Toros

Taurinos: ahora o nunca

La Junta de Andalucía, a la espera de seguir las negociaciones en bloqueo por parte del sector para poder dar festejos esta temporada

Los diestros David Fandila "El Fandi"(d) y Julián López "El Juli"salen a hombros de la plaza de toros de Granada. Fotos: EFE/Miguel Ángel Molina
Los diestros David Fandila "El Fandi"(d) y Julián López "El Juli"salen a hombros de la plaza de toros de Granada. Fotos: EFE/Miguel Ángel Molinalarazon

Está claro que no vienen buenos tiempos, para casi nada. No nos engañemos. Es difícil rescatar algo de talento allá arriba donde está la gestión, donde se gobiernan los intereses de los españoles, allá donde van a parar todos y cada uno de nuestros impuestos, que son muchos. Todas y cada una de nuestras revisiones de Hacienda. Pocos mensajes fueron más ciertos durante este confinamiento, que ese que fue de teléfono en teléfono durante el confinamiento, aludiendo a que no íbamos a estar solos, Hacienda siempre estaría ahí. (Más o menos). Y más de ahora en adelante. Lo supimos después de la crisis de 2007. Se nos apretó hasta la saciedad. Lo que supimos y lo que no. Hasta el último céntimo en las economías medias. Y así seguirá siendo. Esta inesperada pandemia nos ha puesto contra las cuerdas, a todos, y a muchísimos al límite. Raro es el sector que se salva. Nivel mundial. Con gestiones pésimas y otras más honrosas. La nuestra es vergüenza nacional. No sorprende a nadie. La suprema es el juego de cifras, como quien juega a los números, solo que el juego nada simbólico se trata de nuestros muertos, que deberían ser sagrados. Las pérdidas, los corazones rotos, las familias destrozadas que ni tan siquiera pudieron despedirse de sus seres queridos y tan sólo queda su memoria.

No hay buenos tiempos para la lírica. Ni para el toreo, que ahora intentan quitarlo del mapa. Silenciarlo. Avergonzarlo. A pesar de que en estos tiempos de números las cuentas futuras puedan salir. Las cuentas de no muertos, sino de euros. 122 millones de euros proporcionó a las arcas del Estado en IVA la fiesta de los toros el año pasado. Solo en eso, sin ir más allá de todos los beneficios indirectos que generó. Pero a día de hoy, en plenas vacas flacas, el toreo no existe. Y, por supuesto, las muchísimas familias que se han visto damnificadas en una profesión estacional que vive de facturar de marzo a octubre. No existen. Ni sus hijos. No hay dolor ni hambre.

La Junta de Andalucía ha estrechado un puente a los taurinos, porque Andalucía no tiene complejos. Los que muestra el PSOE a nivel nacional ante el influjo de Podemos. Distintas reuniones han marcado una pauta para intentar avanzar posiciones y facilitar poder dar festejos abaratando costes. En todas las direcciones y en todas las partidas. Ya es mucho por parte de la Administración en los miserables tiempos que corren. El intento de reducir un banderillero y un picador en la celebración de festejos en las plazas de segunda y tercera categoría paralizó las negociaciones. Algunos sectores del toreo, los damnificados, se cerraron en bloque. El sector anda negociando. La realidad es que no se puede perder la oportunidad y cerrar así la mano que ha tendido la Junta en tiempos tan convulsos.

Hace tiempo que todos los sectores desde la crisis de 2007 se han tenido que regular. Imposible es encontrar una empresa en la que no se hayan tocado los sueldos de sus trabajadores o no se haya visto reducida su plantilla. La situación en los últimos tiempos ha cambiado. Desde la crisis económica mundial todos nos hemos visto afectados en mayor o menor medida. El toreo vive en su letargo propio. En todos los sentidos. Aislado de una realidad que le está devorando.

Es un espectáculo grandioso, mágico e imprevisible (algunas veces). Pero estancado y, como pasa en nuestro Gobierno, el talento es un bien escaso. Tiende a huir. Le echamos. Es un mal de España en los últimos tiempos. Les agotamos ante la mediocridad. Solo que ahora ya no hay tanto tiempo. Ya no vale todo. Hemos dejado de vivir por inercia y ahora tenemos que respirar por nosotros mismos. No nos podemos permitir más fracasos. La máquina sola ya no rueda. Pensemos en males menores para sacar el toreo adelante, porque es ahora o nunca. En los momentos clave, por favor altura, por todas las partes. Los problemas son consustanciales al sector. Que el bloqueo, de nuevo, no haga perder la oportunidad, quién sabe si es la última. Y muertos todos.