Un gran Emilio y una espantosa cornada a Castaño

Javier resultó herido en la barriga y De Justo perdió la Puerta Grande por la espada

El diestro Javier Castaño cogido de gravedad en Pamplona / EFE

Los toros de José Escolar se saltaron la que era ya casi su propia norma: quedarse un toro atrás en el encierro. No fue esta vez para dejarnos sin guión ya a eso de las ocho de la mañana. Así es la fiesta de los toros. En ese refugio de verdades a Javier Castaño el primer toro de la tarde, que tenía un metro de pitón a pitón, qué bárbaro ver a esa inmensidad cerca y a la misma altura, le marcó de salida para quitar la respiración y poner la cabeza a funcionar a la de ya. O igual no había segunda oportunidad. Fue en el saludo de capa, en uno de los primeros lances, cuando le puso el pitón en la pierna y le abrió la taleguilla de arriba abajo. Suerte que se quedó ahí. Ni le probó después con la muleta vista la experiencia. En cambio, tuvo buen son por el diestro hasta que se partió una mano. Solvente faena de Castaño que le costó entrarle a matar. A media altura iba y venía el cuarto toro de la tarde de Escolar, que como toda la corrida tuvo muchas complicaciones por el izquierdo, pero sí se dejó hacer por el derecho. Helados nos quedamos cuando al entrar a matar el toro le cogió de manera tremenda y le hirió, al parecer por la barriga. Se lo llevaron con urgencia y el rostro blanco a la enfermería. Qué mal cuerpo se queda y qué malos recuerdos vienen a la cabeza. Víctor Barrio, de cuya muerte justo hoy, día 9, se cumplen dos años nos ha marcado un antes y un después a la hora de enfrentarnos a las cogidas.

Serena, solvente y muy de verdad fue la labor de Emilio de Justo, que debutaba en Pamplona, al segundo. El toro tuvo muchos matices pero al menos se dejó hacer con un manejable pitón derecho y más dificultades por el izquierdo. Igualó la faena Emilio con su manera de estar y ser con el toro y multiplicó las virtudes, se las creyó, convenció y remató con la espada para cortar una merecida oreja, que cerraba con nota su presentación en los sanfermines. Lástima que la espada se le cerrara en cruz con el quinto, porque venía a dar carpetazo a un esfuerzo mayúsculo. Fue toro con casta, incierto y cambiante. Ante estas dificultades aplicó Emilio de Justo la calma, el aplomo, la entrega en una faena que no contó nunca con las fisuras de su parte, salvo cuando tomó la espada y se le abrieron de par en par a la vez que se le cerraba la Puerta Grande.

Gonzalo Caballero tuvo pocas opciones con un tercero sin entrega y en el sexto recaía el peso de la tarde. Pero salió por toriles un ejemplar de Escolar exigente y peligroso, que le lanzó por los aires según se puso por el pitón diestro en la primera tanda diestra. Brutal. No le hirió, pero a partir de entonces fuimos conscientes de que ahí pasaban cosas al filo de la navaja.