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La leyenda del infalible

Enrique Ponce se lleva la única oreja de una tarde muy condicionada por la falta de fuerza del ganado, de la ganadería de Núñez del Cuvillo

Valencia. Décima de feria. Se lidiaron toros de Núñez del Cuvillo, primero y tercero corridos como sobreros, bien presentados y nobles pero sin fuerza. Saludó tras parear al sexto Ángel Otero. Casi lleno.

Enrique Ponce, de grana y oro, entera (ovación), y pinchazo y estocada (oreja tras aviso).

Sebastián Castella, de turquesa y oro, entera (silencio); y dos pinchazos, media (silencio con aviso).

David Mora, de verde manzana y oro, entera (vuelta); y entera (palmas).

Dos fueron los factores que fallaron en la corrida del día grande de la feria de Fallas: el tiempo –con lluvia racheada que incomodó al público que casi llenó el coso de Monleón– y, sobre todo, la poca fuerza de los toros de Núñez del Cuvillo, tan poca en algún en caso que hizo inútiles los esfuerzos de sus matadores por agradar.

Quien no falló fue, cómo no, Enrique Ponce, quien en su vigesimoséptima aparición en este serial –no ha fallado nunca desde que tomó la alternativa– volvió a tirar de sus tantísimas virtudes para sacar partido del único toro de su lote que medio tuvo opción.

Hubo que aguardar a su segundo turno para que la función se fuese hacia arriba. Ese cuarto toro, tampoco un dechado de energía, tuvo más clase y Ponce lo vio claro enseguida. Lo cuidó y mimó en los primeros tercios, acariciando luego sus embestidas, dejándole respirar, tirando siempre de él con sutiles insinuaciones y dando otra lección, la enésima, de ciencia lidiadora en una faena larguísima –sonó un aviso antes de cambiar de estoque–, de menos a más y de intensidad creciente que emborronó al írsele la mano muy abajo al matar.

El toro que abrió plaza fue devuelto por su evidente falta de fuerzas cuando los banderilleros de Ponce ya llevaban los rehiletes en las manos. Tampoco el sobrero podía con el rabo y el de Chiva se esforzó por cuidarle y afianzarle, dándole confianza y seguridad. Intentó ir alargando sus embestidas pero el animal no podía contestar al más mínimo requerimiento, quedando todo en otra demostración de temple y paciencia.

Se tuvo que esperar a que saliese el quinto –segundo sobrero ya sobre el albero– para ver a un toro que ni doblaba ni perdía las manos. Un astado que sin gran empeño empujó en varas y tomó el engaño aún rebrincado con codicia y fijeza, permitiendo a David Mora –a quien Ponce brindó su primera faena– lucir en un trasteo firme y seguro, bajando mucho la mano y toreando con gusto y temple mientras su oponente tuvo gas. Y mucho menos tuvo el sexto, un marmolillo con el que sólo cupo voluntad.

Tan justito de fuerzas estuvo el segundo que apenas tuvo para mantenerse en pie mientras duró su lidia. Castella toreó luego estático y voluntarioso pero la pobre condición del cansino y claudicante animal propició pronto el punto final. El quinto bis, cogido con alfileres, aguantó una faena arquetípica de Castella –pases cambiados por la espalda, toreo en redondo y progresiva reducción de la distancia hasta terminar metido entre los pitones– premiada con aplausos al tardar el matar.

Por la mañana, en la tradicional corrida de rejones del San José, Andy Cartagena fue el gran triunfador al cortar una oreja de cada uno de sus toros –logrando así su séptima puerta grande en esta plaza– en una actuación inteligente y capaz. Diego Ventura, muy por encima de sus astados y para el que se pidieron con fuerza trofeos, y Lea Vicens –que sigue a más– fueron ovacionados al rajarse pronto sus toros, de Fermín Bohórquez bien presentadas pero justas de fuerzas en el último tercio, lo que condicionó en gran parte la actuación de los jinetes.

El cartel de hoy

Toros de Juan Pedro Domecq para El Fandi, José María Manzanares y Cayetano Rivera.