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La terna a hombros en la Santamaría de Bogotá

El Juli, Luis Bolívar y Andrés Roca Rey se fueron a hombros de una Santamaría colmada de público, en la primera corrida del abono bogotano.

Los ases de la tarde, El Juli, Luis Bolívar y Andrés Roca Rey, se fueron a hombros y en olor de multitudes, tras cortar seis orejas en la primera corrida de abono de la temporada bogotana.

Y qué mejor marco que el de una plaza llena, hasta las banderas, muestra viva de la que la fiesta brava tiene audiencia en la capital colombiana.

El festejo, sin consumo de licor en los tendidos, por decisión oficial, encontró en las manos doctas de los alternantes la fórmula del éxito. No solo para alcanzar el triunfo sino para empujar un discreto encierro de Juan Bernardo Caicedo, al que le faltó bravura.

Fue así como entre la falta de fuerza, algún aparente problema en los cuartos delanteros y los kilos de más, el primero de la tarde se marchó en medio del anonimato y de la bronca. El Juli quiso, pero no había de dónde.

En cambio el segundo de la dehesa de Juan Bernardo Caicedo tuvo fuelle para ponerse a las órdenes del capote templado de Luis Bolívar.

Luego de pelear en el caballo, mostró arrestos en la muleta, aunque solo sobre el pitón derecho, en donde el diestro colombiano pudo mostrar temple y mando. A la hora del pitón izquierdo las cosas cambiaron de manera diametral y el animal se puso a la defensiva. Oreja sin mayor eco.

Y el que embistió, y con bravura a fondo, fue Andrés Roca Rey, encastado y sin regalarse nada en el tercero de la corrida, un manso que vio a su lidiador convertido en amo y señor del ruedo de la Santamaría.

Ahí, en los bajos del tendido de sol, el peruano enseñó las razones de ser primerísima figura, más allá de las pobres condiciones de su enemigo. Espadazo y puerta grande por adelantado, la cuarta consecutiva en este albero.

Por supuesto, la respuesta de El Juli no iba a dar esperas. El madrileño enseñó su poder en todos los tercios ante un toro que tuvo la cualidad de moverse y ser noble.

La lentitud y el sitio se juntaron para dibujar momentos de arte, complemento ideal al mando que impuso el torero español, sin despeinarse. Una espada con su sello particular trajo como premio las dos orejas justas.

El quinto sacó la cara por la divisa del ganadero y empresario. Plantó cara en los medios y allí obligó a Luis Bolívar a sacar lo mejor de su repertorio.

La mano derecha encontró mejor respuesta en ese pitón. Por el izquierdo no hubo química y la faena fue de más a menos. Oreja y palmas al toro en el arrastre.

Y la versión del Roca Rey hecho enjundia debió brotar en el cierre para rescatar a un ejemplar rajado, con el que se vio obligado a entenderse en los adentros. Hubo cogida sin consecuencias. Palmas.