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Alberto Aguilar: «La política ha llegado al toro y nos está reventando»

El madrileño anuncia una retirada repentina por una importante lesión en el pie que arrastra de una grave cornada en 2013.

  • Alberto Aguilar: «La política ha llegado al toro y nos está reventando»

Tiempo de lectura 4 min.

21 de marzo de 2018. 03:12h

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Patricia Navarro Madrid. 21/3/2018

Todo hacía pensar que esta temporada 2018 sería una más para el torero madrileño Alberto Aguilar. Una más con todos sus desafíos. Pero la vida trunca destinos «todo ha cambiado en tres meses: de tener mis metas que cumplir a pensar en dejarlo todo», dice todavía contrariado. Arrastra una lesión grave desde diciembre de 2013 cuando un toro le infirió una importante cornada. Desde entonces, lucha. Y al guerrero le ha llegado el descanso forzado. Eso sí, cumple esta temporada, la de la despedida.

–¿Qué ha cambiado?

–Esta lesión ya existía pero en los últimos tiempos me daba cuenta de que me tropezaba más. El tobillo ya lo tenía fijado a 90 grados pero del empeine para abajo se me cae.

–¿Qué alternativa hay?

–Los médicos aconsejan una operación para fijar los dedos pero tampoco saben cómo quedaré.

–¿Cómo se gestiona ese cambio en la cabeza?

–Muy mal. Me he propuesto metas en este tiempo y algunas las he conseguido, como quitarme un aparato ortopédico con el que he estado toreando este tiempo... Pensar que esto se acaba es muy complicado.

–¿Satisfecho?

–Por una parte sí, porque he conseguido comer de mi profesión que ya es un milagro. Es tan difícil quitarle un trocito de tarta a esta profesión que me siento un privilegiado, pero me quedan muchas cosas.

–Durante este tiempo se ha puesto delante del toro sin bascular el pie ni tener sensibilidad. ¿Eso es un más difícil todavía?

–Sí... El peor día fue cuando reaparecí en Valencia y cuando salió el toro me di cuenta de que no me podía ir de ahí.

–Estuviera como estuviera el público no se enteró.

–Si me visto de torero es con todas las consecuencias. A la gente ahora le ha impactado y estoy orgulloso de haberlo llevado así.

–¿Maldice el día de la cornada?

–No. Lo que maldigo es no volver a vivirlo. Que no me hayan vuelto a contratar en Cali.

–¿Qué espera de este año?

–Me gustaría despedirme de todos los sitios donde he triunfado. No pensaba que había tanta gente que me seguía, pero la reacción ha sido brutal. Y tengo el sueño de matar alguna corrida acartelado con figuras, me encantaría. Pero no quiero que me contraten por pena, me da igual torear dos, cinco o veinte corridas este año.

–¿Cómo será la última?

–Será donde toque. La última y ya está.

–¿Le asusta ese día?

–Mucho. Me da pena pensarlo.

–¿Qué le queda por conseguir?

–Muchas cosas, pero Madrid... Esa Puerta Grande que se me ha escapado. Es una cuenta pendiente, pero se tienen que juntar todos los astros.

–¿Cómo se hace una carrera con las ganaderías conocidas como «duras»?

–Se vive al límite. Hay etapas en las que es mejor no torear tan de seguido porque necesitas oxigenarte y otras al contrario. Yo he tenido de las dos.

–Y luego están esas etapas en las que se puede con todo.

–Ha habido momentos que no me asustaba ningún toro. Lo malo es cuando te pasa al contrario. Ha habido tardes que he cogido la muleta y sentía que no sabía torear... Pensaba: «Yo para esto no sirvo y me tengo que quitar».

–¿Hubo algún día que se vio incapaz?

–Recuerdo una tarde que maté una corrida concurso y uno de los toros se venía derecho a mí. En mi vida he tirado una muleta a la cara del toro y ese día, cada vez que se arrancaba.

–¿Cómo fue la llegada al hotel?

–Pensé: «Menos mal que le voy a dar un beso a mis hijas». Ese tipo de toro no es el que te crea problema mentales.

–¿Y cuál es?

–El que tiene opciones para el triunfo y tú no lo has visto. O ese toro al que la gente ha visto mejor que tú y tienes dudas.

–Como ex alumno de El Batán, ¿cómo está viviendo la polémica?

–Me da bastante pena. El otro día estuve allí y los recuerdos son tremendos, tremendos de buenos. Ahora nos movemos por la política, y la pena es que ha llegado al toro y nos está reventando por todos lados.

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