Enrique Ponce, Miguel Ángel Perera y Paco Ureña: “Los toros son el mayor símbolo de libertad”

Critican el boicot político a una de las mayores manifestaciones de la cultura española

Enrique Ponce, Miguel Ángel Perera y Paco Ureña
Enrique Ponce, Miguel Ángel Perera y Paco UreñaGonzalo Pérez Mata | Luis DíazLa Razón

Isabel Díaz Ayuso lleva el lema de su campaña a la práctica: «Libertad». La Presidenta da el sitio que le corresponde a uno de los dinamizadores de la economía española y una de sus principales industrias culturales. Y es que durante muchísimos años Las Ventas ha sido una gran fuente de ingresos para las arcas públicas.

Por ello, este 2 de mayo, fecha señalada en el calendario taurino por la corrida goyesca que suele ofrecer la primera plaza del mundo, en cambio, acoge un festival benéfico cargado de figuras.

Ponce, El Juli, Manzanares, Perera, Ureña y Diego Ventura arrancarán la temporada taurina madrileña de una vez por todas. A pesar de las presiones desde el Gobierno central para que no se celebrase, el de Isabel Díaz Ayuso no se ha echado atrás en su intención por reactivar este sector.

De hecho, tras el anuncio de este cartel y la modificación de la Consejería de Sanidad para permitir estos espectáculos, ya se han puesto en marcha otras ferias en la capital, como la de Vistalegre, Leganés o Aranjuez, animadas por la actitud de su presidenta.

Pero el acontecimiento de este 2 de mayo va mucho más allá de un pulso entre Ayuso y el gobierno de Sánchez. Y es que la Comunidad de Madrid ha mostrado un compromiso real con el campo bravo y la industria taurina, anunciando unas ayudas que ascienden hasta los tres millones de euros para el 2021. Además, junto a la Fundación Toro de Lidia están desarrollando un ciclo de festejos en municipios madrileños menores de 8.000 habitantes, reflotando así tanto el sector taurino como la economía local de las áreas rurales.

Pero para el diestro Enrique Ponce, «Ayuso no solo está defendiendo los intereses del aficionado taurino, sino también las raíces de España teniendo en cuenta que la tauromaquia es parte indispensable de nuestra cultura».

Miguel Ángel Perera, comparte la ilusión que le ha despertado el regreso de la lidia a Madrid: «Los toros han sido siempre un símbolo de libertad, por encima de todo, también de las ideologías.

Una plaza de toros es un trocito de universo donde todos cabemos y todos nos respetamos compartiendo lo que el toreo nos aporta». Sin embargo, también reconoce el apoyo que están recibiendo de algunas instituciones y el abandono de otras. «Teniendo en cuenta cómo se está comportando el actual Gobierno de España con la tauromaquia, hay aún más motivos para celebrar el ejercicio de libertad plena que es ir a los toros», responde contundentemente Perera.

Ponce, tras toda una vida conviviendo con el toro, solo desea que «el sector se reactive lo antes posibles para que las miles de familias que dependen de este animal puedan seguir subsistiendo y qué mejor plaza que Las Ventas ».

Como asegura el propio Perera, el extremeño estaría encantado de acercar la tauromaquia a cualquier político «de los que imponen la ideología sobre la libertad, para preguntarles por qué», pero «ni lo saben ni quieren saberlo».

Tanto a él como a Enrique Ponce les parece peligroso que no haya unanimidad y que cada Comunidad tenga normas distintas para la celebración de estos espectáculos. Perera no se lo explica: «El riesgo de contagio no depende de los territorios, sino de cómo nos comportemos las personas. Es difícil de entender que en un lugar se considere adecuado un 50% de aforo y en otro, la distancia de un metro y medio entre cada espectador». Como Presidente de la Fundación del Toro de Lidia y ganadero, Victorino Martín se muestra aliviado de que, al menos en Madrid, «por fin nos traten como una de las industrias culturales más potentes del país». El ganadero también recuerda que «en 2019 los toros aportaron 500 millones de euros a las arcas del Estado».

La propuesta de este festival benéfico ha sido recogida con gran entusiasmo por la afición, que en menos de dos horas agotaban la venta anticipada.

