Gala 0 de OT 2018, un regreso tan deseado como un café con sal

El formato vuelve a la televisión con un casting muy potente, aunque sin prescindir de Amaia y compañía. La resaca ocasionada por los últimos «triunfitos» es tan grande que primero habría que dejarlos marchar para empezar a interesarse por los nuevos. Si esto no se supera, difícilmente podrán cosechar el mismo éxito.

  • Luis, en un momento de su actuación
    Luis, en un momento de su actuación
Madrid.

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20 de septiembre de 2018. 04:38h

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Pedro del Corral.  Madrid. 20/9/2018

Hubo un momento anoche en que deseé que esta nueva edición de Operación Triunfo no comenzase. Fue tan solo un instante, pero la sombra de Amaia, Alfred, Aitana y compañía estuvo rondando en mi cabeza (y posiblemente en la de la mayoría de espectadores) durante las casi tres horas que duró la gala cero. Aunque no esperaba volver a ver a una talentosa músico versionando a Bowie, a un artista polifacético interpretando un clásico de Ray Charles o a una inocente todoterreno levantando al público al ritmo de Jessie J, fue casi imposible no acordarse de ellos, no recordar con nostalgia el fervor que despertaron entonces y no compararles con esta generación que acaba de entrar en la Academia. Ese es el gran hándicap al que se enfrenta (y se enfrentará) esta décima hornada de aspirantes: no ha habido tiempo suficiente para digerir tanto “triunfo”, para sentir la necesidad de descubrir a nuevos ídolos y para (sobre todo) implicarse tanto como ocurrió hace menos de un año. El empacho, como pueden imaginar, es enorme. Y la resaca, más que evidente.

Aún así, oye, hay ciertos malestares y desazones que merece la pena pasar. Y para eso no hay nada mejor que un buen bofetón de primeras: los 16 concursantes de la pasada edición abrieron la nueva interpretando “Camina”, su himno, para cerrar su más que trillada etapa. Pero lo que apuntaba como el final perfecto a un año de éxitos, parece que será una constante a lo largo de las próximas 13 galas (con concierto de “despedida” incluido el próximo 27 de diciembre en el Palau Sant Jordi). Toca aguantar la resaca (sí más) y seguir manteniendo vivo el recuerdo de quienes reavivaron un formato machacado. Teniendo en cuenta esto, resultó complicado centrar la atención en 18 aspirantes que pasaron por el escenario (muy bien renovado y redistribuido, todo hay que decirlo) para convencer a Manuel Martos, Ana Torroja y Joe Pérez-Orive en poco más de un minuto. En esta ocasión, la canción, el vestuario y la coreografía quedaron al gusto de cada uno de ellos, lo que dio lugar a números en los que los tres elementos brillaron y otros en los que falló casi todo. El nivel, no obstante, fue bastante alto.

La primera en actuar fue Marilia. Durante unos segundos retrocedimos a 2001 y vimos a Nuria Fergó cantar “Acuarela”, de Rosario Flores. Qué miedo. La sensación fue cuánto menos placentera, pero elegir una canción de Natalia Lafourcade ("Piel canela”) siempre es algo que agradecer. Démosle un voto de confianza, aunque solo sea por su buen gusto. Algo parecido le ocurrió a Damion (que no Doraemon ni Digimon) con “What do you mean?”, de Justin Bieber: una voz muy personal, aunque le falta mucho por mejorar. Justin, a pesar de la edad, se le quedó bastante grande. Julia (“Vuelve”, de Rozalén) y Famous (“Faith”, de Sing) tienen en su favor su voz. Fueron carismáticos, conectaron con el público desde el primer segundo y pisaron el escenario con decisión. Por eso, entraron y Damion se quedó en duda. Lo de Marilia aún lo estoy digiriendo.

Menos mal que en el siguiente grupo estaba Alba Reche. Derrochó personalidad. Su voz es peculiar y particular. Tuvo presencia y deslumbró al resto de su compañeros. Su versión de “Dangerous woman”, de Ariana Grande, fue una ideal carta de presentación. Todo lo contrario que Natalia (“Crazy”, de Gnarls Barkley), Rodrigo (“El sitio de mi recreo”, de Antonio Vega), María (“Cry to me”, de Solomon Burke) y Carlos Right (“Cómo mirarte”, de Sebastián Yatra). No tuvieron una buena noche: muchas dudas, malas elecciones y demasiadas estridencias. Hay canciones que no deberían tocarse nunca, ni en OT ni en ningún otro sitio. Y todos sabemos de cuál estamos hablando. Sin embargo, hay donde rascar (al menos, ninguno de ellos sonó a Juan Camus, Alejandro Parreño o Naim Thomas en sus inicios). OT es pasión y esfuerzo, lo que significa que las cosas pueden mejorar en una semana.

