Una industria de fuera de serie, por César Benítez

El presidente de la productora Plano a Plano conoce los entresijos de la televisión y sus revoluciones

Imagen de la nueva temporada de "The Crown" en carteles por LondresMatt DunhamAP

Pocos sectores hay, como el audiovisual en general y la producción de ficción televisiva en concreto, que hayan protagonizado cambios, evolución y maduración tan brutales durante el último cuarto de siglo en nuestro país. Durante mi vida profesional he asistido y quiero pensar que contribuido fervientemente a distintas revoluciones en el sector que han derivado en lo que hoy es una de las primeras industrias del mundo, la más competitiva y la que actualmente goza de mayor foco internacional.

En chino, la palabra crisis se compone de dos caracteres: uno representa el peligro y el otro, la oportunidad. La crisis de 2011, que dejó España como un auténtico erial, supuso sin embargo una sacudida en nuestro sector. De forma no pactada, pasamos de hacer series (rentables, locales y para el gran público), con el cine como gran referente, a evolucionar: los productores empezamos a ser más ambiciosos, abordamos temas impensables, perdimos complejos y empezamos a mirar al mercado internacional como un cliente más. Fue un salto mental que la irrupción de las plataformas vino a aseverar. Las OTTs nos han dado una proyección y visualización internacional jamás pensada y nosotros les hemos correspondido con una oferta competitiva y fuera de serie forjada durante décadas por las cadenas generalistas y por productores de distintas generaciones. Hemos pasado de no existir en los mercados internacionales a que nuestra ficción sea considerada, respetada y demandada en el mundo. Esto, además, nos ha abierto paso a las coproducciones y a la fragmentación de la financiación, algo imprescindible para la supervivencia y que supone el siguiente paso en la evolución: producir con mayor independencia y recuperar parte de la IP de los títulos.

Pero no nos equivoquemos, la revolución vivida no se ciñe únicamente a productores, a cadenas y a un nuevo modelo de negocio. Estamos ante un auténtico cambio social que lleva aparejado un cambio en el consumo de ocio, en las relaciones sociales y en el desarrollo de sectores tecnológicos. La realidad ha superado a la ficción durante la actual crisis sanitaria y ha confiado al sector una misión noble como pocas: acompañar diariamente a la ciudadanía en los momentos más difíciles, constatando que la ficción televisiva es también un bien de primera necesidad.