“Despacito”, al ritmo de Beethoven

La 1 estrenará en «prime time» «Prodigios», un «talent» de niños que despuntan en la música clásica, el bel canto y el ballet

  • Uno de los concursantes actúa ante la mirada de Nacho Duato y Ainhoa Arteta (de espaldas)
    Uno de los concursantes actúa ante la mirada de Nacho Duato y Ainhoa Arteta (de espaldas)

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12 de marzo de 2019. 03:19h

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Cecilia García 12/3/2019

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Hay «talents» para todos los paladares –los gastronómicos y musicales invaden las cadenas–, pero «Prodigios», que se estrenará próximamente en La 1 en colaboración con Shine Iberia, marca la diferencia. Más allá de que participen niños, los ejemplos abundan, los concursantes se dedican a disciplinas marginadas en el «prime time» como la danza, la ópera y la música clásica. Ante los prejuicios de que el formato sea un tostón, etiqueta que se le cuelga a cualquier espacio cultural, Boris Izaguirre –que es el conductor del espacio junto a Paula Prendes, que está en el «backstage» junto a los familiares de los aspirantes–, afirma: «Es un programa de televisión y, como tal, su principal cometido es que haya tensión, emociones y, en definitiva, entretenimiento. Iremos ''despacito'' (en referencia al tema de Luis Fonsi), pero al ritmo de Beethoven». Los 27 participantes son valorados por la soprano Ainhoa Arteta, el ex bailarín y coreógrafo Nacho Duato y el director de orquesta Andrés Salado. Los tres destacan que «es fascinante observarlos por su talento y disciplina, aunque no hay que olvidarse de que son críos como los demás». En varias escenas del programa se ve a Arteta llorar, «voy a ser la plañidera del país», comenta para destacar después que «no voy a ir de diva. Solo lo soy sobre un escenario. Ahí puedo ser la más porque interpretó roles sobrehumanos y estoy arropada por una orquesta».

El futuro es suyo

La vasca insiste en la importancia de un programa como este porque «los concursantes son los embriones de los que serán en el futuro los grandes músicos, cantantes y bailarines de este país». La relación de Duato con los niños es de respeto, «cuando les hacía correcciones en algunos pasos era muy correcto con ellos porque, aparte de demostrar sus habilidades, también están para aprender. No hay que olvidar que los bailarines son especiales porque son artistas y, además, deben tener las facultades de un atleta», comenta.

No tardan en llegar las reivindicaciones que trascendían al contenido televisivo. Primero, Izaguirre: «La educación y la formación son muy importantes porque es lo único que nos hace distintos y ser líderes». Duato se lamenta de que el ballet es el patito feo de las artes escénicas, «ya que, aparte de que se programan muy pocos espectáculos, apenas se reciben ayudas públicas». Asimismo, Salado advierte de que, más allá de las subvenciones, el problema está en que «cuando veo que tanto las artes plásticas como la música desaparecen de las asignaturas lectivas –las que los alumnos tienen que aprobar obligatoriamente para pasar el curso–, se me cae el alma a los pies».

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