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Bravos toreros con desigual victorinada

Álvaro Lorenzo corta el único trofeo en una tarde con muchos matices en la que destacan también Escribano y Fortes en Bilbao

  • Escribano coloca un par «al violín» / EFE
    Escribano coloca un par «al violín» / EFE

Tiempo de lectura 4 min.

19 de agosto de 2018. 22:15h

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Patricia Navarro Bilbao. 19/8/2018

El riesgo fue un hecho verídico. Palpable. Tétrico. El que pudimos paladear, justo después de que se nos atragantara y tuviéramos que digerirlo con el fin de que no se convirtiera en bola y asfixia. Concatenación real de hechos de un aficionado. Era el cuarto. El cuarto toro de Victorino y estaba Manuel Escribano sentado en el estribo como si no hubiera tiempos. Y no los debe haber cuando en las décimas de segundo que vienen está tu integridad en juego. Apenas dos metros separaba al toro del torero y un par de banderillas en la mano. No más. Por los adentros. Miedo. Se escuchaba la respiración ajena. Un susurro. Una bocanada. Oxígeno para los temerosos. Fuego en el fuego. En lo inverosímil, ante el estupor y la cara que se gira por el temor a no querer ver el desenlace, Escribano le prendió el par de banderillas al quiebro y por los adentros. Y la respiración de después, un hundimiento propio. Soltó la cara el toro sin consideración en la muleta y en una de esas se lo llevó por delante. Le estaba avisando. Regresó Manuel con el valor íntegro y logró resolver por el derecho. Ni uno tenía al natural. Cazaba el Victorino. Era la primera corrida de la Semana Grande. Un plato fuerte la de Victorino Martín. Duro de digerir, de procesar para mentes urbanas, corrientes y frágiles. Victorino es puerto de montaña que se suma al otro puerto de montaña que supone en sí la plaza de toros de Bilbao, con esa arena negra que se mete en las entrañas con un punto inquietante. Ocurre ahí abajo la seriedad del toro, se impone por encima de la media de las plazas, donde suena la música y la fiesta... Y el jolgorio. Aquí suena por dentro, cuando hablamos de la musicalidad del toreo. No siempre ocurre. He aquí el misterio. El misterio del toro bravo. Escribano, Manuel, que abría el cartel de la corrida de Victorino cumplió con su tradición de irse a la puerta de toriles a recibir al toro y salió el animal disperso y hasta que no llegó casi a la mitad del ruedo no se dio cuenta de aquello. De la gesta de esperarle de rodillas capa en mano. Imagen, si la sacamos de contexto, absolutamente de locos. Y en el contexto también. No quiso caballo «Patudo» y flojeó, punto negativo para el ganadero de Galapagar, pero tuvo ritmo y buena condición. De ahí que le dejara a Escribano ponerse por ambos pitones en una faena larga pero inconexa, sin esa estructura que dejara algo que decir, más allá de su incondicional actitud que es innegable. Calidad del toro.

Bravos toreros con desigual victorinada

«Milhijas» tuvo nobleza y si me apuras buena condición, pero le faltó fondo y forma. Fondo para aguantar en la muleta, para empujar de verdad y que la faena de Jiménez Fortes trascendiera de veras. Resultó puro el trasteo y hasta repleto de relajo en algunos momentos, por la diestra, pero costaba encontrar la transmisión porque el animal iba con lo justo y porque no es lo esperado en este tipo de ganaderías. Apretó el quinto en la muleta de Fortes. Y le cazó. Ni se miró, pero le sangraba la corva de la rodilla. Volvió a la cara, como los valientes. Ni un guiño ni un cambio en el gesto. Y no era una broma, porque el toro medía cada segundo minuto y resultado y era un trago. Lo pasó con las armas del valor y la honestidad

Bravos toreros con desigual victorinada

Álvaro Lorenzo no cambió sus maneras a la hora de enfrentarse al tercero, que mejoró el toro en la muleta. Se dejó hacer el animal, sin demasiada codicia y desentendiéndose en la salida, pero lo suficiente para que Álvaro Lorenzo fuera montando la faena hasta llegar a cortarle un trofeo después de una estocada que fue suficiente. Tiró de oficio y buena voluntad. Costaba ver al sexto, porque no acababa de definirse la cosa. Lo hizo del tirón cuando le cogió la distancia, le citó con los vuelos y esperó. Ahí era el toro y el toreo canela en rama, pero fue difícil repetirlo. La faena se alargó y se valoró la disposición. Bravos toreros con una desigual corrida de victorino, en la que no hubo el toro estrella, pero tampoco nos aburrimos.

Bilbao. Segunda de la Semana Grande. Se lidiaron toros de Victorino Martín. 1º, de clase, descuelga y humilla, pero muy flojo; 2º, justo de fondo y poder; 3º, manejable, va y viene, sin demasiada codicia; 4º, encastado, complicado y peligroso; 5º, complicado y peligroso; 6º, reservón, desigual pero con buen fondo. Menos de media entrada.

Manuel Escribano, de gris plomo y oro, estocada (saludos); dos pinchazos, estocada (vuelta al ruedo).

Jiménez Fortes, de malva y oro, estocada tendida (saludos); estocada caída (saludos).

Álvaro Lorenzo, de grana y oro, estocada punto trasera y desprendida, aviso (oreja); aviso, estocada, dos descabellos (saludos).

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