Cartagena y Galán, a hombros con una desigual corrida de Capea

Ventura, con el peor lote, sólo logró una oreja

Andy Cartagena clava al violín por los adentros, ayer, en Albacete
Andy Cartagena clava al violín por los adentros, ayer, en Albacete

Albacete. Octava de la Feria de la Virgen de los Llanos. Se lidiaron toros de Carmen Lorenzo y San Pelayo (2º, 4º y 5º), de correcta presentación y juego desigual. El 2º y el 5º, los de mejor son. Lleno en los tendidos.

Andy Cartagena, pinchazo, rejonazo (oreja); rejonazo trasero y caído (oreja con fortísima petición de la segunda y tres vueltas al ruedo). Sergio Galán, pinchazo, rejón, pie a tierra, descabello (ovación); rejonazo (dos orejas). Diego Ventura, dos pinchazos, rejonazo (silencio); pinchazo, pie a tierra, descabello (oreja).

Que el público asistente a los festejos de rejones es completamente diferente y distinto al que acude a una corrida a pie es algo palmario. Pero, por si había alguna duda, ayer, en la corrida de rejones del abono de la feria de Albacete, se volvió a demostrar.

El cuarto toro, parado y receloso, no prestaba gran interés por Andy Cartagena y sus caballos, así que el de Benidorm se dedicó a poner en práctica toda suerte de alardes y adornos que encendieron a la concurrencia, que estalló cuando, a los sones de «Paquito el Chocolatero», Cartagena puso a «Pericalvo» a bailar siguiendo el compás de este popular pasacalles. La plaza se puso en pie, olvidando y obviando cualquier rigor taurómaco y pese a que el rejonazo con que puso punto final a su actuación cayó bajo y muy trasero, le pidieron, y consigueron, una oreja que le sirvió para abrir la puerta grande. Solicitaron una segunda, pero el presidente se mantuvo inflexible y no la concedió, siendo abroncado y obligado el jinete a dar hasta tres vueltas al ruedo.

Ya había logrado otra oreja del que abrió plaza, al que templó muchísimo para fijarlo y gustaron las piruetas que hizo en la cara del toro para banderillear, esforzándose y arriesgando para sacar todo lo que tuvo un astado que se apagó pronto.

También salió a hombros Sergio Galán, mucho más sobrio pero no por ello menos eficaz, subiendo poco a poco la intensidad de su primera actuación, citando siempre de frente y clavando con facilidad y academia. A la hora de matar pinchó en una banderilla y al tener que descabellar pie a tierra se evaporó su opción de oreja.

Pero se resarció con el codicioso quinto, al que recibió a porta gayola y paró con «Vidrié» haciendo una extraordinaria demostración de técnica y doma, para dar luego siempre el pecho para citar y luciendo al banderillear a dos manos.

El lote menos agradecido del desigual encierro de Niño de la Capea -en el que hubo toros de Carmen Lorenzo, primero, tercero y cuarto, y de San Pelayo, el resto- fue para Diego Ventura. Su primero fue muy desentendido, apretando mucho cuando se arrancaba, pasando incluso algunos momentos de apuro. Recibió con la garrocha, metido en el mismísimo callejón de chiqueros, al sexto, otro animal que se paró pronto y que acusó su gran peso, llegando hasta echarse al final de su lidia y estando un buen rato en el suelo recuperando el resuello. Antes Ventura lo tuvo que hacer todo él para intentar igualar a sus compañeros pero sólo pudo rebañar una oreja.