiras que rodearon el suceso. Cuando recibieron la noticia se encontraban en Zaragoza, donde “vimos en la televisión un avión procedente de Afganistán que se había estrellado” recuerda Amparo, “llegó el coronel de la base y nos confirmó que nuestro hijo había fallecido”.

La tragedia, si cabe, se volvió más grande aún cuando llegó la hora del funeral: el enfado de los familiares era evidente tanto por el estado en el que voló el avión como por las mentiras que se encontraron ante los féretros. Algunos de ellos estaban identificados con chapas grabadas, mientras que otros directamente tenían los nombres escritos en cartones. Al tiempo se supo que los fallecidos fueron entregados a las familias sin completar su identificación: “A esos 30 en el mismo avión les pusieron el nombre aleatoriamente como si estuvieran jugando a las cartas”, explica Amparo.

De hecho, en el entierro, los padres de Francisco Cardona se dieron cuenta de que ellos tenían el féretro 17, cuando el de su hijo era el 14: el cuerpo de su hijo fue entregado a otra familia, la cual lo incineró pensando que era su familiar y siguiendo sus costumbres. Amparo y Paco recuerdan cómo su hijo siempre les decía “No me incineréis, me enterráis, pero yo víctima de las llamas no quiero ser”, cosa que no pudieron evitar ante las innumerables confusiones y mentiras que hubo tras el accidente.