Por su parte, a Paco Ureña no le sorprende esta respuesta del público, ya que «es la demostración de que el toreo está más vivo que nunca y el reflejo de toda la masa social que sigue empujando detrás de él». Lo que sí sorprende es lo de Ponce, da igual los años que pasen, la pandemia o Filomena, que Enrique Ponce siempre seguirá ahí, tirando del carro. De hecho, el año pasado se convertía en el torero con más paseíllos (16) , hasta doblando a sus perseguidores y demostrando que las verdaderas figuras están en las buenas y en las malas.

Este año no hace previsiones sobre su número de actuaciones: «Es muy pronto, sería improdente fijarse objetivos ahora. Todo depende de cómo evolucione la situación sanitaria». Aunque el diestro de Chiva no pudo celebrar su 30 aniversario de alternativa como hubiese deseado, asegura que «lo único que me obsesiona es que la temporada recupere la normalidad y las ferias se sucedan unas a otras». Paco Ureña, a quien la pandemia frenó el mejor momentos de su carrera, cuando ya se consolidaba en los carteles más importantes de todas las ferias, está deseando volver a Madrid.

El murciano no entiende de festivales: «Para mí Madrid siempre es Madrid y doy gracias a Dios de poder volver, independientemente del festejo que sea». El cartel también cuenta con el máximo exponente del toreo a caballo, Diego Ventura. Con una cuadra de primera categoría sobre sus hombros aguanta los golpes de esta crisis: «Me parece admirable que Ayuso lo haya hecho posible. Medidas como esta me ayudan a seguir manteniendo todos mis animales y trabajadore, que ya son mi familia». Pero mientras las plazas han estado cerradas y las ferias se aplazaban una tras otra, la última la de Sevilla, los toros siguen alimentándose y las fincas rozan el lleno total.

«O comen mis toros o mis hijos»

El número de reses se duplica, lo que hace que los gastos en mantenimiento se incrementen y además se multipliquen las peleas entre los astados. «En mi ganadería he tenido más bajas que nunca, casi un 15 % más de lo normal. La falta de espacio hace que los enfrentamientos entre los toros estén a la orden del día», narra Victorino. La situación está cerca de ser insostenible, pero el matadero no es la solución: «Es la ruina absoluta. La crianza de estos animales cuesta unos 4.500 euros y como carne no recuperas más de 500. Pero es cierto que hay ganaderos que no han encontrado otra alternativa. En una situación desesperada tienes que decidir si come tus hijos o tus toros». Ante la falta de ayudas los ganaderos solo se han podido acogerse a otras dos alternativas: «O hipotecarte de por vida, o gastar los ahorros que tenías guardados para toda tu familia».

Miguel Ángel Perera conoce la realidad del campo bravo de primera mano y no solo como torero: «En mi casa somos también ganaderos, especialmente, mi mujer, y conozco bien cómo son las dificultades para sortear este momento. Sé lo que significa afrontar un montón de gastos sin ingreso alguno que equilibre la balanza. En este sentido, las ayudas públicas son esenciales. Creo que quienes las niegan no son conscientes del desastre ecológico que supone cada ganadería que se cierra».

Ponce y Ureña están orgullosos de que el sector se haya unido finalmente y estén trabajando en común por el bien de la fiesta. Pero, al mismo tiempo, Perera ve margen de mejora en este aspecto: «En el toreo confluyen muchos intereses que no siempre son fáciles de conjugar, pero sí siento que todo esto ha despertado una conciencia de reacción que nos puede acercar más».

La pandemia ha instalado la filosofía de renovarse o morir, por ejemplo, la celebración de la Feria de San Isidro este año será acogida por Vistalegre. Pero en otros sectores, como el fútbol, han ido más allá. Hace unos días estallaba la guerra mediática por el anuncio de la Superliga. Mientras el mundo se pregunta si las necesidades económicas justifican dar de lado puntualmente a la voluntad de los aficionados, los toreros lo tienen claro. «Los intereses personales jamás pueden estar por encima del bien común», asegura Ponce, mientras Perera concluye que «el día que nos olvidemos de que lo más importante son los aficionados, ese día estaremos muertos de verdad, para siempre».