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Toros

Garrido y aquel «Decíamos ayer»

El extremeño corta un trofeo en la primera corrida de la feria de Valdemorillo, en el comienzo de la temporada española

La ley de la compensación llegó pronto, de la misma manera que a los cinco minutos de ocupar los tendidos de la plaza de Valdemorillo era aquello un “decíamos ayer”. El reencuentro con los compañeros y con los aficionados que tienen ganas de toros, aun en febrero. Haya frío o no, que esto ya no es lo que era, con calefacción, una corrida de Alcurrucén y un cartel apetecible como aperitivo de lo que está por llegar, mientras nos dejen y mientras se dejen los propios taurinos de boicotear entre bastidores en honor al interés propio y despreciando el común. Quedaban ganas de ver a Juan Ortega, las que él se había encargado de dejar intactas antes de acabar la temporada 2019. El crédito impoluto. A medio gas la faena del despeje de plaza, aquel Alcurrucén, que tuvo nobleza, pero los cuartos de atrás no le permitían empujar como debía. Mantuvo Ortega las formas, la cadencia, en un trasteo irregular. Fue el segundo el que compensó. El toro cuajado y con remate, claro, pronto y repetidor en la muleta. Lo más profundo de toda la puesta en escena de José Garrido fue un quite por chicuelinas. Quisimos después ver más de lo que tuvimos entre manos. La faena de Garrido no logró atar todos los cabos para convencerse y convencernos de que ahí abajo estaba ocurriendo algo extraordinario. Comodísimo de cara fue el quinto, protestado de salida. Fue con el que Garrido se echó de rodillas y anduvo más centrado en el grueso de la faena para volver a rematar con las mismas trazas al final. Caballo ganador sumado a una estocada de rápido efecto. El primero de la tarde. El único, supimos después.

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Unas tafalleras estuvieron a punto de jugarle una mala pasada a David de Miranda. Jugada típica. Con la pata de atrás le derriba y ya sobre la arena... ¡Milagro! Se escapó. Más impactados quizá los de arriba que el de abajo. En la verticalidad hiló todas las embestidas de ese sexto toro, que tenían buen son, con ese punto de reponer a veces y de no transmitir en exceso. En las cercanías del torero agotó el motor del toro que necesitaba espacios en blanco. Las bernadinas conectaron con el público antes de que la espada entrara en desconexión.

A contracorriente había sido la faena al tercero, pronto se vio que aquello iba a durar poco a la media vuelta de los pases cambiados por la espalda con los que comenzó faena.

Juan Ortega había soltado las muñecas con la capa en el cuarto. La corta y sosa arrancada del toro y la largura de la labor la convirtieron en anodina. Lo que nos ajusta a la perfección a ese «Decíamos ayer».

Ficha del festejo:

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VALDEMORILLO (MADRID). Primera de la Feria de San Blas. Se lidiaron toros de la ganadería de Alcurrucén, desiguales de presentación y juego. 1º, noble, pero justo de poder; 2º, bueno, pronto, claro y repetidor; 3º, deslucido; 4º, de corta arrancada y sosote; 5º, gacho de cara y noble; 6º, bueno. Tres cuartos de entrada.

Juan Ortega, de teja y oro, pinchazo, media, dos descabellos (saludos); tres pinchazos, aviso, estocada tendida y contraria (silencio).

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José Garrido, de grana y oro, casi entera, descabello (saludos); estocada de efecto fulminante (oreja)

David de Miranda, de grosella y oro, estocada (saludos); estocada defectuosa, estocada baja (palmas).