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Santiago Martín «El Viti», leyenda eterna 40 años después

A sus 80 años sigue ostentado el récord de puertas grandes en Las Ventas y será homenajeado este San Isidro, cuatro décadas después de su retirada

  • Santiago Martín «El Viti», leyenda eterna 40 años después
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

30 de mayo de 2019. 18:24h

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Patricia Navarro.  Madrid. 30/5/2019

Ha pasado la frontera de los 80, pero mantiene intacta la barrera de la torería. Es Santiago Martín. Basta decir El Viti. Es Su Majestad. El maestro que antes fue del ruedo y acabó siendo de la vida. El torero salmantino cumple este año los 40 desde que decidió irse de las plazas, el 16 de septiembre de 2019 en Valladolid. Aquella tarde que acabó convirtiéndose en su último paseíllo. Vive en el retiro, siempre fi el escudero de la tauromaquia y eterno amante del toro que le vio crecer a espaldas de la negativa de su madre, a quien no le gustaba la tauromaquia. Ni a ella ni al abuelo. Así que su vocación se cultivó en secreto hasta que pasados los 16 compuso una cuadrilla de chavales y se autoproclamó el torero en las fiestas del pueblo casi de manera anecdótica. Acabaría por convencerla, a ella y a la afi ción salmantina donde empezó a fraguarse los primeros pasos del niño Santiago que vino al mundo en Vitigudino un 18 de julio de 1938. Se recorrió las tierras salmantinas de capea en capea y fue en la plaza de toros de Ledesma en la temporada de 1956 cuando se vistió por primera vez en su vida con el terno de luces. Cuarenta años después de su última tarde sigue ostentando el récord de ser el torero que más veces ha abierto la codiciada Puerta Grande de Madrid. En 16 ocasiones el torero sumó los trofeos necesarios para descerrajar el portón venteño, pero no sólo logró los triunfos, también la conquista del corazón de Madrid. Torero elegante y auténtico, de verónica pausada y grácil y personalísima media. Era El Viti esa búsqueda castellana de la pureza, la solemnidad y un temple que caracterizaría sus faenas y el concepto más sobrio de su tauromaquia. Hizo que la afi ción quedara dividida entre los que eran de Camino o de Viti en las décadas de los 60 y 70, poderosos líderes de la tauromaquia y el corazón de la afición en esos tiempos, mientras se podían deleitar con otros grandes de la época como Antonio Ordóñez, Diego Puerta o la magia eterna de Antoñete... Fue con Diego Puerta y con Camino con quien formó terna muchísimas tardes, además de una sólida amistad porque como el propio torero diría después «antes se convivía más en los viajes».

En Madrid, precisamente, aterrizó Santiago de novillero, con los 22 años cumplidos. Una tarde premonitoria de lo que vendría después. El joven de Vitigudino se entretuvo en sumar cuatro trofeos y dos Puertas Grandes ya en su etapa novilleril. Y fue aquí, en esta plaza, donde decidió convertirse en matador de toros con Gregorio Sánchez, como padrino de alternativa, y Diego Puerta en las veces de testigo ante toros de la ganadería de Alipio Pérez Tabernero. Será aquel vestido blanco y oro que estrenó aquella tarde del 13 de mayo de 1961 el que se podrá visitar en la exposición que albergará la plaza a partir del día 30 como homenaje al diestro en la sala Antonio Bienvenida. La tarde en la que se convirtió en matador de toros y a su vez logró la primera de las catorce Puertas Grandes como alternativado al desorejar a «Guapito» de Tabernero y a un sobrero de Escudero Calvo lidiado en sexto lugar. Paco Camino, con doce, y Antonio Bienvenida, con once, le siguen en el listado de Puertas Grandes de Madrid. El Viti mantuvo el honor y los valores durante toda su trayectoria, marcando el camino de la independencia en los despachos de la mano de Florentino Díaz Flores. Una lesión en el codo de novillero determinaría su forma de torear y del defecto supo hacer una virtud y dotar de personalidad a su toreo. Inconfundibles son sus larguísimos pases de pecho y por supuesto los afarolados, además de un gran estoqueador que brilló en la suerte de recibir, en la que mató con solvencia a un elevado número de toros a lo largo de su carrera haciendo la suerte con una lentitud extrema. Sufrió muchos percances durante su trayectoria y algunas cornadas graves y las asumió con esa austeridad castellana de ser parte del camino. Hace cuarenta años que se apartó de los ruedos, pero nunca de la pasión de su vida, la tauromaquia y su familia. El Viti sigue siendo todavía hoy un abanderado de los valores del toreo: la seriedad, el temple, la austeridad y el valor de la palabra con todas sus consecuencias. A los 80 años, Santiago Martín sigue siendo «Su Majestad». Y se le venera.

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