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Vuelta al ruedo de Ademe y Jesús Enrique Colombo en una desdibujada corrida de las Seis Naciones

  • Bolívar al ser enganchado por el segundo toro, sufriendo un «puntazo con hematoma en tercio superior de la pierna derecha»
    Bolívar al ser enganchado por el segundo toro, sufriendo un «puntazo con hematoma en tercio superior de la pierna derecha»

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01 de junio de 2018. 07:31h

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Patricia Navarro Madrid. 31/5/2018

Las Ventas (Madrid). Seis Naciones. Se lidiaron toros de El Pilar, desiguales de presentación. El 1º, manejable; el 2º, movilidad y repetición pero incierto y complicado; el 3º, manejable; el 4º, repetidor y con la transmisión justa; el 5º, va y viene sin entrega; el 6º, mansito y a menos. Menos de tres cuartos de entrada.

Juan Bautista, de burdeos y oro, pinchazo, metisaca, media (silencio).

Luis Bolívar, de rioja y oro, estocada baja, aviso (silencio).

Juan del Álamo, de blanco y plata, metisaca, pinchazo, aviso, estocada corta caída (silencio).

Joaquín Galdós, de azul marino y oro, tres pinchazos, dos avisos, media, dos descabellos (silencio).

Luis David, de canela y oro, estocada tendida (vuelta al ruedo).

Colombo, de berenjena y oro, aviso, estocada (vuelta al ruedo).

El contraste era un puñetazo en la barriga, por no caer en algo soez nada más empezar. El contraste con lo que había hecho Castella el día anterior incluso Ponce con un toro difícil. Nos enfrentábamos al invento francés de Simón Casas de la corrida de las Seis Naciones, con seis toreros a una sola carta, a un solo toro, sobre la que sustentaba la creatividad de la Feria de San Isidro. A falta de... Compramos lo que haya. Lo que nos dejen, mientras nos dejen. El Mundial del toreo. Su universalidad. A pesar de que la feria ya salió con un punto de partida pobre donde los haya. Las figuras cuestan. Son caras, dicen. Y ronda en los mentideros taurinos que ahí está el quid de la cuestión. Ya lo insinuó El Juli el otro día cuando debió abrir la Puerta Grande por méritos propios en su única tarde. No era su única tarde por decisión propia. Huele a podrido. También Madrid. Talavante abrió la Puerta Grande de la Monumental a la tercera por la vía de la sustitución. Y en un acto de generosidad tremendo, además, donó los honorarios. Dónde se habrá visto algo así después de jugarse la vida. Y si Tala se amarró a esa sustitución de Ureña como un yonqui fue porque no se pudo anunciar antes a más tardes, dicen, cuentan, las malas lenguas que acaban por convertirse en buenas vistos los hechos. San Isidro, que sí que es espejo de la tauromaquia mundial, más allá de la vendedora de humo, no puede, ni debe permitirse mediocridades. Madrid no llama a las empresas. Las empresas van a Madrid. Se entiende la infinidad de dificultades, pero es también una responsabilidad de calado profundo con la Tauromaquia la gestión de una plaza como esta. El experimento de los seis quedó anodino y desdibujado. El francés Juan Bautista lidió el primer toro de El Pilar del invento y vino a pasar el rato. Poco hizo a favor del toro, que no lo sacó de las rayas ni una vez ni se comprometió con él. El camino contrario tomó a la hora de matar. Desganada imagen. Al toro de El Pilar no le sobraban los bríos, pero también hay que leerles entre líneas. Eso es el toreo.

El colombiano Luis Bolívar no dejó secos como el toro le dejó a él de un trallazo tremendo. El pitón le pasó por la cara una y otra vez. Lo peor pasaba por la cabeza hasta que le vimos ponerse en pie. Y entero. Volvió a la cara del toro del segundo no tenemos muy claro en qué condiciones. El toro tenía miga, repetía y quería muleta; ahora otra cosa era la entrega. Había muchas complicaciones implícitas dentro de esa embestida y a la faena le costó levantar el vuelo que Madrid necesita. La espada se fue abajo donde estaban los ánimos.

Por España Juan del Álamo tiró líneas rectas y separadas con el tercero, que fue toro manejable y con buen pitón diestro. No era de bandera, sí para estar más reunido. Comprometido en las distancias, en el embroque, en el lugar por donde pasa el toro. Daba la sensación de que la tarde era un precalentamiento que no llevaba a ninguna parte. El peruano Galdós se fue largo con un cuarto, que se dejó hacer con duración aunque con escasa transmisión. Ni uno ni otro.

Luis David Adame anduvo firme y sólido con un quinto que iba y venía pero no se entregaba, no humillaba ni loco el toro. Poco tardó en venirse abajo. Solventó el mexicano con oficio y valor y se tiró a matar de veras. Se le pidió le trofeo y él por consecuencia se dio la vuelta, por su cuenta. Despedíamos con el venezolano Jesús Enrique Colombo, que sufrió un aparatoso golpe en la cara. El mansito arreaba hasta que se vino abajo y el torero con el temor del público metido en el cuerpo, mató pronto, y dio una vuelta al ruedo. Sí, pero no. Los Mundiales hay que ganarlos.

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