Documental

Sinéad O’Connor: el grito a una sociedad sorda

Movistar Plus+ estrena hoy este documental sobre los años más difíciles de la cantante irlandesa opacada por activismo

La cantante escandalizó con su pelo rapado y su cara aniñada
La cantante escandalizó con su pelo rapado y su cara aniñadaMovistar Plus+

Alos 25 años Sinéad O’Connor ya estaba condenada. La joven irlandesa que cantaba como terapia y que lo único que quería era poder gritarle al mundo, se convirtió en lo que no quería, una estrella del pop en los turbulentos años 90. Sinéad Marie Bernadette O’Connor, que se rapó el pelo en una Irlanda de mujeres muy femeninas, llevaba la controversia dentro, como un latido, que golpeó su cabeza en tantas ocasiones que acabó opacada por las mismas protestas que ahora la recuperan, con 56 años, convertida al Islam bajo el nombre de Shuhada’ Sadaqat. Kathryn Ferguson fue una de esas jóvenes irlandesas que crecieron adorando a O’Connor dirige «Sinéad O’Connor: Nothing Compares», el documental de 97 minutos que estrena este lunes Movistar Plus+ que narra con la propia voz de la artista, «el ascenso y caída de una cantante que decidió no callarse ante las causas que creía injustas».

A principios de la década de 1990 la directora conoció a Sinéad O’Connor a través de su padre: «Ponía [su álbum debut] ‘‘The Lion And The Cobra’’ una y otra vez mientras conducíamos por Irlanda del Norte bajo la lluvia contra las ventanillas. Se convirtió en una banda sonora muy visceral para mi infancia». Ferguson vivió en primera persona todos los episodios polémicos de O’Connor y ya en 2011 intentó ponerse en contacto con ella para su corto de graduación en el Royal College of Art. En 2018 decidieron que era el momento de hacerlo: «El mundo estaba en llamas en ese momento. Muchas mujeres alzaban la voz. Trump estaba en el poder, teníamos a ‘‘Me Too’’ y a Harvey Weinstein, y en Irlanda tuvimos el referéndum sobre el matrimonio igualitario en 2015 y en 2018 nos estábamos preparando para nuestro propio referéndum sobre el aborto». Todo recordaba a Sinéad pero sin ella. El documental se construye alrededor de tres horas de entrevista con la cantante, imágenes de archivo y más de 100 horas de vídeo, y los testimonios de personas importantes en su vida, como su mejor amiga en aquellos turbulentos años, su primer marido y hasta su profesora de música.

Conoceremos de primera mano los recuerdos de su padre cantándole y cómo impulsó su pasión por la música hasta que llegó a sus manos Bob Dylan, en un momento en el que su infancia se ponía boca abajo: «Mis padres se separaron siendo joven. Mi madre estaba enferma, era una persona muy violenta y habían abusado de ella física, mental, emocional ,psicológica y espiritualmente». El recuerdo de su madre, viva y muerta, la perseguirá durante toda su vida: «Mi madre era una bestia. Mi voz hacía que el diablo se durmiera». Los castigos en el jardín mirando una ventana que apagaba la luz crearán hasta su propio tema musical. Sinéad empezó a ser consciente de algunas cosas a su alrededor que no estaban bien. Profundamente católica por educación, la artista confiesa que «empecé a leer las escrituras porque quería saber qué tenía ese libro para seguir oprimiendo a mi pueblo. Por qué mis padres se sentían tan desgraciados porque no podían pensar en darse un beso. Yo había firmado un contrato con el Espíritu Santo y lo vivía». A los 14 años entró en un centro para niñas «complicadas» mientras tenía sus primeros encuentros con la música, como el grupo de su hermano In Túa Nua. La primera canción que compuso «Take my Hand», está inspirada en una monja y su castigo al llevarla con personas abandonadas en un sitio que «daba mucho miedo. Quizá habían sido violadas por curas, por su padre o por policías».

En 1985 moría su madre y aquello fue un mazazo: «No pude ir durante 13 años y tardé 25 en dejar de llorar». Con nuevo manager, empezó la influencia de la música negra en su vida. O’Connor no supo encajar el éxito de su primer álbum, «The Lion and the Cobra». Actuó en los Premios Grammy de 1989 y llegó el reconocimiento público: «Lo que me resultó más difícil –cuenta ella, fue el momento en el que me llegó el éxito. De repente tenía esa identidad y no sentía que fuera yo». El documental repasa cómo no quiso tocar en EE UU si la precedía el himno nacional, se llevó la foto del Papa que tenía su madre en la habitación para romperla frente a millones de personas en «Saturday Late Night», y los 10 años posteriores en los que, según O’Connor, «todos los que me rodeaban me trataron como una mierda». Lo curioso es que la cineasta quiere reivindicar que la artista irlandesa fue una incomprendida adelantada a su tiempo.