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El encierrillo de Pamplona, un silencio mágico

Los toros que protagonizarán el encierro son trasladados la noche anterior a pie. Un encierro en el que sólo intervienen toros, cabestros, pastores y silencio

  • Imagen del encierrillo de Pamplona / EFE
    Imagen del encierrillo de Pamplona / EFE
Pamplona.

Tiempo de lectura 2 min.

15 de julio de 2018. 17:58h

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Natalia Rivas.  Pamplona. 14/7/2018

Alboroto en la Plaza de Toros. Y en la otra punta de la ciudad, se hace el silencio. Todo tiene su momento. Y su ritual. Las Fiestas de San Fermín no son solo fiesta. Ni solo toros. Aunque es imposible poner en duda que la primera es consecuencia de la segunda. La tauromaquia de Pamplona es única y no empieza a las 8 de la mañana en la Cuesta de Santo Domingo.

Nos trasladamos al otro lado del río Arga. Concretamente a los Corralillos del gas. Ese lugar en el cual puedes cruzar la mirada con un Miura, a escasos metros de distancia. Donde se instalan los toros protagonistas de todos los Sanfermines. Son aproximadamente las 10 de la noche y un cohete anuncia el comienzo de un encierro desde allí.

El encierrillo es una de esas tradiciones de toda la vida que conserva Pamplona. No es más que el traslado de los toros desde los Corrales del gas hacia los Corrales de Santo Domingo, desde donde comenzará el encierro al día siguiente. No obstante, es uno de los momentos que consigue poner los pelos de punta. Y es que el silencio y la oscuridad hacen del encierrillo un momento realmente único. Del mismo modo que es único el hecho de estar dentro, puesto que el ayuntamiento de Pamplona sortea durante los primeros días de junio un total de 2.800 pases, 175 dobles cada día.

El preámbulo

Correr encierros podría considerarse un deporte (de riesgo) para el cual, al contrario de lo que gran parte de la gente piensa, hace falta preparación, física y mental. Son muchos los factores que se deben tener en cuenta en una carrera de este tipo y, como no podía ser de otra manera, el principal (y el factor más variable) son los toros. Así, el encierrillo se podría considerar como una previa de ese encierro. Un total de 300 metros en los que algunos corredores observan con atención las características de los astados. Es el caso de Iván García, un gran aficionado que se traslada cada año a Pamplona desde Cádiz para correr sus encierros. «Sobre todo me fijo en si van hermanados o no y en la velocidad con la que hacen el recorrido», cuenta. Sin embargo, «es imposible predecir el comportamiento que los animales van a tener por la mañana, puesto que se introducen muchos factores nuevos, como son los miles de corredores y el ruido», continúa.

Pamplona guarda muchos secretos. Todos en torno al toro. Todos por y para las corridas de toros de cada tarde. Y ahí está la magia.

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