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Lo que quiere la gente

La Razón
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Como no soy político, a Dios gracias, manifiesto que yo sí voy a las corridas de toros. Desde luego, acudo al reclamo de fechas glamurosas como la tradicional goyesca en Ronda. En pocas fechas tan brillantes sobre el papel como el homenaje a Pedro Romero en la sugestiva ciudad de los toreros machos.

Como no soy político, no necesito justificar mi afición a los toros por el hecho de que la cultura, las actitudes y la ideología moral de este viejo país se explique gracias al arte del toreo. Soy aficionado porque lo llevo en el alma y eso me invita a recorrerme la piel de toro temporada tras temporada.

Como no soy político y digo lo que pienso, no necesito dar el cante como Pedro Sánchez que se mete en un charco diciendo lo único claro que se le ha escuchado desde quiere ser jefe de la cosa socialista.

Como no soy político, tampoco me importa lo que quiera la gente. Y si la gente desea corridas como la de Ronda 2014, pues allá ella. Soy taurino pero eso no significa comulgar con este espectáculo menor en el que se ha convertido esta temporada. Ganados de escasa transmisión, de lo cual es magnífico ejemplo el hierro de Zalduendo en año de transmisión de la propiedad, sin mucho cuajo, fuerzas justas y planteamientos dialécticos frente a los toreros que no requieren muchas exigencias. Esos mismos a los que se les cayeron tres pitones por la cepa, siempre el izquierdo, el día de las casualidades y anécdotas de la corrida del Puerto de Santa María. Y si la gente quiere la versión estética de un Morante cada vez más preocupado de la forma que del fondo, las voluntades de El Juli y los éxitos que no emocionan de Miguel Ángel Perera, pues fenomenal para la gente.

Como no soy político, no me preocupa la opción de la gente, cosa que sí debería preocupar a las lumbreras de Podemos o al profesor socialista. El hecho es que si la Fiesta de los toros es fuerte, siendo aficionada medio país al arte de Cúchares, las salidas de pata de banco de los agitprop políticos, deberían ser relevantes. Ahora bien, como ya pasó en Cataluña, en San Sebastián, sin olvidar La Coruña, si lo que quiere la gente es esto, tendrán razón los profetas antitaurinos.