Y aquí puede que nos encontremos con el algunos de los claros finalistas del concurso: Miki y Noelia. El primero cantó “Prefiero” (Antílopez) con soltura, pasión, decisión. Sintió cada nota y cada palabra. Cuando se produce esto, no hay muro que pueda parar el poder de la música. De hecho, fue lo que le ocurrió a Alfred y Amaia el año pasado (recordemos la bochornosa decisión de jurado de dejar a la pamplonica en duda tras cantar “Starman”, de Bowie). Noelia, por su parte, clavó sus tacones en el escenario y protagonizó una de las mejores interpretaciones de la noche. Su “River”, de Bishop Briggs”, fue precisa, integral, sentida. Alfonso (“Pégate”, de Ricky Martin), Dave (“Sea”, de Jorge Drexler) y Sabela (“Bachata Rosa”, de Juan Luis Guerra) quedaron un tanto ensombrecidos.

La intervención de Luis (“Carta de buena”, de Efecto Pasillo) llegó marcada por la polémica que horas antes publicaron varios medios de comunicación: algunos seguidores cuestionaron su talento musical y opinaron que el joven barcelonés no posee las dotes musicales necesarias para entrar en la Academia. También acumuló críticas por su vida personal: una imagen del aspirante provocó un aluvión de insultos y comentarios. La fotografía le mostraba acompañado del Rey Emérito, Juan Carlos I, con el que coincidió en una competición. Lo que sumado a una vaga actuación, floja e insulsa le valió la penalización del jurado y del público. El resto estuvieron correctos (Joan Garrido, que cantó “Let’s stay toguether”, de Al Green; y África, “Tuyo”, de Rodrigo Amarante) con la agradable excepción de Marta (“Superstar”, de Jamelia) que podría dar la sorpresa conforme avance el programa.

De los 18, seis quedaron en duda: Damion, María, Rodrigo, Sabela, Carlos Right y Luis. Quizá fueron los mas flojos de la noche, pero también los que menos consiguieron empatizar con el público. Los dos primeros cruzaron la pasarela gracias al voto de confianza del jurado. Hasta aquí todo correcto. “Habéis estado estupendos”, señaló Noemí Galera, directora de la Academia, momentos antes de salvar a Sabela. Su actuación fue insípida, carente de cualquier moción. Cantó bonito, pero nada más. Aunque las alternativas tampoco eran mejores. Finalmente, Carlos Right se unió al resto de compañeros con más pena que gloria, aunque arrasando con el 42 por ciento del público. Luis se quedó con el 21 por ciento y Rodrigo con el 37. Con un poco de suerte, podrán volver a presentarse el año que viene.

Ni “sapoconchos” ni aguacates

219 días es el tiempo que ha tardado el Operación Triunfo en volver a la parrilla televisiva. Desde que se proclamó Amaia ganadora, muchos han sido los comentarios en redes sociales sobre los perfiles que debían entrar a concursar. La realidad es que si bien algunos son completamente distintos, otros son tan similares como prescindibles. Ahí está la (des) gracia. Ojalá en los próximos días consigamos olvidar el “sapoconcho”, el aguacate, los san jacobos... que tantos corazones conquistaron entonces. Y ahí fue determinante anoche el papel de Roberto Leal: presentó con soltura, movilizó a la masa y evitó bostezos innecesarios. Todo lo que no dependió de él fue otra cosa distinta. Chapeau, de nuevo.

Y si por algo mereció la pena ver la gala fue por algo muy concreto: es curioso, pero por primera vez en la historia de este concurso, ya no se habla (tanto, al menos) de la icónica primera edición, en la que Rosa lideró el ranking y David Bisbal se alzó con el triunfo. Algo bueno debe haber hecho TVE. Eso sí: cuidado. Recordemos que OT 2 mantuvo el listón bien alto gracias a Manuel Carrasco, Vega, Miguel Nández, Nika o Beth, pero la prisa, la ambición y el ansia acabaron con el formato tan solo un año después. Puede haber buena materia prima, pero demasiado empalago puede acabar incluso con ella. Todo dependerá de si el arte se acaba imponiendo y toma el camino natural que le corresponde.

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