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Daniel Crespo, del banquillo a exhibirse con las figuras en El Puerto de Santa María

  • Daniel Crespo, en una imagen de archivo
    Daniel Crespo, en una imagen de archivo

Tiempo de lectura 4 min.

24 de agosto de 2019. 02:42h

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larazon.es 24/8/2019

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El joven torero Daniel Crespo aprovechó la sustitución que cogió a última hora de Pablo Aguado para destaparse y triunfar en uno de los carteles estrella de la temporada en el Puerto de Santa María (Cádiz), en el que tanto El Juli como José María Manzanares se fueron de vacío.

El primero de Crespo fue un toro badanudo y hecho cuesta arriba, al que apenas hicieron sangre en el caballo ni para un análisis. El portuense llevó a cabo una faena técnicamente impecable, sin atosigarlo, un punto perfilero, pero en la que fue ahormando a su antagonista para acabar bajándole la mano y gobernarlo por completo.

Faena con exquisito sello estético en la que se exhibió una importante dimensión y resuelta de un estoconazo hasta los gavilanes que hizo rodar al toro sin puntilla. Oreja de ley.

Salió Crespo a por todas en el sexto, un toro con raza al que había que hacerle las cosas siempre por abajo. Y así lo hizo el portuense con algunas series sobre la diestra de trazo largo y con el estaquillador por debajo de la pala del pitón. Al natural quizás anduvo menos entonado, pero el público había entrado ya de lleno en una faena vibrante y culminada de otro espadazo. Oreja para él.

El primero de la tarde no tuvo nada de fuelle, y ya desde los primeros lances con el capote ya evidenció su poca casta. La faena del Juli apenas tuvo relieve. Muchos enganchones ante un animal de condición pajuna, al que mató de pinchazo y estocada.

Más movilidad tuvo el cuarto, al que José Antonio Barroso agarró una gran puyazo, dándole la ventaja al toro y colocando la pelota en la vara. El Juli empezó su labor con muchas ganas, pero pronto fue diluyéndose aquello a medida que le perdió el pulso al del Domingo Hernández, al que, además, toreó siempre por fuera. Mal con la espada volvió a recibir unas palmitas de consolación.

Manzanares se las vio con un toro sin cara ni trapío, que recibió lo suyo en el caballo antes que el alicantino lo muleteara con más ganas que gracia en una labor tropezada, sin pulso ni acople, epilogada por manoletinas y sin rúbrica con los aceros.

El quinto hizo bueno el refrán y fue el mejor de la corrida. Un toro que se movió mucho y bien, y que, además, exigió a Manzanares que mostró su versión más poderosa para recetarle pases sobre la diestra de notable calado, amén de los de pecho y una tanda al natural de mucho mérito.

Lástima que tras la estocada tardara en doblar el de Domingo Hernández, lo que hizo que se enfriara el ambiente y perdiera así el trofeo. Fue ovacionado.

► Ficha del festejo

Toros Garcigrande (1º, 3º y 6º) y de Domingo Hernández (2º, 4º y 5º), muy desiguales de presentación y de juego también variado. Encastados, quinto y sexto.

Julián López "El Juli", de nazareno y oro: pinchazo y estocada (palmas); pinchazo, media y descabello (palmas).

José María Manzanares, de burdeos y azabache: dos pinchazos, otro hondo y descabello (ovación); estocada (ovación tras aviso).

Daniel Crespo, que sustituía a Pablo Aguado, de tabaco y oro: gran estocada (oreja); estocada (oreja).

La plaza rozó el lleno en tarde de levante.

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