Irene Villa: «El perdón sería la mejor potencia mundial»

Participa en «El mayor regalo», el largometraje que se estrena hoy y con el que Cotelo muestra el arma para poner fin a cualquier conflicto.

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Madrid.

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08 de noviembre de 2018. 23:46h

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C.S. Macías Madrid. 8/11/2018

Historias reales de reconciliación, víctimas que perdonan y verdugos que piden perdón. «El mayor regalo», un largometraje de Juan Manuel Cotelo donde muestra el perdón como el arma capaz de poner fin a cualquier conflicto, llega hoy a los cines. Testimonios de Irene Villa (víctima de ETA), Shane O´Doherty (único terrorista del IRA que ha pedido perdón), Tim Guènard (campeón nacional de boxeo en Francia) y asesinos y víctimas del genocidio de Ruanda participan en esta cinta en la que han colaborado 1.200 personas de 35 países financiada por micromecenazgo y con distribución «a demanda».

–¿Por qué hay que ir a ver «El mayor regalo»?

–Porque va a convulsionar al mundo entero. Todos tenemos algo o alguien a quien perdonar. Y porque, como dijo el actor Santi Rodríguez, cuando la ves dices... ¿es que no hay nada imperdonable? Tenemos que ser más comprensivos primero con nosotros mismos, perdonarnos para luego poder perdonar a los demás.

–¿Perdonar es una acto egoísta o de generosidad?

–Yo creo que egoísta, porque el que perdona se libera y descansa. No me gusta la palabra egoísta, pero sí que hay un egoísmo positivo que trata de sanarte primero para poder sanar a los demás.

–¿El perdón cura?

–Creo que es lo único que te sana de todo. Mi hermana, por ejemplo ,dice: «Yo no perdono», y a mí padre le cuesta. El hecho de no perdonar hace que no estés sano del todo.

–Al igual que en el largometraje, ¿cuál fue su señal de humo para comenzar a hacerlo?

–Mi madre me dijo que había que empezar a mirar hacia delante y perdonarles porque no sabían lo que hacían. Ella me recordó mucho esos valores cristianos que Cotelo siempre saca. Jamás justificaré la violencia, pero saber qué es lo que le lleva a alguien a justificarla te hace perdonar porque dices: ha sido manipulado, es producto de una secta o qué tipo de porquería tiene que tener en el corazón para poner una bomba a alguien que no conoce.

–¿Se puede confundir perdón con impunidad?

–Por su puesto que no significan lo mismo, y no podemos permitir que se confunda. El perdón solo lo puede dar la persona a la que se le ha infringido el daño. La justicia tiene que hacer justicia, la impunidad no existe. En la película hay un caso de alguien que estuvo en la cárcel y fue ahí donde se dio cuenta del daño. La impunidad no puede compensarse con el perdón.

–¿Con ello se blanquea la historia de los verdugos?

– No se trata de blanquear sino de darle otra oportunidad a esa persona. Que no haga daño, que no sea una lacra social, pero previo pago de condena y cárcel. Yo estoy a favor de que no se derogue la prisión permanente revisable en casos extremos. Otra cosa es que le quiera perdonar para no estar sufriendo.

–¿Se puede perdonar a quien no se arrepiente?

–Yo les perdono por mí, pero no se merecen esa segunda oportunidad hasta que no se arrepientan.

–¿El perdón debería ser potencia mundial?

–La verdad que sí, sería la mejor potencia mundial. El perdón es vital y siempre hay alguien a quien perdonar. Es algo tan maravilloso y liberador que si encima se convierte en mundial nos ahorraríamos cosas como el terrorismo. Perdonar a quien tiene otra religión, a los que no creen como tú...

–¿Dónde pondría usted una embajada del perdón?

–En todos los países.

–¿A quién haría embajador?

–A Cotelo, que es a quien se le ha ocurrido esta gran idea.

–Dice el largometraje que «hay palabras envenenadas de destrucción masiva» ¿Dañan más las palabras o lo hechos?

– Las palabras. Son las ideologías extremistas, totalitarismos, todos los «-ismos»... Al final la intolerancia mata mucho más que una bomba. La bomba no destruye un sentimiento, pero la ideología contamina y destruye poco a poco.

–¿Proyectaría esta película en el Congreso? ¿Y a quién le daría «El mayor regalo»?

A todos. Se la regalaría a todos los políticos, diputados... tendrían tanto que aprender.

–¿Podría convivir con la persona que le puso la bomba?

–Esa parte de Ruanda me impresionó mucho. Yo les perdono, pero no les quiero en mi vida.

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