Talavante, silencios para el mejor

Gran toreo sin triunfo del diestro extremeño en la primera de las Colombinas en Huelva; Ponce y Fandiño pasearon sendas orejas

Derechazo de Alejandro Talavante al tercer toro de la tarde, ayer, en Huelva
Derechazo de Alejandro Talavante al tercer toro de la tarde, ayer, en Huelva

Huelva. Primera de la Feria de las Colombinas. Se lidiaron toros de José Luis Pereda y La Dehesilla (2º y 5º), bien presentados en su conjunto y de juego variado. Destacó el lidiado en cuarto lugar, noble y humillador. Media entrada.

Enrique Ponce, de celeste y oro, estocada corta (silencio), pinchazo, bajonazo (oreja). Iván Fandiño, de lila y oro, gran estocada (oreja); cuatro pinchazos (silencio). Alejandro Talavante, de nazareno y oro, dos pinchazos, estocada trasera (silencio); estocada, descabello (silencio).

Alejandro Talavante habia incendiado Twitter horas antes poniendo a parir al corrupto sistema que maneja el toreo, a la prensa que ampara el negocio de los mandarines de la Fiesta y a algunos de sus compañeros, que parece que no le han apoyado en esta guerra suya bonita y dura llamada independencia. Una guerra, por cierto, que no permite flaquezas ni errores, so pena de pagarlo muy caro, que es lo que le está pasando a él.

Apartado de la mayoría de las grandes ferias, en Huelva volvió a demostrar que es un torero soberbio. Con su primero, por la suavidad y clase con la que manejó capote y muleta, con ajuste, ritmo, armonía y caricia. Primorosamente. La faena fue una delicia de naturales, redondos, cambios de mano y trincherillas frente a un toro que embistió con sosería y docilidad. Una dulzura de toreo amargado por el mal uso del acero, que le privó del triunfo tangible de las orejas, pero que marcó artísticamente la tarde. Todo lo demás, antes y después de esa faena, pareció de lo más corriente... El sexto no tuvo ritmo ni clase, y Talavante estuvo muy por encima de sus dificultades. Los dueños del cortijo se frotan las manos: numéricamente, al rebelde se le fue la tarde en blanco.

Sin la más mínima posibilidad en el primer toro, un nefasto animal, Enrique Ponce se desquitó más o menos en el noble ejemplar que salió en cuarto turno, y que mejoró en el último tercio embistiendo siempre con el hocico por los suelos. El valenciano construyó una faena aparente, vistosa, ligerilla, con grandes dosis de estética especialmente en cambios de mano y ayudados, y tambien con muchos zapatillazos que retumbaban en la grada.

Cortó una oreja y otra se llevó Iván Fandiño por su pelea bulliciosa y bravucona con un castaño áspero y violento corrido en segundo lugar. Y sobre todo, por la gran estocada con la que entregó la fiera a las mulillas. El quinto, sin fuelle ni bravura, no le permitió batalla. Y hablando de batallas, la de Talavante no sólo será contra el toro, sino también contra las empresas y hasta contra el mundo. Se espera un verano tenso.