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Román corta la única oreja en la que fue la última corrida de El Soro en Valencia.

  • El torero valenciano Román, único matador de toros que cortó una oreja en el festejo
    El torero valenciano Román, único matador de toros que cortó una oreja en el festejo

Tiempo de lectura 4 min.

16 de marzo de 2016. 22:17h

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16/3/2016

Valencia. Sexta de la Feria de Fallas. Se lidiaron toros de Niño de la Capea, bien presentados pero mansos y de poco juego. De las cuadrillas destacaron Raúl Martí, César Fernández, Sergio Pérez y El Sirio. Dos tercios de entrada.

El Soro, de azul noche y oro, bajonazo (pitos) y pinchazo y estocada (silencio).

Jesús Duque, de tabaco y oro, pinchazo y media estocada (ovación); y pinchazo y estocada (palmas tras aviso).

Román, de tabaco y oro, pinchazo y media estocada (ovación); y pinchazo y estocada (palmas tras aviso).

Justo un año atrás, el 16 de marzo de 2015, El Soro veía cumplir su sueño: volver a torear, vestido de luces y en fallas, en Valencia. Lo hizo, además, con brillantez y la plaza, llena, se puso de su parte de manera incondicional hasta el punto de que Ponce, que celebraba su vigesimoquinto aniversario de alternativa, y Manzanares pasaron casi desapercibidos. 366 días después (éste es año bisiesto, ojo), El Soro volvía a torear en Valencia. Pero las cosas ya no salieron igual. Para empezar, hubo menos gente en los tendidos; la corrida de Niño de la Capea -con lotes de a dos de Carmen Lorenzo, (primero y sexto), San Pelayo (segundo y cuarto) y el propio Capea, los restantes- no fueron como los nobles y manejables toros de Juan Pedro Domecq que lidió entonces. Ahora saltó un conjunto serio, eso sí, pero en general manso y de muy poco juego.

Con el que abrió plaza, al que el de Foyos dejó que en el caballo le dieron lo suyo y la propina, permitió que la lidia la llevase su cuadrilla y el segundo tercio en manos del peonaje. No lo vio claro en ningún momento y tras un par de mantazos tomó el estoque de verdad y lo mató como pudo.

Se estiró al veroniquear al cuarto y se hizo ovacionar con las chicuelinas con que quitó tras cuidar mucho que no se le pegase al toro en varas. Le pidió la gente banderillas pero dejó su trámite a los de plata, un tercio en el que se acabaron las fuerzas de su adversario, que llego a la muleta muy parado y topando más que embistiendo, haciendo inútiles los esfuerzos de El Soro para lucir en lo que será su última actuación en una plaza en la que ha sido santo y seña.

Pero así es la vida, una rueda. Y si, también el año pasado, su actuación en fallas le hizo a Román pasar un año en blanco, ahora le debe servir para volver a entrar en ferias y carteles. Su primero manseó de salida, lo que no impidió que el torero valenciano, muy activo toda la tarde, se luciese al torear de capa y en un quite por saltilleras. Muy dispuesto y decidido, se echó de rodillas para iniciar su faena, tragando mucho y bajando la mano en busca de someter a un astado que al que no dejó rajarse. Muy por encima de su oponente, aceptó la pelea en tablas cuando el de El Capea acabó refugiándose en terrenos de chiqueros, arriesgando mucho y dejando claro que no había venido a pasar el rato, perdiendo la oreja al matar mal. Una larga a porta gayola y otras tres más de rodillas conformaron su saludo al sexto y dejaron clara la disposición de Román, valiente hasta la temeridad para buscar lucimiento con un toro rebrincado y tendente a pararse, dándose un arrimón de infarto que debe tener más recompensa que la oreja que paseó al final de la corrida.

Manseó descaradamente el segundo, que no saltó al callejón por su poca fuerza, pero en el último tercio, aún con sosería, su mansedumbre le hizo obediente, dejando a Jesús Duque mostrar sus buenas maneras y clase es una faena de corte derechista y templada que finalizó metido entre los pitones, llevándose una voltereta al entrar a matar. Estremeció a la plaza con el pase cambiado con que inició su segunda faena, en la que trató de ir templando la movilidad pegajosa de un toro que tuvo emoción y peligro por el pitón izquierdo. Duque puso todo de su parte en otro trasteo larguísimo y sincero que se quedó sin premio al tardar mucho en doblar el toro.

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