Sevilla

Pepe Moral, dos orejas para salir del olvido

El sevillano, con apenas una decena de paseíllos desde la alternativa, desoreja al bravo sexto para reclamar contratos

Media verónica de Pepe Moral al primero de su lote de ayer en La Maestranza
Media verónica de Pepe Moral al primero de su lote de ayer en La Maestranzalarazon

En La Maestranza (Sevilla), tradicional festejo del Corpus Christi, en el que se lidiaron reses de Montealto (2º, 4º y el devuelto 6º), Cayetano Muñoz (1º, 2º bis y 5º) y Conde de la Maza (6º bis), de buena presentación, astifinos y con cara. Deslucidos de juego, les faltó raza, salvo al sobrero 6º, bravo y de muy buen juego. Un tercio de entrada.

Agustín de Espartinas, de nazareno y oro, estocada (silencio); estocada (silencio). Antonio Nazaré, de verde manzana y oro, estocada, descabello, aviso, otro descabello más (saludos); pinchazo, estocada (saludos). Pepe Moral, de rosa palo y oro, estocada (vuelta al ruedo tras petición); estocada (dos orejas).

La recuperada corrida de toros del Corpus parecía una más en Sevilla. Pero, afortunadamente, no fue así. Y no lo fue porque un torero olvidado por las empresas, Pepe Moral, le dio luz y brillo en lo taurino a un día que siempre tuvo mucho lustre en el calendario festivo hispalense. Moral, de Los Palacios, buscó en La Maestranza el trono del toreo. Qué bien toreó al sexto de la tarde, un bravo e imponente sobrero del Conde de la Maza, al que ayudó a romper y lo convirtió en un excelente toro para el triunfo. Su faena a este morlaco fue maciza. Sus naturales, enormes. Templó y llevó muy largo a las cada vez más potables y poderosas embestidas del toro. Luego mostró también lo bonito que resulta el toreo en redondo cuando se baja y se lleva embebido las acometidas de un toro. Fue un placer verle torear, a pesar de ser su primera corrida de toros en las dos últimas temporadas. Después de la estocada, la petición del doble trofeo fue unánime. Antes ya había mostrado sus avales con el tercero de la tarde. En ese toro hubo también petición, aunque no suficiente. Vuelta al ruedo y la Puerta del Príncipe, a milimetros.

De nuevo, no se le notó en este tercero que apenas lleve una decena de paseíllos desde la alternativa. Presentó sus avales en las verónicas del recibo. Fue el preludio de una faena en la que puso decisión como tenía que ser y momentos de indudable calidad en el toreo sobre la mano derecha. Hubo profundidad y temple hasta que el colaborador animal se fue agotando y aplomando. Cada vez desistió más de embestir hasta renunciar a ello. Insistió el torero para que no se le escapara la faena. A punto estuvo de tocar pelo, lástima que el toro se apagara tan pronto.

Antonio Nazaré regresó a los ruedos después de la rotura del ligamento lateral en la rodilla que sufrió la fatídica tarde de la suspensión, con los tres toreros heridos, en el pasado San Isidro. Se encontró con un sobrero de Cayetano Muñoz, al devolverse el titular que blandeó en los compases iniciales, al que dibujó un trasteo estimable. De más a menos, destacó en especial el primer tramo. Mostró un toreo en redondo de mucha suavidad y temples. Hubo muletazos largos, muy jaleados por el público que se metió en faena. Al tomar la zurda, su fuerte tantas tardes, el toro se fue parando y les costó embestir mucho más. La faena se vino, por ello, a menos y tan sólo pudo saludar una merecida ovación desde el tercio. Tampoco colaboró el quinto, ante el que el de Dos Hermanas estuvo muy dispuesto. Se pegó un arrimón importante como recurso válido para no pasar desapercibido.

Cumplió Agustín de Espartinas con el manejo del capote en el animal que abría plaza. Alternó verónicas de buen corte con otras en las que le tropeceó más el engaño. Luego, en el último tercio, se mostró más voluntarioso que lucido. Se prodigó en los desplantes y el toreo de cercanías, sobre todo, cuando el astado de Cayetano Muñoz perdió gas y le costó ya mucho más desplazarse. Antes, dejó tandas sobre la derecha en las que faltó una pizca más de temple para evitar que le tropezara tanto la muleta. El cuarto animal, al que recibió a posrtagayola, ofreció pocas facilidades. Ante las escasas embestidas que tuvo, Agustín de Espartinas optó por una labor encimista y de poca conexión con el respetable.