Morante celebra el toreo en primera

Gran tarde del sevillano con una desigual corrida de Jandilla en la que Juan Ortega ha pasado discreto en Córdoba

El año negro de la Covid-19 contrastaba con la alegría de una plaza recién estrenada para la ocasión, como si después de aquella jornada le aguardara una feria entera. Córdoba se puso de gala y nos hizo olvidar por un rato este maldito virus que ha dinamitado nuestras costumbres, la forma de vida y una elevada cota de felicidad del día a día. Era la única corrida de la temporada en plaza de primera categoría. No hubo Zaragoza, donde cada año se festeja El Pilar, como tampoco Sevilla, ni Almería ni... Solo el talento de ver más allá y querer seguir soñando en el desierto de emociones nos acercó a la normalidad robada. Donde antes cabían 17.000 entramos poco más de 2.000. Considerado un «no hay billetes», que tardó poco tiempo en colgarse. Los vacíos, las distancias obligadas saltaron por los aires quizá cuando Morante, ya en el turno de Ortega, salió a quitar. A la verónica, no podía ser de otra manera, tan breve, condensada como excelsa. Se escucharon los olés de los 2.000 multiplicados al más puro estilo del pan y los peces. Replicó Ortega. Era su tarde. Y su toro. Tuvo nobleza el Jandilla, el segundo, pero le faltó poder y querer rematar hasta el final. Al natural Juan retuvo los mejores pasajes, por despaciosos y ralentizados. La espada se fue abajo y siguió el curso del tiempo. Supimos después que no lo pondría fácil la corrida de Jandilla para el mano a mano Morante/Ortega.

Había comenzado con un toro de manos blandas a pesar de su nobleza. Quiso Morante, hondo y sin darse importancia, y remató ligero. El tiempo es oro. A Cayetana Álvarez de Toledo brindó el tercero, que ocupaba una barrera de la plaza. Reservón el animal, a veces la tomaba con franqueza, pero otras se la guardaba. Morante despejó las dudas con solidez y ritmo en los vuelos de esa muleta que fue más allá del toro, que viajaba por todas y cada una de las ausencias de la temporada. Aunque la grandeza vino después, como una brisa suave. En el quinto. Noble y de buen juego el Jandilla. Macizo el toreo de Morante, el prólogo del desprecio, las trincheras, el toreo contando verso a verso a ralentí, porque allá abajo se para el tiempo y aquí arriba se pasaban los lamentos. Lo gozó Morante en la búsqueda del muletazo perfecto, llegó a veces, en ocasiones, pero siempre sobrevolaba la dulce espera del lance casi perfecto. Los ayudados del final, en una faena que no se quería ir, el toreo denso y elevado del de La Puebla, que había venido a Córdoba a celebrar el toreo en primera en el centenario de Joselito. Ecuación perfecta. La espada borró los resultados, no lo vivido.

El capote de Juan Ortega en el sexto hizo el resto. No fueron pocas las verónicas y sí larga la parábola de tiempo que iba en cada una de ellas. Tan lentas y acompasadas. Fueron lo mejor. Y casi lo único que pudo sacar a ese toro que cerró plaza, sin entrega. Tampoco tuvo demasiada suerte con el cuarto, que había hecho hilo por dentro el toro y las complicaciones del animal resolvieron mal el enigma del toreo de Ortega, que se vio en más de un apuro.

No pudo repetir Juan Ortega la faena de la que todavía llegan los ecos. Córdoba se vistió de gala. Hacía tiempo que se habían invisibilizado las distancias y el día, más allá de los resultados, había sido un éxito. Volver a volver. ¿Era posible lo imposible? O lo imposible fue posible. Preguntemos a Anoet y compañía…

FICHA DEL FESTEJO

Córdoba. Día de la Hispanidad. Se lidiaron toros de la ganadería de Jandilla, 1º, flojo y noblón; 2º, desigual y de escaso poder; 3º, a la espera, reservón y desigual de ritmo; 4º, complicado; 5º, bueno y con ritmo; 6º, deslucido y sin entrega. Lleno de «no hay billetes» en los tendidos.

Morante de la puebla, de caña y azabache, estocada, tres descabello (silencio); pinchazo, estocada, descabello (saludos); media, media, descabello, aviso (vuelta).

Juan Ortega , de blanco y azabache, bajonazo (saludos); dos pinchazos, estocada (silencio); media caída, estocada caída (silencio).