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Los malos del barrio son "Gigantes"

La segunda y última temporada de la serie de Enrique Urbizu sobre una familia de delincuentes que opera en El Rastro de Madrid y que se enfrentan entre sí se estrena mañana en Movistar+.

El actor y cómico Carlos Librado, «Nene», en una de las escenas de la serie
El actor y cómico Carlos Librado, «Nene», en una de las escenas de la serielarazon

La segunda y última temporada de la serie de Enrique Urbizu sobre una familia de delincuentes que opera en El Rastro de Madrid y que se enfrentan entre sí se estrena mañana en Movistar+.

Los Guerrero –los protagonistas de «Gigantes», cuya segunda y última temporada se estrena en Movistar+ mañana– solo conocen un lenguaje para relacionarse con los demás y entre sí: la violencia. Tienen inoculados los genes de la venganza y la ira que ejercen sin piedad en sus dominios: la Plaza de Cascorro, El Rastro y Lavapiés. La compraventa de muebles es la tapadera de unos negocios mucho más ambiciosos. Sin embargo, como precisa su director, Enrique Urbizu («No habrá paz para los malvados», 2011), «Están indefensos». ¿Seguro?, ¿con esa actitud de perdonavidas, que creen que tienen la potestad sobre quién tiene que seguir existiendo y el que debe morir? «Sí, porque solo tienen la opción de agredir y asesinar, son como corchos a merced de la tempestad», afirma Urbizu.

En esta ficción el sentimiento de fraternidad entre los Guerrero no existe. Clemente (Carlos Librado «Nene»), Daniel (Isak Férriz) y Tomás (Daniel Grao) compiten entre ellos por ser el gallo del corral. «En esencia es la historia de una familia marcada por la ausencia de la madre. Son tres bestias que están a la deriva», comenta el director. Uno de ellos, Tomás, por primera vez en su vida está acorralado y, como explica Grao, «no tiene nadie quien le haga el trabajo: ejecutar a sus enemigos. Así, por primera vez se mete en el fango y se llena las manos de sangre». La espiral de agresividad aumenta en proporciones geométricas pero, como dice el director, «la violencia está implícita en las tramas, la que es gratuita no me interesa para nada».

Y es que, en el fondo, y es lo que más le interesa a Urbizu, es rastrear a través del género negro, el pilar sobre el que se sustenta su filmografía, las esquirlas de una sociedad podrida por la corrupción económica y moral. «A los que están en lo más alto de la pirámide social les interesa que existan tipos como ellos en los barrios. No se dan cuenta, pero son unos títeres», apunta.

Un tono de leyenda

A pesar de que el argumento es sórdido, áspero y con un lenguaje narrativo muy austero, Urbizu no ha querido que esto se traduzca en imágenes. «No quería recurrir ni al naturalismo ni al realismo y desde el primer momento descarté sublimar a los delincuentes, pero sí buscaba que tuviese un tono de leyenda: calles vacías, hombres solitarios que caminan, una percepción sutil de un ambiente hostil y esas leyendas urbanas que impregnan el imaginario de un barrio», explica.

Tras «Las aventuras del capitán Alatriste», cuyo resultado no le dejó muy satisfecho, parece que con «Gigantes» Urbizu le ha cogido el gusto a la ficción televisiva ya que, «te permite desarrollar el argumento y dar más profundidad a los personajes». Pero, y pocos directores han hecho este ejercicio de lucidez, advierte de que no conviene recrearse innecesariamente «porque muchas series duran más de lo que deberían». Tampoco está dispuesto a asumir algunos códigos de la industria. «Niego la mayor de que una serie porque sea oscura, haya instantes de silencio, invite a la reflexión y su ritmo sea más lento no tenga cabida en el medio. Algunas cadenas piensan que los espectadores son idiotas, que prefieren la simplicidad y productos de fácil digestión y no es así, al menos no entre muchos espectadores».

Las mujeres toman la iniciativa

En esta segunda entrega, los personajes femeninos, sojuzgados por los varones de la serie, toman la iniciativa para recuperar a sus hijos y su espacio vital. Xenia Tostado, que se mete en la piel de Bárbara, comenta que «cada una se juega y se mueve en función de sus propios intereses. Con las herramientas de que disponen toman los caminos que necesitan para ser felices».