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Banderillas negras

  • Varea ante el segundo de su lote, un toro de banderillas negras / EFE
    Varea ante el segundo de su lote, un toro de banderillas negras / EFE
Valencia.

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28 de julio de 2018. 17:47h

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Paco Delgado.  Valencia. 28/7/2018

Ayer se condenó a un toro de Cuadri a banderillas negras. Hacía casi veinte años que no se empleaba este castigo en la plaza de Valencia. Fue imposible picar al sexto toro de Cuadri de la corrida de ayer, 27 de julio de 2018, corrido como sobrero y manso como él solo. Desde el palco, y visto su comportamiento, asomó el pañuelo rojo y el chulo de banderillas echó mano de las negras. Hay que recordar o indicar a muchos espectadores, que el pañuelo rojo no significa el final de la corrida, como muchos comentaron, sino el que se castiga al toro con rehiletes con arpón de doble longitud que los normales. Algo siempre infamante para el ganadero.

Hacía casi 20 años que no se ponían banderillas negras, las viudas como se las llamaba en argot, en el coso de Monleón. Fue el 17 de septiembre de 2000, a un novillo de Román Sorando, cuya lidia y muerte correspondió a José Casanova. Un ejemplar mansísimo, al que fue imposible dar ni un picotazo en el primer tercio, que hizo que el respetable, en aquel momento nada respetable, pidiese su vuelta a los corrales y, en medio de una bronca descomunal, hubiese alguien que intentó agredir a la entonces presidente de la plaza, Amparo Ranau. No llegó la sangre al río pero sí hubo pañuelo rojo y, por tanto, banderillas negras. Antonio Puchol se vio negro para para poner al animal en suerte y José Manuel Montolíu las pasó canutas para banderillear. No mejor le fue al novillero -precisamente esa tarde hacía su debut con picadores...-, que no pudo darle ni un muletazo y acabó escuchando los tres avisos y como el novillo se iba vivo a los corrales.

Pero la empresa, entonces capitaneada por Roberto Espinosa, fue magnánima y regaló un sobrero, de Jiménez Pasquau, para desagraviar a público y novillero. Aunque tampoco pasó nada.

El resto del festejo no tuvo apenas historia y la poca que hubo la protagonizó Luis Vilches, que dejó los mejores muletazos de la tarde y se llevó la única ovación de la función. Ángel Romero, que completaba la terna, pasó también desapercibido y su labor fue silenciada.

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