La corrida péndulo

Sebastián Castella abre la puerta grande con un toro de vuelta al ruedo

Sebastián Castella
Sebastián Castella

Sebastián Castella abre la puerta grande con un toro de vuelta al ruedo

- Albacete. 10 de septiembre. Tercera de feria. Casi lleno.

- Cinco toros de Montalvo y uno, primero, de Hnos. Lozano. Muy bien presentados y de poco juego excepto tercero y cuarto, premiado éste con la vuelta al ruedo.

- Sebastián Castella (de pavo y azabache), seis pinchazos y seis descabellos, silencio con aviso; entera, dos orejas tras otro aviso.

- Miguel Ángel Perera (de verde hoja y oro), pinchazo y estocada caída, silencio; pinchazo, estocada y dos descabellos, ovación.

- José Garrido (de púrpura y oro, entera, oreja; casi entera y dos descabellos, silencio con dos avisos.

- De las cuadrillas destacó Javier Ambel.

La tercera función del abono discurrió en un puro vaivén y en forma de bloques. Todo, claro, en función del toro.

La primera parte, correspondiente a la lidia de los dos primeros toros, fue pura desesperación. El que abrió plaza, un astado de Hermanos Lozano tan serio como renuente, no acabó de romper y Castella se perdió con él en probaturas y experimentos que, pese al mucho rato que estuvo intentándolo, no dieron resultado alguno. Para colmo se eternizó con los estoque.

Tampoco el segundo, asimismo muy serio, tuvo claridad alguna. Dio mucha guerra en los primeros tercios y no tuvo luego ni fijeza ni interés alguno por la muleta de Miguel Ángel Perera, que pese a su buena voluntad no logró sacar nada en limpio.

La cosa cambió con el tercero, con el que José Garrido arrancó las primeras ovaciones de la tarde al veroniquearle. Lo sacó luego con mucha torería a los medios, donde fue domeñando las en principio desabridas embestidas de un toro que no se entregó fácilmente y le puso las peras muy a cuarto al torero extremeño. Poco a poco le fue rebajando su fiereza a base de garra y mano baja y el que el animal cayese a sus pies tras una gran estocada le valió la primera oreja de una tarde que alcanzó su cenit con el cuarto, un ejemplar que empujó en el caballo y fue siempre a más. Castella, que también se lució en su recibo capotero y en un quite por chicuelinas y tafalleras, tuvo una primera mitad de faena, sobre la mano diestra, brillante y asentada, llevando muy toreado a su oponente, con temple, ligazón y pies clavados a la arena. Pese a la bravura del astado su labor fue perdiendo tono aunque el acierto con la espada le valió la puerta grande.

Luego, los dos últimos toros tampoco colaboraron y ya no hubo más. El quinto flojeó de salida y pese a exhibir una nobleza humillada duró un suspiro y dejó a Perera compuesto y sin material para el lucimiento. Con el sexto Garrido salió dispuesto a redondear su balance pero un desarme al inicio de su faena puso todo cuesta arriba. El toro se fue apagando por momentos y acabó derrengado y rajado y a Garrido, pese a su esfuerzo, sin salida a hombros.