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Un soporífero y decepcionante espectáculo para abrir el verano en Las Ventas

  • Cristian Escribano, en una foto de archivo
    Cristian Escribano, en una foto de archivo

Tiempo de lectura 4 min.

24 de junio de 2019. 00:37h

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Javier López.  24/6/2019

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Una tarde soporífera y calurosa dio hoy el pistoletazo de salida a la temporada estival en Las Ventas, un pobre espectáculo en el que los de Dolores Aguirre decepcionaron sobremanera, y, en consecuencia, la terna de matadores pasaron sin decir gran cosa.

Alberto Lamelas pasó un trago con su primero, un toro serio y con dos guadañas por pitones que de salida marcó la querencia y se movió a base de secos arreones.

En el caballo apretó con fijeza y poder, pero una cosa es bajarle los humos y otra desangrarlo en dos durísimas varas, llegando al último tercio sin un pase, desentendiéndose y refugiándose en tablas, donde se defendía de cualquier afrenta con suma violencia. Imposible para el jienense que solamente pudo matarlo con decoro.

El cuarto fue también muy desagradable, un toro que nada más que cazaba moscas, correoso e infumable. Lamelas puso pundonor en una laboriosa y esforzada porfía, que, como no podía ser de otra forma, no fue a ninguna parte.

Escribano volvía a Madrid a tratar de redimirse después del desafortunado episodio con Carasucia en San Isidro.

Su primero fue un toro más vareado y lavadito de cara de lo que suele acostumbrar esta ganadería. Tuvo también la fuerza justa, y le faltó un tranco más en el último tercio, donde le costó entregarse.

El madrileño, que firmó unos torerísimos doblones en la apertura, llevó a cabo una labor correcta pero a la que le faltó un plus de ambición para salir de la zona de confort en la que se le vio. No es que estuviera mal, pero debió haber salido mucho más a morder.

El quinto, muy soso, no tuvo fuerzas ni recorrido alguno, de ahí el sinsentido de Escribano de eternizarse hasta el punto de aburrir al personal.

A la puerta de toriles se fue Gómez el Pilar a saludar a su primero, toro que blandeó en los primeros tercios, berreón, pero dejándose mucho en el último tercio.

Y el otro madrileño del cartel, que prologó faena también de hinojos en la misma boca de riego, anduvo entre notables intermitencias, sin acabar de encontrar los terrenos ni la tecla en lo fundamental, para argumentar la faena nada más que en lo accesorio y remates entre series, manoletinas incluidas.

A portagayola volvió a marcharse Del Pilar para recibir al sexto, el otro cinqueño del envío junto al segundo.

Variado con el capote, la faena de muleta no pudo pasar de voluntariosa ante un toro incómodo de verdad: mironcete, con la cara suelta y muy informal, de esos que parecen dar coba en las dos primeras arrancadas para acabar metiéndose con saña ya en el tercer muletazo. Qué difícil fue. Y qué ingrato.

FICHA DEL FESTEJO.-

Toros de Dolores Aguirre, serios aunque con desigualdades de hechuras, alzadas y remates, y de poco juego en conjunto. Manso, violento y huido, el primero; blando y soso, el segundo; el tercero se dejó sin más; bruto y sin clase, el cuarto; sin fuerzas y descastado, el quinto; informal e incómodo, el sexto.

Alberto Lamelas, de turquesa y oro: estocada corta perpendicular y atravesada (ovación); estocada un punto delantera (silencio).

Cristian Escribano, de blanco y oro: pinchazo y estocada corta rinconera (ovación); cinco pinchazos (silencio tras aviso).

Gómez el Pilar, de verde y oro: pinchazo y bajonazo (ovación tras aviso); cuatro pinchazos y dos descabellos (silencio tras aviso).

La plaza registró menos de un cuarto de entrada (7.242 espectadores, según la empresa) en tarde entoldada y de bochorno.

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